Artistas pintaron cisternas en San José del Boquerón

Artistas universitarios pertenecientes a las Universidades Nacionales de La Plata, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y la Universidad del Arte de Bs As pintaron unas 50 obras de arte en las tapas de las cisternas de Piruaj Bajo, en San José del Boquerón, Santiago del Estero.

En lugares como estos, el agua se vuelve un recurso tan fundamental como escaso, por lo que es necesario revalorizarlo. Con este fin, el proyecto “Pintura al agua», motorizado por el Colectivo Cultural Piruaj Chico; que ganó en 2018 el Concurso de Arte y Transformación Social del FNA, y convocó a artistas plásticos para pintar 50 cisternas de cosecha de agua de lluvia en Piruaj.

Las cisternas, que se ubican en un radio de 2 km, fueron construidas por las familias, que contaron con el apoyo de la parroquia San José de las Petacas, el acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y con financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social de Nación (mediante el programa ProHuerta).

¿Qué es una cisterna?

Una cisterna de placas es un reservorio de agua que se construye semienterrado, utilizando moldes para «cortar» las placas para facilitar la captación de agua de lluvia. Cada una permite almacenar 16.000 litros, con buena conservación, ya que cuenta con techo propio y, generalmente, un sistema de bombeo manual. La implementación masiva de cisternas de placas en regiones semiáridas de la Argentina da cuenta de la disminución de enfermedades en las poblaciones rurales, en especial de niños y niñas.

Además, las cisternas tienen bajo costo constructivo, en relación al costo del litro de agua almacenado, y requiere de una gran tecnología social en las fases de construcción y mantenimiento posterior, que involucra a toda la familia y, generalmente, a toda la comunidad.

Por qué se eligió el Paraje Piruaj Bajo

Los promotores del proyecto han elegido el lugar principalmente por la concentración de cisternas que encontramos, que responde a que esta localidad es uno de los lugares con un mayor índice de vulnerabilidad y pobreza de la zona y son muchas las dificultades para acceder al agua. Las personas tienen que caminar un kilómetro o más para conseguir agua para su consumo, que en muchos casos tienen alto contenidos de arsénico. Es agua de las napas freáticas.

La población de Piruaj tiene cerca de 100 familias y está transitando un proceso de autoreconocimiento como comunidad indígena, vinculada a las etnias lule y vilela.

Una de sus características es que las y los jóvenes eligen quedarse a vivir allí. Todos los años la escuela local aumenta su matrícula. Se trata de una población con mucha conciencia comunitaria y un fuerte vínculo con su territorio. Un territorio que está en conflicto porque una sociedad anónima de Buenos Aires compró títulos de sus territorios y se los está alambrando.

Fuente: Fondo Nacional de las Artes

Fotos: Parroquia San José de las Petacas

Somos Encuentros: Campaña de comunicación sobre la Migración Forzada

La Red de Oficinas Provinciales de Comunicación de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (RED de OPC) y el equipo de Hospitalidad de la Red Jesuita con Migrantes para América Latina y el Caribe (RJM-LAC), se han unido para gestar y lanzar una campaña de comunicación sobre la migración forzada en nuestro Continente bajo el nombre “Somos Encuentros”.

Los responsables de la campaña son: Natalia Salazar, Luis Gómez y Javier Cortegoso por parte de la RJM-LAC, y por parte de la RED de OPC: Enilda Ruiz, encargada de comunicación de la provincia de Centroamérica, Schirley Echenique, encargada de comunicación de la provincia de Venezuela, y Fernanda Falcone, coordinadora de la RED OPC y de la Oficina de Comunicación Institucional de la CPAL. Para llevar adelante el proyecto contamos con el apoyo de las oficinas de comunicación de todas las provincias y sus equipos de trabajo.

La campaña quiere ser un espacio de participación amplia, en la que los miembros de los equipos de comunicación de las provincias puedan aportar sus trabajos y suscitar otros esfuerzos que visibilicen las angustias y tristezas, las alegrías y las esperanzas de tantas personas que se ven forzadas a migrar entre países de nuestro Continente o hacia otros rumbos más allá de nuestras fronteras.

Los trabajos y aportes deben ser un canal para compartir historias de encuentro y de hospitalidad, que nos permitan ayudar a reconstruir la humanidad de aquellos que han sido vulnerados en su dignidad en medio de las tragedias del desplazamiento forzado, así como de aquellos con quienes entran en contacto.

“Creemos que la Migración Forzada es una realidad que nos cruza más allá de los países, provincias y obras; se trata de un drama de nuestra sociedad latinoamericana que nos interpela día a día y que nos llama a responder de manera compartida. Las obras, instituciones y personas que colaboramos en la Compañía de Jesús tenemos el desafío de articularnos y tejer juntos conversaciones y acciones en los diferentes procesos y ámbitos de nuestra misión”.

“Son más las cosas que nos unen que las que nos separan y sin importar en qué lugar de Latinoamérica y el Caribe nos encontremos, la movilidad humana y el encuentro humano hacen parte de nuestras vidas. Queremos contar historias que nos lleven a reconocer en nuestros propios ámbitos de actuación la manera en que estamos respondiendo a los retos de la migración forzada, a través de los protagonistas que viven y tejen esta realidad en cada Provincia.”

Quienes deseen sumarse a esta iniciativa pueden escribirnos a: oficina.comunicacion@cpalsj.org solicitando las pautas a seguir y las orientaciones correspondientes.

Fuente: Jesuitas Lationamérica

 

España – Comunidades de Hospitalidad

Las comunidades de hospitalidad son comunidades jesuitas en las cuales se comparte vida y proyecto con personas necesitadas.

En España existen comunidades que conviven con migrantes, refugiados y personas que salen de la prisión. A quienes huyen de la miseria y los conflictos se les facilita, además de una morada, un entorno para que den sus primeros pasos en nuestro país, aprendan la lengua y regularicen su situación; a quienes salen de prisión se les ofrece un hogar que los aleje de antiguas compañías, y se les ayuda a recuperar confianza y autonomía. Juntos, en la comunidad, se elabora un proyecto común en el que participamos y nos sentimos corresponsables tanto en el cuidado, como en las tareas comunes. En la mayor parte de casos la convivencia dura unos meses, hasta que las personas consiguen destrezas para salir adelante por sí mismos, evitando dependencias indeseadas.

 Esta nueva expresión de la opción preferencial por los pobres actualiza la experiencia de las comunidades de inserción que tras el Concilio Vaticano II llevó a muchos jesuitas, al igual que a otros religiosos, religiosas y a muchos curas obreros, a vivir en barriadas y favelas junto a los excluidos. En la Compañía de Jesús fueron principalmente las provincias europeas y latinoamericanas las que se lanzaron con mayor entusiasmo a esas experiencias.

El contexto ha cambiado respecto a aquellos tiempos de efervescencia social y eclesial. Los barrios en muchos países se han ido transformando, al igual que la vida vecinal. En nuestro país el fuerte éxodo del campo a la ciudad, ha sido relevado en las últimas décadas por la incorporación de comunidades migrantes a nuestros barrios. La Compañía de Jesús sigue comprometida en estos ámbitos de frontera, aunque con una tendencia a agruparse comunitariamente en núcleos más grandes e institucionalmente más estructurados, que les ha ido alejando de las periferias.

 En este contexto, las comunidades de hospitalidad quieren adaptarse a los nuevos tiempos, y ser espacio de acogida y encuentro, allí donde se los jesuitas nos sentimos llamados. En muchos de los contextos donde han ido surgiendo comunidades de hospitalidad se ha producido una vida renovada dentro de nuestra familia ignaciana. De hecho, este estilo de vida y cercanía son un referente para la misión de la Compañía de Jesús en sus contextos locales.

 En algunas ciudades, las comunidades de hospitalidad han generado un germen de acogida y hospitalidad que ha impregnado a familias, comunidades parroquiales, comunidades de vida cristiana (CVX), recursos de acogida en nuestras obras sociales (especialmente el SJM España), con otras compañeras y compañeros de camino, y también dentro de la vida religiosa. Hospitalidad.es ha impulsado una red de comunidades de hospitalidad que son fuente de esperanza e insuflan aire fresco en nuestros ritmos comunitarios.

 La CG34 señaló que las estructuras injustas del mundo solo pueden ser cambiadas a partir de un cambio más profundo en el corazón de las personas y las culturas en las que vivimos. ¿Cómo podemos convertirnos hoy en signo de anuncio del Evangelio y germen de esas transformaciones? Las comunidades de hospitalidad introducen, a partir del encuentro con el Señor, nuevos valores en su modo común de vida, contagiando a su alrededor la pasión por el Reino. Sin duda, las comunidades de hospitalidad son una de las propuestas que están abriendo nuevos caminos para la revitalización de nuestra vida en común.

 El Padre General Arturo Sosa SJ, en su carta Nuestra vida es misión, la misión es nuestra vida, recordaba que «acercarnos a los pobres y a su estilo de vida es una de las más exigentes dimensiones de la conversión a la que somos llamados». Es en definitiva una vuelta a las raíces: como decía Ignacio en una carta a los compañeros de Padua, «la amistad con los pobres nos hace amigos del rey eterno».

Fuente: jesuitas.es

38 Aniversario del Servicio Jesuita al Migrante

El Servicio Jesuita al Migrante (JRS) de Europa y el Servicio Jesuita al Migrante (JRS) Internacional celebran el 38 aniversario del Servicio Jesuita al Migrante.

Un año tras otro, los equipos del JRS de todo el mundo se reúnen, recuerdan, oran y renuevan su compromiso con ocasión del cumpleaños del P. Pedro Arrupe, antiguo Superior General de la Compañía y fundador del JRS.

En esta ocasión, el Centro Astalli, filial del JRS-Italia, ha organizado una rueda de prensa para presentar los resultados de un proyecto de investigación que lleva por título: Dimenticati ai confini d’Europa (Olvidados en las fronteras de Europa). Este estudio, realizado entre 2014 y 2016 en nueve países europeos, destaca la dificultad de acceso a la protección cuando los solicitantes de asilo llegan a las fronteras de un país europeo. El presidente del Centro Astalli, Camillo Ripamonti, SJ, admitió que el estudio estaba ya anticuado… porque, lamentablemente, el acceso a Europa es aún más difícil ahora que cuando se realizó el estudio. El testimonio de Momodou, un refugiado senegalés que huyó de la guerra en su región, fue particularmente fuerte, al dar un tono humano a los datos estadísticos y a las reflexiones de los expertos. El informe final de la investigación está a su disposición, en español, en la red.

El 14 de noviembre, aniversario del nacimiento del Padre Arrupe, el equipo del JRS-Internacional se reunió para celebrar la Eucaristía. En primer lugar, hizo una oración por todos los refugiados a cuyo servicio los equipos del JRS se consagran en todo el mundo. Hubo una acción de gracias por lo que esta obra de la Compañía ha podido hacer para acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos en el mundo. Fue una oportunidad para celebrar el lanzamiento del nuevo sitio web www.jrs.net.

En los últimos meses, el equipo ha trabajado duro para lanzar este sitio web. Es una herramienta que proporciona una variedad de maneras de presentar las historias de los refugiados, que atiende y acompaña la organización. Ayudará, sin duda, a resaltar el impacto del trabajo del JRS de una manera más creativa. Esperamos que permita a los usuarios encontrar la información que buscan sobre los servicios ofrecidos, sobre los países en los que está activo el JRS y sobre las formas de apoyar todo este trabajo. El sitio está actualmente disponible en inglés; las versiones en español y francés estarán disponibles a principios de 2019.

Fuente: jesuits.global

 

El Respeto a la Dignidad Humana está en Crisis

Compartimos el comunicado de la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica (RJM CA&NA) sobre la situación humanitaria de los migrantes.

El desplazamiento forzado de miles personas en nuestro continente requiere acciones urgentes y duraderas. Las personas que huyen de la miseria y la violencia siguen siendo criminalizadas, agredidas o asesinadas en las rutas. Quienes han sobrevivido a abusos de toda índole, no pueden mantenerse abriendo trechos al margen del respeto a sus derechos humanos.

A menos de dos meses del 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el momento oportuno para reflexionar sobre avances y retrocesos. No es cierto que los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, las migraciones forzadas dan evidencia inobjetable de ello.

En el último año hemos atestiguado el surgimiento de nuevas crisis y el recrudecimiento de otras en el contexto migratorio de las regiones de Centroamérica y de Norteamérica. En el trabajo que impulsamos obras sociales, comunidades de base, parroquias, universidades y centros de derechos humanos que formamos parte de la RJM CA&NA, nos preocupan significativamente cinco escenarios:

  1. La crisis humanitaria en la frontera de México con Estados Unidos que se ha agravado producto de políticas orientadas a restringir el acceso a la protección internacional, lo que viola las leyes estadounidenses y va en contra de la normativa internacional en materia de derechos humanos. Estados Unidos está obligando a los solicitantes de refugio, que llegan con la intención de entregarse a las autoridades correspondientes, a esperar del lado de México tiempos prolongados y en condiciones precarias. En Nogales, Sonora, familias de México y Centroamérica, muchas con niños pequeños, aguardan hasta un mes, sufriendo frío, hambre y enfermedades u otros tipos de vejaciones como acoso y abuso sexual, extorsiones y robos. En varios puntos de ingreso, autoridades mexicanas están colaborando para frenar la entrada de solicitantes de asilo, práctica que agudiza la crisis.
  2. La crisis de separación familiar. No sólo en la frontera con México, también a lo interno del país, el gobierno de Trump ha concretado una de sus más brutales acciones antiinmigrantes: la separación de familias. En esta administración, la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) está deteniendo y deportando cada día a más personas inmigrantes que viven dentro del país. En promedio, los que llegan a sus países de origen como deportados habían vivido al menos 20 años en Estados Unidos. La mitad de ellos no tenían ningún record criminal y fueron capturados mientras conducían, en redadas de lugares de trabajo o barrios. Pueden pasar meses en detención y la mayoría de estos casos terminan en deportación. Entre 2016 y 2017, el porcentaje de papás o mamás deportadas y separadas de sus familias aumentó en un 120%. En este año y sólo para el caso de Nogales, Sonora, cerca de mil personas sin sus hijos habían llegado como deportadas. Niños, niñas y adolescentes terminan viviendo en el país con un solo progenitor, con tíos o abuelos, o se tienen que mudar al país de origen con sus padres, cuando las condiciones del traslado son posibles, aún y cuando no conozcan nada del país de sus padres. Estas políticas no solo atentan contra los valores humanos, sino que generan traumas y supone una flagrante violación a los derechos constitucionales de las personas menores de edad.
  3. La crisis sociopolítica en Nicaragua que ha generado la salida de varias decenas de miles de nicaragüenses –en su gran mayoría jóvenes- que sobrevivieron a amenazas, asesinatos de familiares, persecuciones, torturas y detenciones arbitrarias por participar en las diferentes movilizaciones en contra de la política represiva y autoritaria del actual gobierno. Este desplazamiento forzado es la única opción para proteger sus vidas frente a un Estado –que como afirman organismos internacionales- ha cometido graves y sistemáticas violaciones de Derechos Humanos. Las necesidades de protección internacional de nicaragüenses, sólo en Costa Rica, han impactado de manera significativa el trabajo humanitario en el país vecino. Han generado un colapso institucional que limita la capacidad de una respuesta adecuada para procesos de regularización y otros servicios. Costa Rica es un país de 5 millones de habitantes, que para el año 2017 registró un total de poco más de 6 mil solicitudes de refugio, por lo que ha supuesto un desafío importante, atender las 20 mil nuevas solicitudes de refugio que han presentado personas nicaragüenses en los últimos 4 meses.
  4. La crisis cotidiana de subsistencia de hombres y mujeres centroamericanas, derivada de la imposición de sistemas políticos autoritarios y modelos económicos excluyentes obligan a las personas a huir de sus países para tener una vida digna y a veces para salvaguardar la vida. Sólo en 2017 se han registrado 298,387 personas centroamericanas refugiadas o solicitantes de refugio. Un doloroso ejemplo de esta realidad es la actual Caravana conformada por más de 2000 mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes, personas de la diversidad sexual y personas de la tercera edad procedentes de Honduras, quienes han tomado sus pocas pertenencias en mano y huyen de su país hacia una ruta larga y peligrosa.
  5. La crisis de violencias en México como país de tránsito y destino que impacta de manera directa en las personas migrantes centroamericanas y a la población mexicana de retorno al país. México ya es un país de destino, en la mayoría de las ocasiones forzado. Preocupa que entre 2013 y 2017 incrementaron 1026% las solicitudes de refugio y hay una falta de capacidad institucional para responder, ya que hasta 2017 había un rezago de casi el 60% de las solicitudes. Las crisis que se viven en la región son las mismas que están desplazando a miles de personas dentro el país. Se generan violencias que ponen en mayor vulnerabilidad a migrantes forzados: según lo informa la Red de Documentación de las Organización defensoras de Migrantes (REDODEM), los migrantes en tránsito sufren violencias por parte de agentes privados y del estado; continúa una política de detención y deportación como control migratorio que es violatorio a las necesidades de protección internacional, tan solo hasta agosto de 2018 se han detenido a 86431 personas y deportado al 83%. Todo es una muestra de hostilidad con que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha respondido y sigue respondiendo, un ejemplo claro es la respuesta de militarización de la frontera, que están dando las autoridades mexicanas frente a la caravana de migrantes que ya está en Guatemala.

¡Nuestra humanidad está en crisis! Estos y otros dramas que afectan tan profundamente a nuestros países, son consecuencia de problemas estructurales propios de la imposición de modelos económicos neoliberales y políticas de seguridad con enfoque militarizado para toda la región.

  • Como Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica trabajamos de manera decidida para dar respuesta a estas crisis y sus causas, y por ese motivo nos sentimos en el derecho también de demandar y reafirmar compromisos:

  • Exigimos el cambio de enfoque de seguridad nacional que criminaliza la migración por uno que priorice la seguridad humana y la garantía del respeto y promoción de los derechos de todas las personas migrantes.

  • Reclamamos a nuestros gobiernos que cumplan con su obligación de proteger y garantizar los derechos humanos, y de implementar los tratados de derechos humanos internacionales.

Exhortamos a todos los Estados de la región, en particular a los países de la región Norte de Centroamérica, así como a México y a Estados Unidos a que garanticen la protección y seguridad personal de las personas que integran la Caravana procedente de Honduras. Que en todas sus actuaciones, cumplan con sus obligaciones de respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de las personas que se encuentran en una situación de movilidad humana, reconociendo el derecho a migrar, a solicitar asilo y recibir protección internacional, así como a la seguridad e integridad personal, basando siempre su actuar en un plano de igualdad y no discriminación, sin importar la situación migratoria de las personas ni ninguna otra situación de vulnerabilidad.

Como RJM CA&NA nos comprometemos a seguir defendiendo los derechos y la dignidad de la población migrante forzada, a través del acompañamiento directo social y pastoral, la incidencia y la investigación para la transformación social.

Creemos firmemente en la articulación con otros movimientos para buscar alternativas a los modelos sociales y políticos que acaban con la vida.

Celebramos los múltiples esfuerzos de resistencia y transformación que nos contagian las personas que han sobrevivido a experiencias de desplazamiento forzado.

Y hacemos eco de las palabras de San Óscar Arnulfo Romero: “Es triste tener que dejar la patria, porque en la patria no hay un orden justo…”

Hoy más que nunca, el mensaje inspirador de San Romero, es el que nos da la fuerza necesaria para que sea la justicia nuestra única bandera y el respeto a la dignidad, la más grande aspiración compartida, esa que nos permita hacer florecer la vida en esta casa común que habitamos.

17 de octubre 2018. San Salvador.

Reunidas delegaciones de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá que forman parte de la RJM-CANA

Fuente: CPAL Social

 

Foro Latinoamericano de Voluntariado Universitario

Del 3 al 5 de Octubre pasados se llevó a cabo en la Univesidad Javeriana de Bogotá el Foro Latinoamericano de Voluntariado Universitario. El objetivo del mismo es establecer un diálogo entre las Universidades y el voluntariado en América Latina, dado que este último ha ido en aumento de manera considerable en la región, sobre todo entre la población universitaria.

Idea-Motor

En los últimos diez años el fenómeno del voluntariado ha crecido en gran magnitud, incorporándose en América latina como un sistema de cooperación de alta incidencia en el desarrollo social de la región. “El voluntariado es hoy un desencadenante de círculos virtuosos en valores éticos, educación ciudadana, conductas de asociatividad. Es un constructor de capital social” (Kliksberg, 2007)

En muchas universidades latinoamericanas el voluntariado sigue siendo visto como un espacio aislado, que no dialoga con el quehacer universitario y sus funciones sustantivas. De cara a este panorama, es importante generar una visión sobre el voluntariado universitario, siendo fundamental debatir sobre las diferentes concepciones que surjen, y desde ahí, presentar nuevos horizontes y perspectivas hacia los cuales puede y debe apuntar el voluntariado en las universidades de esta región del mundo.

En razón a ello, surge la inciativa en la Universidad Javeriana, a través de la Vicerrectoría del Medio Universitario y el Centro Pastoral San Francisco Javier, de acompañar el desarrollo de la concepción de voluntariado con reflexiones académicas que abran la posibilidad de hacerlo un campo de estudio y espacio de reflexión crítica y producción de conocimiento.

Ejes Temáticos

  1. El papel del voluntariado en la generación, difusión y apropiación social del conocimiento que se gesta en las Universidades
  2. Incidencia social del voluntariado universitario: análisis de su compromiso transformador
  3. Formación de los voluntarios: Cualificación para la lectura de la realidad social y la acción voluntaria
  4. Acompañamiento del voluntario en la experiencia de encuentro consigo mismo, con el otro y con el mundo

Quiénes Participaron

  • Directivos, gestores, profesionales que lideran la acción voluntaria en las diferentes Universidades Latinoamericanas.
  • Voluntarios de las Universidades interesados en reflexionar sobre el tema y compartir su experiencia
  • Académicos que han abordado como campo de estudio el Voluntariado

Fuente: Universidad Javeriana de Bogotá

 

Un lugar para los que se quedaron sin lugar – Venezolanos en Regina

Desde hace algunos meses la comunidad jesuita de Regina Martyrum, en el barrio Congreso,  decidió abrir un espacio para recibir a los migrantes venezolanos que llegaban a la ciudad de Buenos Aires buscando una nueva oportunidad para ellos y para sus familias. En busca de un nuevo hogar algunos escapan -literalmente- del régimen político; otros, agobiados también por el clima social, la situación de la economía y la falta de estabilidad, van tras la paz que anhelan para sus hijos. El novicio jesuita Marcos Maguna, que estuvo colaborando en esta comunidad, nos cuenta sobre esta iniciativa.

El viaje que los trajo hasta Buenos Aires, sea por aire juntando sus ahorros, recurriendo a amigos, vendiendo sus cosas; sea por tierra, haciendo mil transbordos, viajando muchos días, pasando por distintos países, significó experiencias muy diversas para todos. Hasta tuvieron que elegir qué cosas de su historia cargar consigo, cuánto de su vida conservar en una valija que no pagara sobrepeso. No sólo kilómetros tuvieron que atravesar hasta llegar.

La primera dificultad: la vivienda

“En Buenos Aires, el tema de vivienda es un poco difícil” –cuentan entre sí los miembros del grupo. Un poco por el costo, un poco por la zona que más oportunidades les brinde para ubicarse, moverse. Y sobre todo, porque un alquiler cien por ciento legal es casi imposible por las exigencias: recibo de sueldo, depósito, garante… – “alguien que viene de afuera no se lo puede costear a los inicios ¿cómo va a tener un recibo de sueldo alguien si va llegando recién?” –se preguntan.

Quien tiene suerte, puede conseguir un monoambiente amoblado, otros se sienten afortunados alquilando una habitación en un apartamento, ya que cuenta con lo necesario para las primeras semanas. “Nos compartimos mucha información para que así, los que vayan llegando no pasen la desesperación que otros sufrimos –confiesa una madre que reside aquí con su familia- sobre todo por la angustia de no saber dónde ir y tener que optar por alquileres temporarios que son más caros”

Un cambio radical de vida

La suerte, una vez instalados, suele ser dispar. Los empleos –habitualmente temporarios- son más inestables, informales –“en negro”- y no siempre fáciles de encontrar. “Parece que depende más de recomendaciones y de tener amigos que de capacidad y de las ganas de trabajar” –se lamenta una madre sola con su pequeño niño. Por otro lado, la escolarización de su hijo no presentó inconvenientes “gracias a que había venido con documentación y todo en regla”.

“Aunque sea es mediodía –no de escolaridad completa-, pero algo se complica porque en nuestro caso precisamos de dos trabajos como para cubrir nuestras necesidades”.

Si toca limpiar casas, se limpian casas

David y su esposa, aunque con títulos universitarios –en proceso de validación- sienten que, a pesar de las dificultades iniciales, podrán encontrar alternativas y oportunidades. Así como ellos, para la mayoría la opción de los empleos temporarios en casas de familia es la que han podido encontrar para defenderse mientras tanto.

El reto que sienten más importante, mientras se resuelven los papeles, es el de ir cumpliendo sus sueños paso a paso “Ya el hecho de ver que pudimos comprar una sartencita y unos cuchillos y unos tenedores es como decir: “mira, ya tenemos unos bienes, ya compramos algo que es de los dos”. Ya eso es una bendición para nosotros”- afirma  la esposa de David.

Un anhelo de esperanza

En el espacio que se les ofrece, de lunes a viernes, en Regina pueden usar internet para armar su currículum y buscar empleo, al igual quelas redes sociales para estar conectados con sus seres queridos. También se los recibe los domingos. Son ellos los que ya llevan el grupo porque están muy bien organizados. Hay distintas comisiones que se encargan de armar una cena para compartir comidas típicas. Lo principal es el compartir entre ellos.

La comunidad jesuita se ha organizado para proveerles en muchos casos de ropa de abrigo. Ellos llegan de un clima muy cálido y a los que les ha tocado el invierno argentino la han pasado un poco mal. Así que la comunidad les ha provisto también de esto: frazadas, buzos, zapatos, zapatillas. Gracias a Dios, la generosidad de la comunidad de Regina, de los laicos, ha estado muy presente. Han estado muy atentos y colaborado muchísimo.

Lo que sorprende es que ellos también se han integrado rápidamente a la comunidad, tanto al participar en las celebraciones eucarísticas como para celebrar sus propias fiestas. Nos acompaña en el salón en el que compartimos una imagen de Nuestra Señora de Coromoto, que es patrona de Venezuela. Se han incorporado a la vida más cotidiana de la Iglesia y colaboran en algunos servicios sociales, en actividades en favor del Hogar de San José. Están atentos.

La comunidad venezolana se sostiene a sí misma gracias a los testimonios. Los que ya están instalados le dan fuerza a los que recién llegan. En un grupo de Whatsapp mandan distintas entrevistas de trabajo que consiguen y que a lo mejor a esa persona no le sirve, pero piensa en los otros, y eso es también un gesto muy lindo.

 

¿Una «app» Para los Derechos Sociales?

“Por supuesto, que todos somos consumidores. Pero también todos somos trabajadores. Eso complejiza la situación porque, en ocasiones, las reformas que benefician a los (algunos) consumidores, perjudican a los (algunos) trabajadores.”

Por Luis Fernando Medina Sierra

Todos somos consumidores. Esta ha sido la consigna para vender todas las reformas liberalizadoras de los últimos treinta años, ya sea la reducción de aranceles, la desregulación de las hipotecas inmobiliarias, la privatización de las infraestructuras públicas, o tantas otras. La idea es que mientras más operen los mecanismos de mercado, más valor pueden generar y, en condiciones de libre competencia, los productores no pueden apropiarse de este valor sino que tienen que pasárselo a los consumidores en forma de bienes y servicios mejores y más baratos.

Por supuesto, que todos somos consumidores. Pero también todos somos trabajadores. Eso complejiza la situación porque, en ocasiones, las reformas que benefician a los (algunos) consumidores, perjudican a los (algunos) trabajadores. Mientras más presión competitiva se aplique sobre las empresas, reducirán estas los derechos laborales tales como la negociación colectiva, la cobertura de riesgos y pensiones, etc. Así pues, las mismas políticas que nos permiten acceder a artículos importados de calidad, a buen internet, a marcas lujosas, pueden ser las mismas que debilitan nuestra seguridad social, nuestro acceso a vacaciones remuneradas o a la estabilidad laboral.

Pero, ¿y si ahora resultara que no somos trabajadores sino empresarios? ¿Qué tal si todos fuéramos nuestros propios jefes, decidiendo a qué horas trabajamos, dónde y cuándo nos tomamos vacaciones? ¿No sería esa la manera de tener el mejor de todos los mundos posibles, es decir, de beneficiarnos como consumidores y, simultáneamente, como empresarios?

Esa es la visión que nos proponen los defensores más entusiastas de las nuevas plataformas digitales. Es decir, de servicios como Uber, AirBnB?, Deliveroo, entre otros. Estas plataformas permiten utilizar la tecnología de internet para conectar de manera instantánea la demanda por un servicio con su oferta. Así, en lugar de tener choferes de taxi dando vueltas por la ciudad (o haciendo huelgas) podríamos tener unos cuantos conductores esporádicos que se ofrecen a llevar a alguien cuando lo necesite. En lugar de tener unos pocos hoteles concentrados en algunas zonas, podríamos alojar turistas en prácticamente cualquier parte de la ciudad en cualquier momento. Todos ganaríamos como consumidores. Y no tendríamos jefes. La utopía.

En la práctica, las cosas no son tan sencillas. Primero, las plataformas digitales no son simples facilitadoras de transacciones. Por lo menos, no siempre. Aunque algunas sí. Por ejemplo, Blablacar se limita a poner en contacto viajeros ocasionales con gente que va con su propio vehículo en la misma dirección. Pero muchas otras plataformas juegan un papel determinante en decidir qué servicio se presta y bajo qué condiciones. Un repartidor de Deliveroo no es simplemente un ciclista que decidió entregar algunas comidas mientras hace ejercicio. Por el contrario, tiene que repartir pedidos de comida en una hora, un lugar y bajo condiciones específicas. Así que cuando algunos se refieren a las plataformas digitales como parte de una nueva «economía colaborativa» se está abusando del lenguaje.

Dejando de lado este equívoco, ¿son verdaderamente «empresarios» estos trabajadores? Las plataformas digitales han dicho repetidas veces que no, que son contratistas. Es decir, que la relación entre, por ejemplo, un repartidor y Deliveroo, es la misma que la puede existir entre la pizzería a la que va dicho repartidor y la litografía que le vende las cajas de cartón. El repartidor es, por tanto, un empresario, el dueño de una empresa cuyo único empleado es él y cuyo único capital es la bicicleta.

Muchos trabajadores se han unido a estas plataformas con esa misma idea. Les atrae la posibilidad de trabajar bajo sus propias condiciones. Y, a decir verdad, en muchos casos están satisfechos con los resultados. Pero esta autonomía individual tiene un costo. Así como se ganan derechos individuales, se pierden derechos colectivos. Al fin y al cabo, la pizzería no es responsable por las vacaciones del litógrafo, ni por su seguro médico, ni por ahorrar para su pensión. Del mismo modo, Deliveroo no tiene por qué responder si este «contratista» tiene un daño en su bicicleta o se ve envuelto en un accidente.

Ese es el problema de estas utopías que tratan a todos como miembros de una misma categoría universal. Todos somos consumidores, sí. Pero algunos consumimos más artículos importados de lujo y tenemos más ahorros para nuestra vejez que otros. Todos podríamos ser empresarios en una plataforma digital, sí. Pero algunos ofreceríamos servicios altamente calificados (como contaduría o diseño de páginas web o traducciones) y por tanto podríamos negociar buenos términos de salario con nuestros clientes, mientras que otros son mano de obra fácilmente reemplazable y, por tanto, no pueden como «empresarios» recuperar las garantías que han perdido como trabajadores.

Como ocurre con todas las nuevas tecnologías, las plataformas digitales vinieron para quedarse. No hay ninguna duda de que pueden facilitar mucho la vida diaria, reducir costos de operación e incluso, como dice Cabify, ofrecer alternativas de movilidad que reduzcan la contaminación en la medida en que la gente deje de utilizar su vehículo particular. Por tanto, la pregunta que hay que hacerse ahora es cómo adaptarnos a ellas.

Históricamente, el Estado del Bienestar se había articulado en torno al trabajo. Como los trabajadores tenían más capacidad de acción colectiva que muchos otros segmentos de la sociedad, fueron ellos (y a veces, enfrentándose a muchos más obstáculos, ellas) quienes lucharon para obtener salarios dignos, vacaciones, derecho al ocio y a la jubilación. Por eso, no hay muchos ejemplos en el mundo capitalista moderno de derechos sociales que sean absolutamente universales sin estar para nada ligados al trabajo. El servicio de salud británico (y sus semejantes) es tal vez la excepción más famosa. Pero no hay muchas más. Los sistemas de salud en Europa, inclusive los públicos, suelen estar financiados por impuestos a la nómina (como en Francia) o ser gestionados por juntas de empresas y trabajadores (como en Alemania). Las pensiones, aunque tienen un componente universal, suelen estar atadas a la historia salarial del jubilado.

El modelo contractual de las plataformas digitales pone todo este sistema en cuestión. Si todos somos empresarios, nadie tiene derechos laborales. Pero entonces, la única forma de garantizar los derechos que hasta ahora hemos dado por sentados (el derecho a la salud, al tiempo libre, a la seguridad social, a la jubilación) tendrán que venir de otra fuente y tendrán que ser financiados de otra manera.

En principio, la solución es fácil: reemplazar los componentes contributivos de nuestro actual Estado del Bienestar por componentes universales. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Existen propuestas en tal sentido. Por ejemplo, la idea de una renta básica universal, de la cual se habla cada vez más, apunta en esa dirección. Se trataría, en ese caso, de crear un sistema en el que todo individuo recibiría transferencias de ingreso que podría utilizar para garantizar sus propios derechos (por ejemplo, protección frente a riesgos laborales, jubilación) independientemente de si está trabajando como empleado o no. Análogamente, podría pensarse en replicar el modelo de salud británico, rompiendo los lazos entre cobertura médica y empleo. O mecanismos como «créditos de atención a la infancia» para madres trabajadoras que no tengan un empleador que les dé acceso a guarderías.

Todas estas y muchas otras ideas se han venido planteando. Pero, por supuesto, no se implementarán de un momento a otro. El problema es que los tiempos de la política y los de la tecnología casi nunca coinciden. Un país puede tomarse años o incluso décadas, en reorganizar su sistema de salud. Sirva como ejemplo los más de cuarenta años que han pasado desde que en Estados Unidos se propuso por primera vez la cobertura de salud para todos sus ciudadanos. Aún hoy es el único país industrializado que carece de ella. Sin embargo, la generación de nuevas plataformas y aplicaciones, no se detiene. La revolución informática ha ido a un ritmo mucho más rápido que cualquiera de las revoluciones productivas anteriores. Las dislocaciones sociales que la tecnología puede crear ocurrirán a un ritmo mucho más rápido que el que nuestros sistemas políticos pueden absorber.

Tenemos, eso sí, una gran ventaja a nuestro favor: ya estamos advertidos.

Fuente: CPAL Social

 

Mes de la Solidaridad en Chile: ¿Y hoy qué hacemos?

Agosto ya está consagrado como el mes en honor al santo chileno, San Alberto Hurtado.

Múltiples son las actividades que se han venido desarrollando, entre ellas una especial campaña a través de redes sociales que invita a reflexionar sobre los contundentes y visionarios mensajes que el sacerdote jesuita dijo hace más de 50 años y que siguen 100% vigentes. Además de la publicación de un libro inédito.

“Qué haría Cristo en mi lugar es la pregunta cuando la desigualdad e inequidad social sigan marginando y arrinconando a los pobres a las cárceles, mientras que los que estafan y se coluden a manos llenas no van a cárcel, con el Padre Hurtado me pregunto y los invito a que nos preguntemos: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?”, dijo la hermana Nelly León, capellana de la cárcel de mujeres de San Joaquín (Chile), en la ceremonia de inicio del Mes de la Solidaridad que se realizó en una Catedral de Santiago atiborrada de jóvenes, trabajadores, voluntarios y fieles.

¿Qué haría Cristo en mi lugar? Fue la pregunta central y que siguieron respondiendo otros representantes de la sociedad civil, como el padre José Yuraszeck, capellán del Hogar de Cristo, Benito Baranda de América Solidaria, miembros de la Pastoral de la Diversidad Sexual de la CVX, del comedor San Antonio de Padua de la Iglesia San Francisco de Alameda, entre otros. Y todo armonizado por el canto del reconocido músico y padre jesuita Cristóbal Fones.

Siguiendo con la reflexión y en un nuevo Mes de la Solidaridad, el pasado 7 de agosto se publicó el libro “Lo que dijo el Padre Hurtado”, una recopilación de sus mensajes más destacados en sus libros, recortes de prensa y discursos. La presentación fue realizada en el museo del Santuario del Padre Hurtado y contó con la participación del ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, el abogado y empresario, José Said, y la periodista Matilde Burgos.

En el libro se pueden leer frases como: “Nada más deprimente que el espectáculo de nuestra cárcel pública… Es un verdadero campo de concentración. En celdas estrechas, húmedas, malolientes, vegetan aprendiendo nuevos vicios”. Y hoy, ¿qué hacemos?

Precisamente, el Hogar de Cristo junto con otras entidades jesuitas desarrollan durante agosto una campaña a través de redes sociales que tendrá como nombre y hashtag #LodijoelPadreHurtado ¿Y hoy qué hacemos? El objetivo es resurgir el mensaje del santo chileno, cuyas palabras de hace más de 50 años, hoy resuenan y son completamente atingentes.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

 

‘La Ruta’ Guía para Migrantes Venezolanos

El Servicio Jesuita al Refugiado (SJR) ha publicado una guía para migrantes venezolanos.

‘La Ruta’ es un mapa diseñado para viajeras y viajeros venezolanos. En él se encuentran datos que facilitan el tránsito y la planeación de los trayectos que decidan tomar.

Datos como el costo de los transportes y los tiempos de viaje, los trámites y documentos necesarios en los puntos de migración, además del tiempo de espera y el costo de comidas, son parte de la información que se encuentra, diferenciada y señalizada por colores, lugares y estrategias de movilidad.

Adicional a lo anterior, se da una guía para el paso, establecimiento y regularización de los venezolanos y venezolanas migrantes en América Latina, exponiendo los requisitos necesarios en cada país para llevar a cabo el proceso de manera legal.

Para acceder a ‘La Ruta’