Silencio

Por Jesús Andrés Vela SJ

Día tras día, en medio de las horas de trabajo, tomo personalmente un tiempo para el silencio. Todos y todas podemos tomar este rato al comenzar la mañana o al caer de la tarde para encontrarnos en una hondura que no conoce fondo; donde se acallan las angustias de salud, el estrés del trabajo, las urgencias de la razón, la rabia de la política, el dolor abrumador de la injusticia, las demandas del hogar y la terquedad de las pasiones. Allí encuentran serenidad la verdad innegable de nuestra fragilidad y la perplejidad de nuestras noches del alma; y allí es posible sentir el renacer sorpresivo de la esperanza.

En la crisis espiritual de Colombia, que tan crudamente ha puesto en evidencia nuestros límites, este alto en el silencio nos permitirá encontrarnos.

Alfonso Llano Escobar, mi compañero jesuita, llamó a este momento ‘Un alto en el camino’, y a ello invitaba en su columna en este periódico, leída por miles de personas.

La experiencia buscada, reiterada cada día de este alto de silencio, nos permite unirnos en un abrazo sin condiciones con el fondo más radical de todos los demás. Gandhi dedicaba todos los días una hora a esta vivencia de la hondura sin límites, para llenarse de compasión cordial hacia quienes lo perseguían y de sabiduría serena ante quienes lo atacaban.

Para los creyentes, que tenemos la gracia de la fe, la práctica de este silencio nos permite estar a la escucha del misterio de amor que nos constituye, gratuitamente, en la persona que somos en medio de la historia y de la inmensidad del universo. Misterio de amor que nos vincula con todos los seres del mundo y con todas las mujeres y los hombres, en un desafío a nuestra libertad para reconocernos, respetarnos y apoyarnos; para impulsarnos al amor serio de unos a otros sin consideraciones de clase social, nacionalidad o credo religioso.

Confieso que no me es fácil, al referirme a este amor, utilizar la palabra ‘Dios’, porque ha sido muchas veces vaciada de significado y manipulada. Y, sin embargo, los creyentes experimentamos en lo profundo del silencio el acontecimiento del misterio impredecible, densamente presente y absolutamente distinto de nosotros mismos, que nos acepta y nos afirma, nos mueve al bien, a la justicia y a la paz, nos hace plenos y nos desborda; y al que San Agustín llamaba intimior intimo meo, lo más íntimo de mi propia intimidad.

Por eso, ante las dificultades de la vida, ante las preguntas sin respuesta y ante la magnitud de las luchas que enfrentamos, solemos decir entre nosotros que “la salida es hacia adentro”.

Jesús pasaba las noches en este silencio en la montaña, para abandonarse a la intimidad trascendente del misterio en él mismo, y vivir la identificación de su ser con el amor eficaz, libre, audaz, que se manifestaba en todas sus acciones; y llamaba a sus discípulos a dejar que en el silencio aconteciera en ellos este Espíritu que les inspiraría lo que tenían que decir y obrar en medio de las incertidumbres, las contradicciones y las persecuciones.

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En las encrucijadas del conflicto armado, que nos han distanciado y oscurecido, esta experiencia del silencio, a la que todos y todas podemos acceder, nos permitiría compartir una misma profundidad común entre víctimas, militares, guerrilleros, paramilitares y políticos, luchadores sociales y académicos, periodistas, afros, campesinos e indígenas, jóvenes o adultos. Allí nos espera la sinceridad radical, donde emergen las claridades innegables y donde es imposible excluir a nadie.

En la crisis espiritual de Colombia, que tan crudamente ha puesto en evidencia nuestros límites, este alto en el silencio nos permitirá encontrarnos, desnudos de ideologías, de poder y de justificaciones, desprovistos de armas y de odios, para experimentar el destino común que compartimos como seres humanos y entender por qué la vida se nos dio aquí y ahora, para una tarea que solo podemos realizar nosotros, distintos, inevitablemente juntos.

Jesuitas Colombia

Reflexión del Evangelio, Domingo 25 de octubre

Por Rafael Stratta SJ

El evangelio de este domingo presenta una escena muy viva y llena de movimiento. Creo que la contemplación de un pasaje como estos puede despertar los sentidos en muchas formas y direcciones diferentes y sugerentes. Pero en este momento, me quiero centrar en una de las actitudes del ciego que me despierta curiosidad: ¿por qué sólo grita desde el costado del camino cuando hubiera podido levantarse antes para llegar a Jesús? Y la palabra que me sale como respuesta es la Iglesia, la comunidad. Creo que la sanación del ciego de hoy es un milagro de Jesús que se da en la Iglesia, por la Iglesia y a pesar de la Iglesia.

Empecemos de atrás para adelante: digo que el ciego se cura a pesar de la Iglesia porque en su búsqueda de ser reconocido y escuchado por Jesús, todo su entorno –su comunidad- no hace más que callarlo. Dice el evangelio que lo “reprendían”, probablemente para no molestar al Maestro. Pero por suerte nuestro Bartimeo era un inconformista y no se queda en el molde, grita más fuerte a pesar de que todos le chisten shhhh… Y sí, hay realidades que como Iglesia preferimos no mirar, o nos cuesta asumir porque nos molestan, nos desencajan, no terminamos de entenderlas y nos cuesta reaccionar: los más más pobres frente a nuestro estilo de vida cómodo, los profetas políticos y sociales a quienes tildamos enseguida de zurdos o gorilas sin filtrar lo que hay de razón en su mensaje, los divorciados, los homosexuales… y la lista es larga.

Pero el evangelio no se queda ahí, en el a pesar de, porque gracias a los gritos de Bartimeo y el pedido de Jesús –“llámenlo”- la comunidad reacciona y la curación se da por la Iglesia. El ciego no se levanta sino hasta que otros lo animan y le dicen que el Maestro lo llama. Imagino que entre toda la multitud se habrá armado una especie de pasillo de gente expectante que le da lugar al ciego para que pueda acercarse a Jesús, de quien tanto esperaba. Y se da el milagro: por la Iglesia el ciego puede escuchar la pregunta del Maestro y expresar su deseo –“que yo pueda ver”. Como comunidad, como Iglesia, no podemos descuidar nuestra conexión con Jesús y el evangelio, él va señalando esas realidades que no queremos escuchar y nos mueve a que tengamos la misma compasión que él muestra, a que se nos muevan las tripas y nos pongamos en acción. Esta es la verdadera dimensión mística de la Iglesia: contacto con Jesús para conmovernos con él y como él y ponernos en acción.

Y finalmente decimos que el milagro de curación se da en la Iglesia. Lo que lo salva al ciego no es una magia espectacular al estilo David Copperfield, sino que lo cura nada más ni nada menos que su propia fe. Pero es una fe genuina: fe que no se puede callar, fe que es generada, alimentada y provocada por Jesús con su pregunta, y fe que tiene que haber sido transmitida por alguien. Si los otros, la comunidad, la Iglesia no le hubieran contado sobre este tal Jesús, Bartimeo hubiera seguido sumergido en su tiniebla, ni se hubiera enterado. Pero había escuchado sobre él, en la Iglesia nos vamos enterando de esta gracia que es el Dios hecho hombre. Y la vida del ciego-sanado sigue en la Iglesia: apenas vio, dice el texto, “lo siguió por el camino”. En la Iglesia, en la comunidad está el camino de seguimiento a Jesús, otros nos van acercando a él, nos van mostrando modos de atender las realidades más marginadas, de encarnar el evangelio, de compadecernos y tener misericordia. Miremos alrededor y descubramos cuántos sanados por misericordia van siguiendo a Jesús en el camino. Y miremos cómo Jesús nos ha sanado a nosotros mismos y qué hemos hecho con este regalo de misericordia.

A raíz de todo esto, me gustaría mencionar dos hechos de Iglesia que marcan este fin de semana: el viernes 23 se cumplieron diez años de la canonización de San Alberto Hurtado. Ciertamente es un apóstol que ha servido en la Iglesia, por la Iglesia y a pesar de la Iglesia. Ha sabido prestar no sólo su oído sino también su vida por las realidades menos deseadas de su ciudad (los más pobres) y nos señaló a muchísimos otros y otras dónde está la gente que grita para acercarse a Jesús porque quieren ser sanados desde lo profundo de su corazón. Él es una gran ayuda para entender este evangelio, porque no siempre tuvo todo clarísimo y también tuvo que ser sanado de su ceguera.

El segundo evento de este fin de semana es la finalización del Sínodo de la Familia. Una reunión como esta se suscita desde las cuestiones abiertas y muchas veces heridas de nuestro mundo, en este caso, de la familia. Aquí hay una buena intención para que pidamos como comunidad y como Iglesia: no ser sordos a los que gritan al costado del camino y, como familia, conmovernos y acercarlos a Jesús para que él nos enseñe cómo tratarlos, cómo caminar junto a ellos en la Iglesia, cómo aprender a ser discípulos sirviéndonos unos a otros.

Que Dios nos de la gracia de ver y de ser Iglesia y comunidad que lo siga por el camino.

 

Reflexión del Evangelio, Domingo 18 de Octubre

Por Julio Villavicencio SJ

El Evangelio de este domingo es bastante claro. Vemos, a rasgos generales al grupo de los discípulos enfrentados entre sí por las aspiraciones de poder. Cuán importante soy, cuánto me reconocen, cuánto éxito puedo llegar a tener, todo esto reflejado en ese pedido de dos de sus discípulos: “Maestro…, concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda (…) Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos” (Mc 10, 37.41). Tanto tiempo compartiendo con Jesús, y cómo nos cuesta entender su mensaje, así como les pasó a los apóstoles. Jesús escucha esto y el Evangelio dice “Jesús los llamó”. Esta parte me recuerda las veces que peleábamos con mi hermano cuando éramos niños y de repente mamá o papá nos llamaban. Eso era un reto seguro, cuando no, una penitencia. Sin embargo Jesús sigue apostando a sus amigos y aprovecha ese momento para seguir enseñando, entonces “Jesús los llamó y les dijo (…) el que quiera ser grande, que se haga servidor entre ustedes, y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” (Mc 10, 43-44).

Mientras luchamos y peleamos muchas veces por ser considerado grande, que la gente me considere exitoso, reconocimiento y tanta chachara exitista de este discurso mercantilista, la vida se nos está escurriendo de las manos, se nos escapa y ya no volverá. Es ahí dónde el Evangelio nos llega como “palabras de vida eterna”.

Ante estas actitudes, Jesús nos llama y nos dice: “Entre ustedes no debe ser así”, ser grande es ser servidor, dar la vida por otro. Es que esto encierra una verdad fundamental, la vida se gasta queramos o no. Nuestra vida esta para ser entregada, gastada y no hay nada que hacer. Llega un momento en que esta se acaba y la pregunta es ¿en qué gastaste tu vida? ¿En que estas poniendo tu vida en servicio? ¿En qué estás dando tu vida? Preguntas fundamentales que no siempre nos hacemos. Y lo que propone Jesús es servir. Da tu vida para rescatar, para sanar, para que el Reino tenga lugar aquí y ahora. Cada vez que alguien experimenta la misericordia, el amor, el consuelo, cada vez que rescatamos aunque sea con una sonrisa, estamos haciendo lugar al Reino aquí y ahora. Por eso “el que quiera ser el primero, que se haga servidor”.

Ahora, cómo hacemos para que este servicio no se convierta en algo meramente voluntarista, en algo que en vez de ayudar me haga un soberbio, o un deber ser, al cual si pudiera huiría sino fuera por la culpa que me persigue. Creo que el secreto está en mamá. Eso significa que el servicio amigos, nace del amor. Cuando uno se deja tocar por la necesidad del otro, le hace lugar en su corazón y siente dolor por el dolor del otro, surge necesariamente hacer algo para que esa situación cambie. Nace el servicio genuino, el que es por y para el otro. La experiencia de amor busca rescatar al que sufre, y cuando estamos experimentando esto, aquel al que intento servir, me está rescatando a mí. Está haciendo que mi vida tenga sentido mas allá de mí. Este domingo 18, es el día de la madre en Argentina, y si hablamos de servicio genuino que nace del amor, basta que miremos el hermoso oficio de ser mamá, como decía una canción. Ese oficio que nace del amor y se expresa en el servicio, en el cuidado, en la contención. Y hablo de oficio, porque más allá de que sea algo biológico, hay muchas personas que ejercen el oficio aunque no hayan llevado ese hijo en le vientre. Se trata de un amor que hace presente al Reino y en el cual aprendemos a hacer Reino. Valga esta reflexión para dar un gran saludo a todas esas mujeres que tienen el oficio de madre, gracias por enseñarnos a amar. Hasta luego y que tengan un lindo domingo.

¿Qué nos deja Laudato Si’?, Una mirada desde la teología pública

Por Gustavo Monzón SJ

En esta encíclica del Papa Francisco sobre ecología, nos encontramos una invitación a ampliar horizontes. En ese sentido, en un contexto de crisis planetaria tal como el que vivimos, la palabra del Papa es un llamado de atención para poder reflexionar acerca de nuestro lugar en el mundo y cómo administrar los dones que el Señor nos ha regalado.

Este documento nos recuerda el desafío al cual nos invitaba Benedicto XVI en su discurso en la Universidad de Ratisbona, en septiembre de 2006. El Papa afirmaba que la razón es ampliada por la fe cristiana en sus posibilidades, mediante la búsqueda de la verdad. Para que se genere esta “ampliación” debe ser capaz de abrirse a los interrogantes más profundos de la experiencia humana, pues una razón que no se abre a las cuestiones de la ética, del destino humano y de las últimas preguntas, se está suicidando. Toda propuesta, para ser merecedora de atención al hombre que piensa, debe ofrecerle un conocimiento de la realidad, una ética con criterios para vivir en la bondad y en la verdad, una propuesta de salvación última [1].

Estas reflexiones nos abren a la denominada teología pública. Esta corriente o escuela teológica, es la versión estadounidense de la teología política europea que surge después de la Segunda Guerra Mundial. En ese sentido, se considera a la teología no limitada a una serie de afirmaciones sobre las propias creencias judeo-cristianas, entendidas como un todo cerrado, como si no tuvieran ninguna relación con la experiencia humana, sino a comprenderlas en cuanto a una relación con el conjunto de la realidad objeto de experiencia humana [2].

De esta forma, se parte desde el hecho de que en las sociedades plurales tal como las que vivimos el papel de la religión es generar ideas que ayuden a constituir un horizonte común de valores cívicos compartidos por todos los ciudadanos [3].

Por tanto, leeremos esta encíclica desde una triple perspectiva. En primer lugar, como un análisis de la crisis del paradigma de civilización, en segundo lugar, considerando los aportes que realiza al Magisterio Social, y, por último, como una ampliación de horizontes tal como lo mencionábamos anteriormente.

Crisis del paradigma civilizatorio

Es en este contexto de crisis de la racionalidad científica y técnica [4](LS, 19) -que lleva al cuestionamiento profundo de un modelo de desarrollo-, y a la incertidumbre sobre el futuro que el Papa Francisco nos presenta la Encíclica Laudato Si’, Sobre el cuidado de la casa común. En estas líneas, el Pontífice se hace consciente del deterioro del mundo y la pérdida de la calidad de vida (LS,18) que lleva a considerar a la tierra como un depósito de porquería (LS,21) fruto de la cultura del descarte (LS,22).El problema ecológico presenta un reto a la teología, en cuanto el considerar a la realidad como Creación puede aportar un sentido último de responsabilidad y un llamado de atención sobre el cuidado de la misma, entendiendo al hombre como una criatura del mundo con derecho a vivir en dignidad y felicidad (LS, 43).

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Este aporte de la reflexión teológica ayuda a detenerse y a reflexionar acerca de nuestro lugar en el mundo. Para lo cual, en la encíclica nos encontramos con el concepto de “ecología integral” (LS, 59).

Al analizar la raíz humana de la crisis ecológica (LS, 101) realiza una crítica del paradigma tecnocrático dominante, además de mostrar que el poderío tecnológico pone al hombre en una encrucijada ante la Creación (LS, 102-103).

Con este análisis pone en el tapete que el ser humano no tiene una capacidad de ejercer el poder con autonomía propia (LS, 105).

Asimismo, coloca como otro de los males del momento al relativismo práctico (LS, 122), por el cual el hombre se ubica como única fuente de criterio, no respetando el don de lo creado por Dios (LS, 123).

Al analizar la raíz humana de la crisis ecológica, Francisco realiza una crítica del paradigma tecnocrático dominante, además de mostrar que el poderío tecnológico pone al hombre en una encrucijada ante la Creación.

Ante la complejidad de la crisis socio ambiental (LS, 139), Francisco propone una ecología integral (LS, 137) en donde el valor inalienable de cada ser humano se da sin importar su nivel de desarrollo (LS, 137).

Es en este punto del Magisterio Social (LS, 15), en el cual se incorpora esta encíclica, en donde las propuestas teológicas pueden ser integradas como «saberes» en los respectivos sectores de la experiencia humana y social. Saberes que colaboren con un debate serio y honesto (LS, 61).

Aportes al Magisterio Social de la Iglesia

Esta encíclica se inserta en la línea de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en la que se afirma que “las enseñanzas de la Iglesia sobre situaciones contingentes están sujetas a mayores o nuevos desarrollos y pueden ser objeto de discusión, pero no podemos evitar ser concretos —sin pretender entrar en detalles— para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie [5]”. De esa manera, tal como nos los recuerda Francisco, “hace falta sacar sus consecuencias prácticas para que puedan incidir eficazmente también en las complejas situaciones actuales. Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos” [6].

¿De qué manera nos amplía los horizontes?

Antropológicos

En primer lugar, ante el individualismo metodológico que predomina como forma de entender al hombre, Francisco considera al humano como un ser capaz de diálogo con otros (LS, 81), de ser libre siendo capaz de limitar a la técnica y colocarla al servicio del mismo hombre (LS, 112-113).

Ante una razón incapaz de encontrar horizontes últimos, manifiesta que todo está conectado (LS, 120), y, teniendo esta certeza, supera al cartesianismo moderno (LS, 115,116) y pasa a colocar al hombre en relación con su entorno.

Con respecto a la crisis de un paradigma científico técnico heredero del positivismo, Laudato Si’ nos invita a ver al hombre como capaz de abrirse al encuentro de otros modos de pensar, en los que el aporte sapiencial de las diversas tradiciones religiosas contribuyen con un significado específico al debate. En ese sentido, ante el triunfo de la indiferencia religiosa y la privatización de la religión, afirma que el pensamiento judeo-cristiano coloca un compromiso y responsabilidad ante la Creación (LS, 78), y un aire a la fragmentación de saberes que no reconocen horizontes éticos de referencia al perder el sentido de la totalidad (LS, 110).

Con respecto a la crisis de un paradigma científico técnico heredero del positivismo, Laudato Si’ nos invita a ver al hombre como capaz de abrirse al encuentro de otros modos de pensar, en los que el aporte sapiencial de las diversas tradiciones religiosas contribuyen con un significado específico al debate.

Noción de Creación

De esta manera, el aporte de los principios del cristianismo a la razón secular puede ayudar al cuidado del medioambiente. En ese sentido, la idea de Creación, don originario que conlleva una responsabilidad, nos invita a ver a la naturaleza no como una fuente de recursos, sino con una finalidad determinada, que es Dios mismo (LS,80,83). A su vez, la tierra es la herencia común. Es un derecho universal, y este destino de los bienes es el primer principio ético de organización social (LS, 93).

Gobernanza global

Ante la complejidad del asunto, la sugerencia papal pasa por un desarrollo de una ecología económica como capacidad de ampliar la realidad productiva (LS, 141). En ese sentido, frente el desencanto o indiferencia ante el fenómeno de lo político, se nos invita a los cristianos a que colaboremos en la salud institucional en los países, ya que un civismo para el desarrollo de la solidaridad y el respeto de la ley es necesario para que se dé un sano desarrollo de la vida social (LS, 142). De esta forma, nos recuerda el papel de la sana política en la doble capacidad de reformar las instituciones y propiciar grandes fines (LS, 181) además de ser capaz de construir diálogos y acuerdos básicos (LS, 177).

Por último, ante el relativismo moral que conduce a la ley de la selva o a una dictadura del relativismo, este esfuerzo expresado en la encíclica nos interpela y ayuda a reconocer un criterio de objetividad moral, que le permita al hombre ser capaz de seguir una ley existente en el interior de su corazón que debe saber respetar (LS,155), ya que de oír este llamado interior va a entender al mundo, no como un espacio de consumo, sino como un proyecto en común (LS,164).

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Conclusiones y perspectivas

Esta encíclica puede ser leída desde un paradigma teológico como la teología pública. Esta lectura implica que se considere a las proposiciones fundamentales del cristianismo como públicas y capaces de construir valores comunes de cara al cuidado de nuestra casa común. En esa línea, se inserta en una comprensión de la teología como capaz de transformar la esfera pública en sociedades pluralistas y secularizadas, aportando símbolos y discursos religiosos que inspiren o fortalezcan los imaginarios sociales de cara a los problemas contemporáneos. Pues, “sólo si el cristianismo interviene en la construcción de una sociedad mundial, podrá hacer valer en ella y para ella su propio ideal de solidaridad sin odio ni violencia. Pero el amor al enemigo, la resistencia al odio y la violencia no dispensan al cristianismo de la lucha para que todos los hombres sean sujetos. De lo contrario, faltaría su misión de ser: la esperanza en el Dios de vivos y muertos que llama a todos los hombres a ser sujetos en su presencia” [7].

[1] BENEDICTO XVI, Fe, razón y universidad. Recuerdo y reflexiones. Discurso en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006, 7.

[2] D. HOLLENBACH, Common Good and Social Ethics, Cambridge University Press, 2002, 22.

[3] Ibid, 100.

[4] Laudato Sii, 19. En adelante, citaremos la referencia del documento papal al lado de la idea que manifiesta de la siguiente manera: (LS, n°).

[5] Evangelii Gaudium, 182

[6] Op. Cit., 183

[7] JOHAN BAPTIST METZ, La fe en la historia y en la sociedad, Ed. Cristiandad, 244

Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús y de Ávila, fue una mujer con una excepcional personalidad que sin recursos llevó a cabo la difícil empresa de la reforma de la Orden del Carmelo. Fue una mujer del siglo XVI que debatió con los sabios de la Iglesia y con la sociedad que la rodeaba y que alcanzó sus logros. Fundó 17 conventos en España, regidos por su forma de entender la vida espiritual, y produjo una ingente obra literaria que la convirtió en figura destacada entre los escritores del Siglo de Oro. Fue ella quien inició el movimiento de los llamados místicos en Europa y más tarde se convirtió en la patrona de todos los escritores en lengua española y en Doctora de la Iglesia.

Fue una mujer del Renacimiento, de lucha y de letras: andariega, decidida , solidaria, alegre, trabajadora, tenaz, constante, inteligente, humilde, creativa, carismática, soñadora, despierta, involucrada, luchadora, culta, curiosa, líder, cercana, estratega, científica, imparable, evocadora, sencilla, comprometida, en un palabra: Memorable.

Obra

La obra escrita de Santa Teresa de Jesús es una obra viva, vigente actualmente pese al tiempo que lleva escrita. Sus escritos mantienen la frescura de los textos recién trazados.

Lectora apasionada desde su infancia, no resulta sencillo datar el comienzo de su labor literaria, en su adolescencia se estrenó como escritora de una novelita de caballerías. Teresa es un buen ejemplo de escritora autodidacta, las lecturas que le sirvieron de apoyo cuando quiso relatar sus primeras experiencias íntimas y místicas. Teresa gozó del arte de expresar debidamente lo que se quiere relatar, quedó bien demostrado en su plenitud como escritora desde los 45 a los 67 años. Antes de morir escribió sus últimas páginas llenas de frescura y estilo juvenil (capítulo 31 del Libro de las Fundaciones)

Escritora de gran variedad de géneros y niveles comenzó deslumbrando a sus confesores que alimentaron su pluma. Teresa escribió mucho, pero ninguno de sus libros apareció publicado en vida de la santa. Se hicieron copias pero únicamente para el uso de las carmelitas. Ramón Menéndez Pidal destacó que por humildad, Teresa se esforzaba por escribir lo más sencillamente posible, escribía como hablaba, escribía deprisa y rara vez se releía.

La autobiografía: Vida de Santa Teresa de Jesús

Es el texto más famoso de la Santa y responde a la petición de sus confesores como ella señala en el prólogo: “Esta relación que mis confesores me mandan”. Un libro que escribirá dos veces, ya que sus confesores le dictan ampliar el primer relato. El Camino de perfección nace como un manual de espiritualidad para uso de las religiosas, sus confesores consideraron que la Vida no podía ser leída por todo el mundo. Esta obra juzgaba lo esencial para comprender el espíritu de su reforma aunque en vida de Santa Teresa fue juzgada como con comentarios burlones y malévolos.

El camino de Perfección

Santa Teresa empezó a redactarlo en 1564 y su finalidad era ofrecer un manual para vivir la vida de sus religiosas del carmelo de San José de Ávila. Ella llamó a la obra “el librillo” y lo consideraba de fundamental importancia para todas aquellas que querían acercarse al modo de vida conventual. Muy pronto hubo numerosas copias no fieles a la de la obra original, algo que molestó a Santa Teresa que finalmente decidió que se imprimiera tras una revisión final que se imprimiría en 1579. Cuando aparece el texto nuevamente ha sido retocado, quizá por el censor y se suceden ediciones hasta que Luis de León publica una de la más cercanas a la original en 1588.

Las Moradas del alma

El título exacto es Moradas del castillo interior y es resultado de una nueva petición que realiza su confesor, el padre Jerónimo Gracián, para que vuelva a escribir su biografía que en esos momentos pasaba el tribunal de la Inquisición.

La obra concentra consejos sobe la vida mística, tal y como Santa Teresa se había aproximado a ella. Es una lectura que ella concibió para los teólogos y los directores espirituales.

Relaciones y mercedes. Exclamaciones

Esta obra se compone de prosas que son oraciones dirigidas a Jesús. Su lectura era tan atractiva que pronto son editadas por Luis de León, publicadas en Madrid y más tarde en Nápoles.

Las Fundaciones

Santa Teresa no llegó a poner título a esta obra si bien llega a nuestros días con el nombre de Libro original de las fundaciones de su reformación que hizo en España la gloriosa virgen Santa Teresa de Jesús, escrito de su mano. En el año 1610 es publicado en Bruselas.

La redacción se hizo durante diferentes espacios de tiempo, empezando por la Fundación del Carmelo de San José en Ávila que ya narra en la Vida y después la fundación de Malagón; en 1574 ya había redactado los primero nueve capítulos y tres años más tarde retoma el trabajo hasta que en 1579 redacta la Fundación de Caravaca y se da por entendido que es la última.

Añadiría unos últimos capítulos redactados en Burgos en 1582, unos meses antes de morir.

El texto manuscrito se conserva en la Biblioteca del Escorial por mandato también de Felipe II.

Concepto del Amor de Dios, Meditaciones sobre los Cantares (Descarga)

Es un comentario a unos versículos del libro bíblico El Cantar de los Cantares que dio mucho que hablar en la época pues el propio Fray Luis de León había sido apresado y juzgado por la traducción de esta obra. Santa Teresa va desglosando las diferentes partes estableciendo un diálogo de tú a tú con el texto. Afortunadamente, el texto fue conservado y publicado en Bruselas el año 1611.

Tratado de visitar los conventos de religiosas

Este texto viene a ser una descripción sobre la forma en la que se deben visitar los conventos fundados por ella. Se publicó en 1613 en Madrid y está destinado a ser una obra de difusión dentro de los conventos, fundamental en la formación de las religiosas.

Correspondencia

Actualmente se conservan cuatrocientas setenta cartas, completas y fragmentadas de cartas de Teresa. La primera carta es del año 1561 y la última de 1582.

No se conserva el total en tanto que la mayor parte de los investigadores concluyen que debió haber escrito al menos quince mil cartas sin contar las que pudo haber escrito antes de 1561.

Poesías

Son una treintena de composiciones poéticas con poemas, villancicos, obras en honor de algunos santos (San Andrés, San Hilarión, Santa Catalina de Alejandría) o también de carácter familiar.

No hay que olvidar que a pesar de la cantidad de tiempo que dedicó a las Fundaciones y a la propia reforma de la Orden, ella siempre fue una mujer alegre y vivaz que gustaba de los cantos durante los tiempos de recreo.

En un principio, este tipo de composiciones no recibieron interés por parte de la sociedad y los estudiosos de la época. Así, fue en el siglo XIX cuando comenzaron a hacerse estudios sobre la obra lírica de la Santa.

 

 

Evangelio Domingo 11 de Octubre

Por Alfredo Acevedo SJ

En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía ya en camino, se le acercó corriendo un hombre y arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» El, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.» Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.

Marcos 10, 17-30

Al parecer, la cuestión que está de fondo en todo este relato de Marcos es la vida Eterna, o la Salvación. La pregunta que le hace el hombre a Jesús es por la herencia de la vida eterna; el comentario que hacen los discípulos es sobre los que “podrán salvarse”; la promesa final que hace Jesús también es “vida eterna”.

Tal vez, hoy ya no nos preguntamos por la vida eterna o la salvación futura, pero sí tenemos cuestionamientos en torno a la felicidad, la vida plena, la vivencia digna de lo que la vida nos da vivir, etc. San Ignacio también habla de esto en el Principio y Fundamento de los EE EE: El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma. Es que la cuestión de la salvación es algo que nos atraviesa y que, creo yo, está presente en nosotros mucho más de lo que creemos. Así, preguntarse por la salvación, cuestión no poco trascendental, es preguntarse por el propio principio y fundamento, es preguntarse sobre cómo estoy viviendo mi vida, la única que tengo.

El hombre del relato le presenta a Jesús cómo estaba viviendo su Principio y Fundamento: cumplía los mandamientos, los había estudiado, era un hombre de práctica religiosa. Podríamos decir que era un primer nivel en el modo de vivir. No estaba mal, pero el hombre quería más. Parecía no estar conforme con lo que estaba haciendo, y por eso busca a Jesús. Jesús, al ver que el hombre estaba viviendo ese nivel de vida, le propone otros dos. Le propone ir más profundo: la relación con las cosas. Vender todo lo que tenía y dárselo a los pobres. Con eso, tendría garantizado un tesoro en el cielo, lo cual no era poco. Pero hay una cosa más: el seguimiento. “Luego, ven y sígueme”, le dice Jesús. Y ya sabemos cuál fue la respuesta del hombre.

La libertad interior parece ser un requisito indispensable para seguir a Jesús. De hecho, es lo que le dice Pedro, que ellos lo han dejado todo y lo siguieron.

Este texto del hombre que se pregunta por la salvación, tiene toda la vigencia también hoy. ¿O no es cierto que nos preocupamos por el bienestar, por buscar la felicidad, por ser hombres y mujeres plenos? Palabras más, palabras menos, parece ser la misma cuestión.

Jesús, en ningún momento dice que no hay que tener bienes o que no sirve cumplir con los mandamientos. Lo que dice es que hay que ser libre, y para nosotros, los ignacianos, la libertad no es el desprendimiento de las cosas por el desprendimiento mismo, sino el orden. Saber ubicar las cosas en su lugar es lo que permite a las personas ser libres. Porque no se trata de no tener cosas (bienes materiales, amistades, profesión, títulos, relaciones afectivas, etc.), sino de saber que esas cosas son para un fin. Se trata, justamente, de tener cosas y no de que las cosas nos tengan a uno.

Dice Javier Melloni que la pobreza es el signo más lindo de la plenitud y la libertad. La necesidad de posesión es, por el contrario, el signo de incompletud, y por eso es que se necesita tener cosas para, muchas veces, llenar vacíos.

Jesús nos invita a ser hombres y mujeres libres. Libres para ser coherentes con nuestras búsquedas, con nuestro Principio y Fundamento, con lo que en verdad queremos ser. Porque, en la vida no se trata sólo de cumplir leyes o preceptos, sino de seguir aquella voz que grita desde lo profundo, queriéndonos hacer cada día más humanos. En el fondo, se trata de seguir a ese Cristo Interior que también hoy nos sigue interpelando y nos dice “ven y sígueme”.

 

‘Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra’ – Puntos para orar

Agustín Rivarola SJ, desde Mendoza, en Argentina, propone una serie de  puntos para orar a partir de la lectura de Lucas 10,17-24; en su espacio para Magis Radio.

“Hoy vamos a contemplar este precioso evangelio sobre uno de los frutos más lindos del trabajo misionero: La Alegría. Todos somos, de alguna manera, transmisores de una buena noticia.”

Reflexión del Evangelio, domingo 4 de octubre

Por Emmanuel Sicre Sj

Evangelio según San Marcos 10, 2-16.

Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?”. 

Él les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?”.

Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”. Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, “Dios los hizo varón y mujer”. “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne”. De manera que ya no son dos, “sino una sola carne”. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquélla; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”.

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

¿Qué hacer con el divorcio? Y ¿cómo considerar a los niños?

La liturgia nos regala dos momentos de la vida de Jesús muy importantes para la comunidad cristiana del primer siglo, cuando se redactaba el Evangelio de Marcos, el primero de todos: ¿Qué hacer con el divorcio? Y ¿cómo considerar a los niños? Ambas cuestiones nos llegan a nosotros hoy donde al parecer aún seguimos buscando cómo enfrentarnos al fracaso en el amor de los esposos y al trato de los niños. El tema es muy serio.

Hoy 5 de octubre comienza en la Iglesia católica un sínodo sobre la Familia que aborda justamente estos temas, entre otros. Veamos algunas actitudes de fondo.

Los fariseos: ellos quieren poner a prueba a Jesús frente a un tema escabroso. En verdad pareciera que la respuesta nos les interesa, sino que tienen la intención de hacer caer a Jesús para tener otra razón para acusarlo. La pregunta que ellos plantean ya está respondida en la Ley. Pero Jesús va más allá de la Ley y los pone en contacto con el origen del amor de la familia humana. Los conecta con el ideal de la creación: De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pero Jesús no es torpe y sabe que entre el ideal y la realidad hay que trabajar mucho. Por eso vuelve a responder a la pregunta de los discípulos cuando llegan a casa. En esto anda la Iglesia en el año de la Misericordia y del sínodo de la Familia.

¿Cómo y qué le preguntamos hoy a Jesús nosotros sus discípulos sobre estas cuestiones difíciles? ¿Acaso nos interesa de corazón saber qué piensa Jesús sobre la realidad de hoy? ¿O tenemos miedo a que nos responda algo que no nos guste? ¿Qué diría Jesús ante la realidad tan dura de los matrimonios que fracasan en su intento? ¿Los condenaría? ¿No será que nos pide al emprender un proyecto de vida que nos conectemos con el origen, en vez de con la Ley? Por eso el Papa Francisco ha dicho que con cuatro charlitas prematrimoniales para un sacramento que dura toda la vida, hay algo que no funciona. Se necesita algo que sea mucho más profundo, más auténtico, más originario en la preparación, que las flores, la iglesia y el cura. Por eso cuando no hubo algo más hondo y honesto desde el principio de la pareja, cuando venció uno sobre el otro y no fueron “una sola carne”, sino una idea bonita pero desencarnada de lo que a cada uno realmente le toca para entregarse al otro, la cuestión no funciona, y en este sentido es que algunas veces se habla de nulidad matrimonial (y no de divorcio católico, cosa que no existe porque nunca hubo matrimonio).

Los discípulos, en el segundo momento, apartan a los niños de Jesús quizá reproduciendo la actitud de la época que no valoraba los niños, (y de hecho muchas veces si sobraban los mataban). Jesús una vez más nos revela cuál es la actitud de Dios para “los que son como ellos”: los más débiles y frágiles de la sociedad son los que reciben la Buena Noticia del Reino. ¿Qué hacer? Tomar la actitud de Dios: acoger a los pequeños y ser como ellos de corazón. Cuidándolos, respetándolos, siéndoles sinceros para que cuando crezcan no se venguen de una familia humana que los maltrata.

Creo que hoy Jesús nos pide unas actitudes hondas: amor, honestidad y cuidado mutuo. No podremos acceder a ellas por nuestra propia voluntad. Es un regalo que se recibe en el diálogo con Jesús desde la realidad que a cada uno le toca. ¿Dejaremos pasar esta oportunidad de disponernos a escuchar lo que tiene para decirnos en nuestra propia conciencia y en la de la comunidad?

 

Reflexión del Evangelio, Domingo 27/09

Por Matías Yunes SJ

Las lecturas de hoy son duras e incisivas. Y muchas veces le esquivamos a la dureza del Evangelio. Intentamos matizarla con interpretaciones más dulzonas, pero la crudeza de las palabras siguen ahí, calando hondo. Sin duda, estamos en un tiempo particular. Es tiempo de dejar de lado nuestros planes y escuchar a los profetas. El Papa durante su visita a Cuba sintió este llamado en su reunión con los religiosos de la Isla. Ante el testimonio de dos consagrados que hablaron de sus experiencias de pobreza, dejó a un lado su discurso preparado y reflexionó espontáneamente sobre las palabras que acababa de escuchar. Estamos en tiempos donde el Espíritu sopla donde quiere y donde la acción de Dios supera las barreras de nuestros ámbitos conocidos. ¿Cuántos de nosotros, durante esta semana, no hemos quedado sorprendidos por la acción de Dios a través de los gestos del Papa en su recorrido histórico por Cuba y EEUU?. Cuántas barreras se salta el Espíritu cuando lo dejamos soplar y no lo “encorsetamos” donde nos parece más cómodo escucharlo.

Las palabras de Jesús en el Evangelio son un reflejo de las de Moisés a los sabios del pueblo del AT. “El que no está contra nosotros está con nosotros”. Aquí no hay camisetas que valgan ni bandos delimitados. No era común la acción profética en tiempos del éxodo, pero Moisés se da cuenta que Dios quiere transmitir su espíritu a otros para que le ayuden con su misión. “Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor”. Ojalá todos podamos abrirnos a la acción vivificadora del Espíritu que es novedad constante en nuestras rutinarias y acomodadas vidas.

Hablando de profetas, Santiago no tiene pelos en la lengua. Una segunda lectura difícil de digerir. El lujo y el placer de los ricos es la fuente de sus desgracias. La autosuficiencia es la condena que cada uno puede sentenciarse a sí mismo. Ya lo decía también el Papa en estos días: “en el mundo no hay lugar para la pobreza (…) El espíritu mundano no la conoce, no la quiere, la esconde, no por pudor, sino por desprecio, y si tiene que pecar y ofender a Dios para que no le llegue la pobreza lo hace. El espíritu del mundo no ama el camino del Hijo de Dios que se vació a sí mismo, se hizo pobre, se hizo nada, se humilló para ser uno de nosotros”.

Y Jesús nos amonesta con la misma dureza. Si por sólo mirarnos a nosotros mismos somos escándalo para los pequeños nuestra vida no tiene mucho sentido. Los pequeños son los pobres, los indefensos, las víctimas de la injusticia, el hermano que pide mi ayuda. Por lo tanto, si nuestra mano no es ocasión para que la estrechemos hacia otros y los sirvamos con justicia, mejor será cortarla. Porque, aunque sea de nuestras posesiones más preciadas y únicas, no nos servirá retenerlas para nosotros egoístamente. Si nuestros ojos no saben reconocer las dolencias que sufren nuestros hermanos o nunca han visto la necesidad del que grita a nuestro lado, arranquémoslos. Porque habrán perdido la capacidad de sorpresa ante una realidad que necesita de nuestra compasión.

Podríamos matizar nuestro mensaje sabiendo, sin duda, que la invitación de las palabras de Jesús no son a provocarnos un daño físico a nosotros mismos, pero ¿no sería más doloroso que nuestra automutilación la experiencia de una vida vacía y sinsentido por no dejarnos interpelar por los otros y reconocer en la historia la acción de Dios que nos pide una respuesta?

Francisco de Borja y Teresa de Jesús: memoria de un encuentro crucial

El 28 de octubre de 1510, nacía en Gandía, Francisco de Borja, una de las personalidades más llamativas y populares de su tiempo. Valgan estos datos de su ascendencia para ilustrar su relevancia social, aunque fuera por vía ilegítima: su padre era nieto del papa Alejandro VI, y su madre, nieta de Fernando el Católico.

El 1 de mayo de 1539 fallecía la emperatriz Isabel. Acompañando el cadáver desde Toledo hasta Granada, después de 18 días de viaje, como caballerizo mayor suyo, le correspondía abrir el ataúd para identificar el cadáver. La tradición cuenta que, profundamente impactado, exclamó “¡No serviré nunca más a un señor que se pueda morir!”.

Tras la muerte de su esposa Leonor de Castro, en 1546, hizo Ejercicios Espirituales y decidió entrar en la naciente Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola, desde Roma, lo aceptó, pero le pidió secreto. Borja debía primero dejar establecidos a sus hijos y doctorarse en la futura Universidad de Gandía, la primera de la Compañía. El papa Paulo III lo autorizó a hacer su profesión como jesuita “secreto”, y así lo hizo el 1 de febrero de 1548.

En varias ocasiones visitó Francisco de Borja la ciudad de Ávila. La primera de la que tenemos noticia fue en 1531, cuando él era solo un joven de veintiún años, como mayordomo y caballerizo de la emperatriz Isabel, que acudía a pasar el verano a la ciudad de los Caballeros. El futuro Felipe II, que tenía solo cuatro años, mudaría sus ropas infantiles por el traje de hombre en esos días.

Una segunda visita tuvo lugar más de veinte años después. Desvinculado ya de sus obligaciones en la Corte y ordenado sacerdote en mayo de 1551, acude de nuevo a Ávila en 1554, a fin de establecer un Colegio de la Compañía en esa ciudad. Afirma Doris Moreno:

«Para la Compañía en España, tan contestada y bajo sospecha, la admisión de un grande de España entre sus filas era, al mismo tiempo, «síntoma» de «nobleza» de la orden acogedora y baluarte frente a los ataques. El arzobispo Silíceo afirmaba en 1554 que la Compañía paseaba por España a Francisco de Borja como cabeza de lobo. Según Covarrubias en su Tesoro, la expresión se refiere a la «ocasión que uno toma para aprovecharse, como el que mata a un lobo, que llevando la cabeza por los lugares de la comarca le dan todos algo, cada uno como puede, en gratificación del bien que ha hecho en matar un animal dañino y pernicioso». Así era: la Compañía hizo de Francisco de Borja su estandarte en España aprovechando su posición y prestigio, ahora revestido de santidad.

Bustamante, amigo y secretario de Borja, escribía a Ignacio de Loyola relatando así su llegada a la ciudad de Ávila, el 23 de mayo de 1554, víspera de la fiesta del Corpus Christi

«Toda aquella ciudad, así el clero como el pueblo y los caballeros, se alegraron mucho con la venida de su Reverencia, la cual estaban esperando días había».

Pero no es esta la ocasión en que Teresa y Borja se entrevistan, aunque algunos biógrafos han querido ver en esta visita ese primer encuentro. La santa narra en el Libro de la Vida que, al comienzo de establecerse los jesuitas en Ávila, en 1554, ella los admiraba pero no se atrevía a tratar con ellos:

«Ya tenía noticia de algunos, porque habían venido aquí los de la Compañía de Jesús, a quien yo sin conocer a ninguno era muy aficionada, de sólo saber el modo que llevaban de vida y oración; mas no me hallaba digna de hablarlos ni fuerte para obedecerlos, que esto me hacía más temer, porque tratar con ellos y ser la que era hacíaseme cosa recia».

Pudo ser el “caballero santo”, Francisco de Salcedo, cuyo cuñado, Hernandálvarez, fue de los primeros jesuitas abulenses y uno de los fundadores del Colegio de san Gil, quien la pusiera en contacto con la Compañía. También cabe mencionar la influencia de doña Guiomar de Ulloa, buena amiga suya, en cuya casa se hospedó la santa por tres años (1555-1558), la cual era vecina de San Gil y se confesaba con los jesuitas. “Hízome confesar a su confesor” –afirma la santa, refiriéndose al P. Prádanos, su segundo confesor de la Compañía, tras Diego de Cetina. Vinculada ya a los jesuitas, es su confesor quien le pone en contacto con el Comisario de la Compañía para la Península Ibérica. Su fama de hombre espiritual estaba bien justificada, por su vida y por sus escritos. Quizá sea el tema de la oración aquel al que Borja dedicó más atención en su enseñanza espiritual. A Teresa, Cetina le había aconsejado que resistiera los efluvios místicos, por temor a que fuera ella misma quien estuviera provocando esos efectos, o por evitar que se asiera a ellos. Borja rectifica:

«Díjome que era espíritu de Dios […]. Como quien iba bien adelante, dio la medicina y consejo, que hace mucho en esto la experiencia. Dijo que era yerro resistir ya más. Yo quedé muy consolada, y el caballero también holgábase mucho que dijese era de Dios, y siempre me ayudaba y daba avisos en lo que podía, que era mucho» .

Teresa afirma en una Cuenta de conciencia en la que hace repaso de sus confesores: “al Padre Francisco, que fue duque de Gandía, trató dos veces”. Desconocemos si se refiere a que tuvo dos entrevistas con Borja en esa ocasión, o si hubo otro encuentro posterior.

La santa invocará la palabra de autoridad de Borja en Camino de perfección, inicialmente manteniendo el anonimato de este: «Es gran merced esta a quien el Señor la hace, porque vida activa y contemplativa es junta. […] Yo sé de una persona que la ponía el Señor aquí muchas veces, y no se sabía entender, y preguntólo a un gran contemplativo, y dijo que era muy posible, que a él le acaecía».

Sin embargo, en el códice de Toledo, que preparó para la imprenta, anotó a quién se refería: «que era el P. Francisco, de la Compañía de Jesús, que había sido duque de Gandía, y lo sabía bien por experiencia»

Teresa alude también a él en la Relación 5, sobre el mismo tema, la posibilidad de vivir contemplativamente en medio de una gran actividad: «En fin, andan juntas Marta y María. Yo pregunté al Padre Francisco si sería engaño esto, porque me traía boba, y me dijo que muchas veces acaecía».

Según testimonios, ambos mantuvieron la relación de forma epistolar.

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No abundan las representaciones pictóricas que recojan el encuentro entre estos dos santos. Sí lo hace un lienzo del pintor de Albaida (Valencia), José Segrelles, que forma parte del retablo de la capilla del Sagrario en el palacio ducal de Gandía: Santa Teresa de Jesús consulta a san Francisco de Borja. El retablo fue realizado en 1956. Teresa de Jesús aparece extrañamente escribiendo durante la entrevista, como en actitud de plasmar la palabra que el santo le está transmitiendo, mientras Borja aparece sentado, en la cátedra que su autoridad espiritual le otorgaba, reconocida, como hemos visto, por la propia santa.

Rafael García Mahíques, de la Universidad de Valencia, comenta la obra en un estudio que lleva por título «El concepto icónico de san Francisco de Borja elaborado por los jesuitas a partir de la adquisición del Palacio Ducal de Gandía»².

Este autor señala el carácter “barroco” del cuadro, en tanto que se trata de una interpretación “absolutamente conceptual” de la relación de Borja con la santa. Se puede hablar de una manipulación de lo que las fuentes literarias relatan acerca de lo sucedido entre ambos. Y ello se lleva a cabo porque se busca un efecto concreto en el cuadro:

«En la figura de Cristo sosteniendo el santo cáliz –según la forma de la reliquia de la catedral de Valencia– con la sagrada hostia que, como un espectro, se interpone entre ambas personalidades sin que estas ni siquiera se percaten, radica la clave de dicha manipulación. Se trata, en todo caso, de querer asimilar la experiencia mística de estos dos santos del siglo XVI –tema específico sobre el que trató la relación entre ambos–, a la contemplación del misterio eucarístico. En ninguna de las fuentes literarias se nos informa de que el misterio de la eucaristía es la base sobre la que estos dos santos, que aparecen en conversación, experimenten el espíritu de Dios».