Reunión en la UCU con Autoridades de AUSJAL

AUSJAL continúa dando pasos en lo que refiere al desarrollo de proyectos comunes y colaboración entre las diferentes unidades académicas que la componen. Esta vez se han reunido en Uruguay para llevar adelante un proyecto de Fortalecimiento de la Cultura AUSJAL.

El pasado 13 de julio la Universidad Católica del Uruguay (UCU) realizó una reunión con las autoridades de la Asociación de Universidades Jesuitas en América Latina (AUSJAL) que participan en las distintas redes y proyectos de la misma. El marco de esta reunión es un proyecto de Fortalecimiento de la Cultura AUSJAL. El rector Eduardo Casarotti S.J. y el vicerrector académico, Ariel Cuadro encabezaron el encuentro.

Además, estuvieron presentes: Mariela Saettone, coordinadora regional del Grupo de Derechos Humanos; Mariana Marturet, de la Red de Homólogos de Responsabilidad Social Universitaria; Matías Ponce y Giorgina Santangelo, de la Red de Derecho a la Comunicación y Democracia; Pablo Landoni y Samira Sambaino, del Grupo de Editoriales Universitarias y del Grupo de Trabajo de Bibliotecas; y Carolina Greising, enlace AUSJAL e integrante de la Red de Homólogos de Cooperación Académica y Relaciones Institucionales (CARI) quienes presentaron los logros de sus trabajos.

Durante el encuentro se acordó reforzar la presencia AUSJAL en la UCU, por lo que pronto destinarán un espacio en la página web del departamento “Internacionales” en donde se pueda informar sobre los avances de los proyectos AUSJAL.

Fuente: AUSJAL

Educar en la Tolerancia

¿Qué es la tolerancia? ¿Cómo la practicamos y construimos como sociedad? ¿Qué consecuencias tiene? Algunas preguntas para pensar y reflexionar sobre el tema en este texto…

Por Félix Palazzi

A menudo la tolerancia se restringe al simple ejercicio del soportar o resignarse, sobrellevando pacientemente las posturas contrarias. Esta limitación ha conducido al escepticismo, a la indiferencia, pues en los espacios en los que no se logran distinguir los matices y valorar la diferencia, impera el reino del “relativismo” y la desesperanza.

La manipulación de la verdad conlleva la distorsión de la realidad humana; cuando no hay verdad perdemos cualquier punto de referencia que pueda servir de orientación en la configuración personal y colectiva.

Existen sectores de la realidad a los que se presta mayor atención en nuestro quehacer cotidiano, ya que atraviesan una profunda crisis, por el ejemplo, la economía, la política etc. Así que casi inadvertidamente y de forma silenciosa nuestra crisis humana resiste las vicisitudes diarias, porque no se trata de una crisis sólo política o económica, es también y con igual importancia, una crisis humana. Solventar los grandes problemas económicos o políticos que nos aquejan sin prestar atención a nuestra humanidad fuertemente golpeada por la violencia, la exclusión o la mentira será apenas una salida a medias con fuertes repercusiones futuras.

Cuando al presidente de Ruanda le preguntaron si él creía que no volvería a presentarse una crisis genocida en su país, dijo tener esperanza solamente en la educación de las generaciones futuras. No hay ninguna diferencia entre el ciudadano común que asumió un machete para emprender una limpieza étnica o el funcionario que a quemarropa dispara contra un estudiante o la población civil, ambos creen estar convencidos de cumplir con su deber, incluso piensan que hay principios que los justifican, y están persuadidos de que hay una verdad que defender. Pero educar en la tolerancia es educar en la verdad, sin educación no habrá paz.

Hay generaciones que han crecido escuchando hablar en los espacios familiares y comunes de enemigos y oponentes; hay generaciones ignoradas y abandonadas a la dinámica sangrienta de la violencia (bastaría observar la cifra escandalosa de jóvenes asesinados en nuestros espacios populares). Todos piensan tener principios claros desde los que pueden justificar posiciones irreconciliables.

Educar es tan difícil e importante como gobernar, ya que comúnmente se piensa que educar o la vida política es siempre tarea de otros, de un presidente, del partido, la escuela o el maestro. Pero educar es despertar la pasión por la verdad, y sólo desde la verdad se acepta la diferencia y se valora la realidad de lo distinto que evita la intolerancia. La verdad tiene como criterio de veracidad a la justicia. No hay verdad donde hay exclusión, mucho menos, si ésta produce o esconde la injusticia. Educar es despertar la pasión por la diferencia, el encuentro y el diálogo. Una pasión de la que todos estamos llamados a participar.

Teología Hoy

 

Emmanuel Sicre SJ: ¡Ay! si la educación sirviera…

Un cambio en el sistema educativo es una necesidad urgente que enfrenta la sociedad actual. Frente a este desafío se han generado (y se siguen generando) múltiples posiciones teóricas e instancias de debate a lo largo del mundo. Sin embargo, el modelo educativo tradicional sigue siendo un elemento que opera de manera muy fuerte sobre las personas que han pasado por él. ¿Qué es lo que se necesita, entonces, para llevar ese cambio adelante? ¿En qué consiste este cambio?

Por Emmanuel Sicre, SJ

“Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela.” George Bernard Shaw (1856 –1950)

La tristeza de educar

Cuando uno piensa en la educación actual siente un poco de tristeza. Es decir, desanima ver el desgano de tantos niños y jóvenes de asistir a clase, la desazón de los maestros agotados de controlar y soportar, la docencia como una salida laboral que desdibuja la vocación por educar, los liderazgos cuestionados sin piedad, las familias delegando en la escuela cada vez más sus responsabilidades naturales, el abandono de algunos Estados, los intereses de los gremios docentes que perdieron el rumbo, y la parsimonia del sistema educativo que no cumple su rol de transformación positiva de la sociedad.

Por lo general, hemos pensado que la educación es una tarea de la escuela o de la universidad, pero dada la desconexión que todos percibimos entre el mundo de la vida y dichas instituciones de formación, con facilidad solemos decir: «eso lo aprendí en la escuela de la vida». ¿Qué pasó aquí? ¿Acaso la escuela no forma desde y para la vida? ¿Acaso la universidad lanza sólo profesionales para el mundo del trabajo y nada más? ¿Qué hace una persona gastando 12 o 20 años de su vida en algo que no le sirve para ser parte activa de una sociedad más justa, más equitativa, más amplia, ni siquiera para conocerse y aceptarse un poco más a sí mismo y a los demás? ¿Para qué sirve educarse?

El posible engaño de lo privado

Por otro lado, hay quienes hacen la compleja distinción entre la educación pública y la privada creyendo que con esto logran darle la vuelta al tema de la decadencia del sistema de enseñanza-aprendizaje actual. De esta manera responden con buena intención, y sin el deseo de estigmatizar a nadie, a la lógica de que “si pago más, tendré una mejor educación”. Siendo optimistas hay que reconocer que, en algunos casos, se da y en verdad son una alternativa positiva a la pública dependiendo los contextos. Pero en su gran mayoría, quizá, lo único que se consiga es una mejor instrucción para el mundo profesional y competitivo, pero no mucho más. No existe, en realidad, una escuela privada que resista a la crisis del paradigma educativo dado que inunda todo el terreno cultural. La sociedad no recibe impactos positivos de modelos excluyentes e individualistas.

A decir verdad, toda educación es pública solo que la gestión de algunas asume una mayor o menor participación del Estado. En efecto, la escuela es un lugar de construcción de lo público y de lo social que no siempre ha provocado la conciencia sobre el cuidado de lo que es de todos. Por eso, la irresponsabilidad social en la que vivimos opaca tanto el concepto de Bien Común que lo lleva a un plano, en el mejor de los casos, solo discursivo. Aunque algunos intentos de hablar de ‘formación ciudadana’ nos permitan evitar un poco la carga política innegable de las instituciones, no logramos dar el salto de formar en conciencia de justicia, solidaridad y preocupación por la vida de cada uno y de todos.

En este sentido, el objetivo de las instituciones privadas «para los que pagan» no puede ser acompañar a «bienacidos solidarios» que cuando salen del sistema educativo recuerdan el Bien Común como un «tema» de la escuela y en la primera oportunidad eluden sus compromisos de justicia social, por ejemplo, evadiendo impuestos o malpagando a sus empleados. Ni a las de «los que no pagan» darles los sobrantes de la mesa de los sabios que ni pueden aprovechar porque los contextos de exclusión y violencia les roban las posibilidades. ¿No deberíamos formar bajo otro modo de comprender nuestro ser y hacer en el mundo?

Los contentos

Es cierto, valga notar, que muchos de los actores educativos están conformes con la escuela. Quizá porque les brinda una contención afectiva y social que no se encuentra a menudo en otros espacios. O porque su capacidad de adaptación al sistema no les impide aprovechar el porcentaje mínimo y desproporcionado de aprendizajes -un 20%, según algunos estudiosos- con el que salimos todos los que hemos pasado por las aulas durante años.

Sin embargo, en la búsqueda de una educación que sirva para algo se necesita construir otro tipo de sensibilidad sobre la función de la escuela y la universidad en lo personal y lo colectivo. Por ejemplo, ¿no deberíamos formarnos en el discernimiento de lo que ayuda y lo que no para vivir felices según nuestras búsquedas personales y sociales? Porque el panorama del modelo pedagógico heredado con el que convivimos corre el riesgo de marcar la hora de un país en el que nadie vive. Y si la educación no responde al contexto tanto local como global, es inútil. Se convierte en una torre de marfil. Además, la educación tiene que responder, una y otra vez, a la clásica pregunta de nuestros estudiantes: ¿Y eso para qué sirve?

¿El siglo XXI?

«No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar internamente de las cosas» San Ignacio.

La educación del siglo XXI no sería bueno que pasara de ser posindustrial (como la que tenemos) a tecnodigital (como la que parece irrumpir), debe ser una educación integral en el significado y alcance más amplio de la palabra. En efecto, “tendremos que ser más humanos que nunca –decían por ahí- porque los robots harán cosas que para nosotros serán imposibles.”

En este sentido, creer que el siglo XXI es de avanzada porque ha llegado a descubrimientos y técnicas nunca antes vistas, quizá sólo sea, además de un espejismo, la proyección de una porción de la sociedad que accede a la estos niveles y tiene el poder de divulgación.

Porque lo que se ve es que este tiempo es algo más complejo, más desigual, más violento en lo político, lo económico, lo tecnológico, lo comunicativo, y con un bienestar mal repartido. Por esto insisto con humildad en que si el sistema educativo que tenemos que construir no orienta sus esfuerzos hacia una mirada renovada del Bien de todos, fracasará otra vez al generar tecnócratas indiferentes y excluidos al acecho.

Un modelo pedagógico que reproduzca inconscientemente la meritocracia de los cumpliditos, el protagonismo despótico del docente-rey que ejerce la tortura pedagógica, el desprecio social y financiero por los educadores, la sobrevaloración de las ciencias duras en descrédito de las humanas, la uniformidad homogeneizante del pensamiento único, el cercenamiento de la dimensión espiritual de la vida, el elitismo de los mejores dentro del aula, la exclusión de los desnivelados, el estrés de la tarea pendiente, el horario de fábrica, el que hay que ir a la escuela ‘porque toca’ aunque se pierda el tiempo, la exigencia por la exigencia de los contenidos, la respuesta a preguntas que a nadie le interesan, la evaluación que juzga, condena y aplaza, la estigmatización del error y el fracaso, la violencia en los ritmos personales, la vagancia de los perdidos, y la astucia de los avivados, ¿de qué siglo XXI habla?

Experiencias de cambio

«La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: «Ahora los niños trabajan como si yo no existiera.» María Montessori (1870-1952)

Como varios sostienen, al modelo pedagógico posindustrial le ha llegado su hora. El reloj de la transformación educativa viene sonando su alarma desde hace tiempo en todo el mundo. Y reclama una hora renovada, fresca, atractiva, inspiradora, global, incluyente, que logre hacer de la convivencia humana feliz un proyecto vital de todo hombre porque lo descubre posible mientras crece como persona.

El modelo pedagógico que necesitamos nos exige responder lentamente al tiempo interior de cada estudiante y al del docente, al tiempo de la institución, al tiempo del barrio, al tiempo de los cambios sociales, al tiempo de las necesidades tanto del contexto inmediato de contingencia irrenunciable -como el de los empobrecidos ubicados en los bordes de las ciudades; como al tiempo de las zonas más desarrolladas del contexto global (nacional e internacional).

Esto es lo que algunas instituciones se van planteando, cada vez más, en algunas latitudes. Se trata de esos educadores que siempre la historia ha parido y que pretenden despertar y acompañar procesos de crecimiento, de búsqueda, de construcción personal y colectiva; y lo están logrando poco a poco.

En estas instituciones la innovación radica en que el centro del proceso de la enseñanza-aprendizaje pareciera ya no estar ni el docente ni el alumno -si bien es el foco del servicio-, sino en la comunidad toda (estudiantes, docentes, familias, contextos) en pos de una mirada dinámica sobre la sociedad que atienda al crecimiento de todos y de cada uno en su singularidad.

Desde reflexiones educativas como la de las inteligencias múltiples o la educación personalizada, entre otras, buscan atender a la mayor cantidad posible de dimensiones del ser humano en su formación, de manera tal manera que no se den cabezones indiferentes a su cuerpo, o completamente desconectados del mundo interior de sus emociones y de la realidad. Estos ámbitos quedan incorporados como parte activa, dado que conciben un aula colaborativa donde más de un docente trabaja en equipo con un grupo de estudiantes; que a su vez están resolviendo proyectos que los hagan pensar desde la interdisplinariedad de los saberes y desde las múltiples habilidades de cada uno. Para ello, en las aulas se reorganizaron sus opacos diseños rectilíneos “semicarcelarios” por otros más flexibles y adaptables. Pues se dieron cuenta de que un cambio así ayuda, estética y ambientalmente, a configurar el mundo, las relaciones y los espacios de otra manera, y a sentirse a gusto aprendiendo. Esto trajo aparejado también parte del bienestar que hizo disminuir los casos de conflictividad dentro del aula.

Uno de los principales desafíos fue transformar sus concepciones de mando al cuestionarse: ¿qué sucedería si el liderazgo fuera más distribuidamente comunicativo y menos secretista, si los problemas se abordaran con discreción desde varios niveles y dando posibilidad de discernimiento a la comunidad educativa? ¿Qué pasaría si cambiáramos la mirada desconfiada sobre las personas por una más arriesgada y alentadora? ¿No daría seres humanos más sanos, más creativos y lúcidamente autónomos? ¿Qué pasaría si la conducción de una institución fuera menos jerárquica y más horizontal reconociendo el valor innegable de la red de relaciones que la sostiene y fundamenta? Así es que crearon, por ejemplo, equipos de entre 6 y 7 docentes por nivel para todas las áreas del conocimiento y el aprendizaje, proponiendo la autonomía de trabajo que ellos mismos pretenden desarrollar en los estudiantes. Y cuando algo supera los conocimientos o destrezas del equipo de docentes, se recurre a especialistas, incluso dentro de las mismas familias (como abuelos, padres, o hermanos…) o actores sociales del barrio.

En efecto, se tomaron en serio la innovación cuando lograron convencerse de que en la comunidad educativa todos tienen algo que aprender y algo que compartir para el Bien de todos. Provocando así una mirada más dinámica de la realidad, menos fragmentaria o estratificada. Por eso el aporte y la integración de las familias al proceso de transformación fue vital. Si bien les exigió confianza, la clave estuvo en la preparación del terreno comunicando estratégicamente los desafíos y oportunidades.

La perseverancia en la formación de los docentes que encabezaron el cambio también es parte del nuevo paradigma educativo. El compromiso con las modalidades disruptivas de enseñanza-aprendizaje, no tiene que ver con un esnobismo vanguardista o el deseo de molestar al docente, sino con el contacto con su vocación de educador. Allí radica la fuerza del cambio. Sin este elemento no hay transformación posible, porque es el principio y fundamento desde el que se puede ser educador, es decir, una persona siempre aprendiendo y desaprendiendo para mejorar su servicio a la sociedad desde su llamado original.

El gran tema de la evaluación y los logros no queda por fuera. Se enriquece enormemente al diversificarse y complejizarse. Los maestros, en vez de estar calificando agotadoramente la reproducción memorística de contenidos que se esfuman luego del examen, o la destreza estandarizada de una acción no significativa para la persona; buscan con esfuerzo y creatividad, ayudar a sus estudiantes a ser conscientes de su propio aprendizaje del mundo. Al hacerles descubrir la importancia de los procesos, del gusto por saber lo que les inquieta, de la relación con el otro para aprender, de la imaginación como herramienta real, del sentido en la interconexión de los temas, de sus posibilidades para la vida concreta; los contenidos propios de las evaluaciones de Estado ‘entraron’ como agua en la esponja, porque no era un porque sí obligado. Para esto fue necesario que los docentes estuvieran dispuestos a aprender de los intereses curiosos de sus alumnos, perdiendo el miedo a ser evaluados como ellos evalúan con respuestas de preguntas que nadie hace.

Otra clave de la transformación educativa ha sido la consideración del tiempo en sentido amplio. Se dijeron: “como no podemos cambiar la escuela de golpe, pero hay que cambiarla sistémicamente, nos queda asumir el reto de ir por experiencias pilotos para calibrar el modelo que queremos y necesitamos”. Para ello se requirió de un tiempo prolongado de preparación del terreno para diseñar el modelo e ir de a poco formándose en algo que no conocían del todo y se va dando mientras andan. Al caminar con un paso en la zona de riesgo y otro en la de seguridad, van comprobando que el cambio funciona. Pero a condición de que se reconozca que el conflicto y el error deben abordarse desde una perspectiva de fecundidad que demuestre que el fracaso es no aprender de los errores, no evitarlos por miedo al cambio.

En este sentido orgánico y procesual del tiempo también comenzaron a reorganizar el esquema de horarios. En la búsqueda de armonizarse con los ritmos vitales, se abandonaron los horarios-mosaicos que hacían saltar de una actividad a otra sin conexión alguna, para pasar a darle su tiempo a ámbitos formativos muy necesarios. Por ejemplo, un momento para conectarse con el cuerpo, un momento para lo lúdico, otro para la meditación, otro para el trabajo cooperativo, otro para alimentarse, otro para descansar, otro para el acompañamiento personal, otro para las salidas, etc.

¿Cuál es la diferencia con el esquema tradicional? Que las actividades en el tiempo están diseñadas en función del área del conocimiento que la enseñanza aprendizaje concretas de los proyectos están buscando. Se evita la estandarización dando paso a la personalización del proceso. Es decir, se capitalizan para el objetivo deseado en el día, o la semana, o el mes, por eso se hace necesario el trabajo reflexivo del equipo docente que piense cómo alcanzar la meta deseada de manera orgánica. De esta forma, el conocimiento recupera su fuerza cuando la historia, la geografía, las lenguas, la matemática, la biología, la química, el arte, el trabajo colaborativo, el compromiso social, entre otros, van siendo parte de algo más grande que la materia aislada, para pasar a ser algo de la vida.

Soñar el cambio educativo

“Enseñar exige saber escuchar” Paulo Freire (1921-1997)

La educación para nuestro siglo quizá deba animarse a cambiar sus esquemas. No comprando franquicias de modelos hechos, sino trabajando para diseñar un modelo que inaugure un pacto educativo oportuno a cada realidad, pensando una nueva estrategia y abandonando lo que no sirve, sin olvidar lo mejor de las tradiciones educativas históricas, para no creernos los inventores del agua tibia. En definitiva, dar un paso en la zona de riesgo y otro en la de seguridad, de forma que nos mantenga siempre en la tensión de buscar el balance creativo en relación con el contexto desde el que somos cuestionados.

¿Qué pasaría si un estudiante llegara a su casa a contarle a su familia lo entusiasmado que está de aprender algo nuevo para su vida y de cómo en relación con sus compañeros puede descubrir su propia personalidad, sus gustos, sus deseos, sus anhelos, lo que le cuesta y desafía? ¿O si, a la vez que entiende la necesidad de gestionar sus emociones, lograra descubrir que es capaz de aportar algo que está discerniendo para mejorar la situación familiar y la de su barrio?

¿Qué sucedería si el docente, al vencer sus resistencias, descubriera que lo importante no es lo que sabe sino lo que testimonia en la sociedad, porque allí radica la posibilidad de ejercer su vocación de servicio, y el cómo será recordado por aquellos a quienes les entregó horas de su vida?

¿Qué pasaría si las familias se animaran a apostar más en la formación integral de sus hijos que en la escuela como fábrica de ‘preuniversitarios’? ¿O si apoyaran y se dejaran apoyar por la escuela cuando más lo necesitan para que se conviertan en parte del proceso y no en reclamantes espectadores?

¿No sería hermoso que la escuela estuviera abierta al contexto al que pertenece y en el vaivén de ir de adentro hacia afuera discerniera la posibilidad de aportar su granito de arena en la transformación necesaria de la sociedad?

Suena ideal, ¿no? Pues sí, pero si no nos atrevemos a soñar, nunca lograremos despegar, nunca podremos afrontar ni la transformación, ni el cambio, ni el conflicto que conlleva. Porque el deseo sostiene en las dificultades. ¿O acaso no nos cuesta soñar despiertos por miedo al fracaso de no conseguir la fantasía de la perfección y preferimos quedarnos al rescoldo inerte de ‘lo malo conocido’? Quizá sí, y con derecho. Pero no tenemos el mismo derecho a privar a las generaciones futuras de un modelo pedagógico eficaz y sincero con la realidad que nos toca vivir.

La viabilidad de dicho ideal o, mejor, de esta utópica esperanza queda seguramente opacada por miles de factores. No es una novedad. Los ministerios de educación y las políticas educativas de los Estados nacionales muchas veces van por un lado, los gremios por otro, y la vida en las instituciones por otro completamente distinto. A su vez, la realidad económica de la educación siempre queda relegada a intereses más inmediatos y efímeros, y en países envueltos en la voracidad de la corrupción, se da pie al banquete del desencanto donde se sientan más de un desilusionado dispuesto a criticar y no cambiar nada.

Sin embargo, hay una responsabilidad política, cívica y espiritual de quienes participamos del sistema educativo que llama a trabajar no en la innovación por la innovación misma, sino por el Bien de todos, y requiere de mártires concretos, soñadores imbatibles y almas dispuestas a luchar por una educación distinta y utópica para ser fieles a lo mejor de la humanidad cuando busca en sí misma el modo de dar respuesta a los desafíos irrenunciables que la historia le presenta.

 

El Modelo de Liderazgo Político propuesto por el CIAS

En función de su experiencia con el liderazgo político en la Argentina actual, Daiana Fernández, se pregunta si tiene sentido la pregunta por el liderazgo político en un país donde la práctica política aparece cíclicamente asociada a la corrupción.

Por Diana Fernández

Liderazgo político: ¿hay modo de rescatar lo específico de esa idea en tiempos decoaches, talleres de liderazgo empresarial, asesoramiento comunicacional, seminarios para líderes organizacionales, preguntas por el liderazgo emprendedor o incluso por el liderazgo emocional? ¿Cómo pensar al líder político en el incierto territorio de la Argentina actual? Aún más (y especialmente en una semana marcada por la detención del ex secretario de Obras Públicas, José Francisco López): ¿tiene sentido la pregunta por el liderazgo político en un país donde la práctica política aparece cíclicamente asociada a la corrupción?

Rodrigo Zarazaga, sacerdote jesuita, autor de ‘La pobreza de un país rico. Dilemas de los proyectos de nación, de Mitre a Perón’ (Siglo XXI), doctor en Ciencia Política por la Universidad de Berkeley y post-doctorado en la University of Notre Dame, no solamente piensa que sí, sino que también defiende la promoción de espacios de formación en liderazgo específicamente político. Y considera que uno de los factores decisivos de esa formación tiene que ver con un concepto frecuentemente citado con pudor o suspicacia: la vocación de poder.

«Cualquier transformación de la realidad tiene que ver con el poder», asegura. Conocedor de los aspectos más devastadores de la desigualdad (su tesis de doctorado se basó en largos años de trabajo en barrios carenciados del conurbano bonaerense), insiste: «Con las ONG, las fundaciones, estamos siempre parando el viento con la mano. Si querés una transformación, tenés que incidir en el Estado. Eso supone poder».

La articulación entre teoría y práctica parece ser un continuo en la vida de Zarazaga. Quizás por eso actualmente está al frente de la Escuela de Liderazgo Político que, en el marco del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social), atraviesa su segundo año de vida. «Queremos alumnos ambiciosos -remarca-. Alumnos dispuestos a manejar recursos. Junto a la formación teórica, buscamos que no pierdan el norte, que es el contacto con la realidad, con el país sumergido en la pobreza.» Zarazaga no tiene pruritos en defender el «realismo político», al que entiende como algo «que implica valores, pero desde una ética situada. No la ética de los boy scouts». Y la duda, otra vez: ¿cómo plantearse formar líderes políticos frente a una ciudadanía que, tanto en nuestro país como a nivel global, se siente cada vez más distante de aquellos que dicen ser sus representantes? «Hay un reclamo de la sociedad ante una política que sirve sólo a la política», reconoce Zarazaga. Pero insiste: «Igual, la solución sólo puede venir de la política».

Voces nuevas

Mariana Bardisa tenía 16 años cuando la crisis de 2001 violentó al país. Oriunda de Concepción del Uruguay, recuerda esas jornadas de furia como un hito fundacional: el momento en que se dijo que haría lo que fuera para que toda esa desolación no volviera ocurrir. La cercanía al peronismo fue un indicio; la militancia en el FPV, el camino por el que optó y en el que persiste actualmente.

A su modo, Mariana representa una de las paradojas que marcan esta época. El ingreso, durante la última década, de un importante número de jóvenes a una actividad política que reivindican y sostienen desde diversos modos de militancia. Y en paralelo la persistencia, en otros sectores sociales, de cierto desencanto y hasta una franca desconfianza -¿ecos difusos de aquel «Que se vayan todos»?- frente a la política tradicional.

«Me considero una militante», asegura Mariana, y cuenta que se acercó a la Escuela de Liderazgo en busca de «herramientas para la formación de un cuadro político». Algo similar les ocurre a sus compañeros de cursada: jóvenes que en promedio rondan los 28 años, por lo general egresados de licenciaturas o posgrados, con diversas adhesiones partidarias y, en el caso de muchos de ellos, con actividad en la política, tanto en la militancia como en la gestión pública.

Los responsables de la escuela destacan dos datos que quizás estén indicando algún movimiento en el ámbito de las juventudes políticas: por un lado, la respuesta favorable ante la oferta de lugares de formación. A la hora de las inscripciones, este año se encontraron con la demanda de 460 postulantes para un espacio concebido para 30 vacantes. Por el otro, aunque conscientes de que el de las aulas es un ámbito pequeño y en cierto punto protegido, no dejan de sorprenderse ante la casi desaparición de la polarización en esos estudiantes básicamente veinteañeros y treinteañeros, provenientes de algunas de las principales fuerzas políticas del país. «Desde acá, la brecha es un mito», asegura Jorge Monge, director ejecutivo de la institución.

«Logramos espacios de debate verdadero», se entusiasma por su parte Ignacio Devitt, alumno de la escuela y funcionario del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación. Una actitud que comparten sus compañeros de cursada Juan Manuel López, abogado y asesor de Elisa Carrió en la Cámara de Diputados, y Gabriel Mraida, funcionario del Ministerio de Seguridad que no sólo rescata la cultura del diálogo sino también la posibilidad de reconocer los aciertos del otro: «Es necesario tener gestiones eficaces; implementar políticas públicas de modo eficiente y no apenas guiadas por criterios electoralistas-se explaya-. También es importante aceptar las políticas públicas que funcionaron en la gestión anterior».

Pensar un país

Construir poder desde el consenso, articular redes, modernizar el Estado, incorporar el mediano y largo plazo al diseño de políticas: en estos puntos, consideran los jóvenes estudiantes de liderazgo, existe la posibilidad de lograr un diálogo distinto en el campo de la política. Respecto de la disyuntiva «lógica de la política/ gobierno de los CEO» -otra de las dicotomías que circularon durante el último tiempo-, lanzan su fórmula: confluencia del gesto político con el rigor técnico. «Yo prefiero al político formado al político a secas o al técnico a secas», asegura Juan Manuel López.

A la hora de definir lo que para ellos significa el liderazgo político, hablan tanto de capacidad de interpretar e interpelar a la sociedad como de representar a las minorías y mayorías, trabajar en el equilibrio de intereses, saber «plantarse» y distanciarse de las presiones mediáticas, pensar en el largo plazo. Zarazaga, por su parte, no duda en definir los que, a su criterio, serían los principales desafíos que tendría que enfrentar cualquier líder político en la Argentina de hoy: «Conciernen a lo básico que hace a un modelo de país -explica-. Es decir: definir qué le vamos a vender al mundo, qué de nuestra producción vamos a proteger del mundo y cómo vamos a incorporar a la población que hoy permanece en la informalidad económica». Devitt apunta: «La Argentina es la eterna potencialidad. Hay que salir de la falta de planificación, pensar proyectos a mediano plazo».

En el caso de Claudia Cabrera, otra de las alumnas de la Escuela de Liderazgo, la reivindicación de la política tuvo su proceso. Proveniente de una familia de origen paraguayo, Claudia vivió en la Villa 31. Allí encontró, no en la acción política sino en el trabajo social, la primera vía para comprometerse con la vida de su comunidad. «En la villa siempre vi que eran los vecinos los que hacían algo, no los políticos -dice-. La gente se acerca a la política para sobrevivir, pero no está la idea de liderar.»

Claudia obtuvo una beca que le permitió estudiar Periodismo en la Universidad Católica Argentina. Convertida en la primera universitaria de su familia, quiso seguir estudiando. Otra beca le permitió llegar a la Escuela de Liderazgo. «Quería formarme. Me interesó profundizar en estos temas porque uno no puede opinar de cosas que desconoce», relata. Valores y privilegio de lo colectivo: por allí pasan sus prioridades al pensar en el liderazgo político. Y una aspiración: «Que nadie tenga que dar una dirección falsa para que lo acepten. Porque eso hacen hoy quienes viven en una villa».

Fuente: CPAL Social

 

Capillas en el Ámbito Universitario

La cuestión de las figuras y lugares religiosos en ámbitos públicos o privados seculares es una cuestión que ha generado polémica. A la luz de la experiencia en España y otros países europeos y anglosajones, el jesuita español Daniel Izuquiza, reflexiona sobre el tema en el siguiente artículo.

Por Daniel Izuquiza SJ

Lo primero es reconocer que, aunque en España nos resulte extraño y a muchas voces laicistas les moleste, las mejores universidades del mundo ofrecen servicios religiosos dentro del campus. Esto es un hecho bastante universal. No voy a fijarme en las universidades privadas, del tipo Harvard o el MIT en Cambridge, Massachusetts o Princeton en New Jersey (que, ¡oh, casualidad!, tienen una fundación cristiana y, evidentemente, ofrecen servicio religioso). Me fijo, más bien, en las universidades públicas. De entre las mejores del mundo, selecciono unas pocas, con criterios de variedad geográfica y cultural. En Estados Unidos, tenemos, por ejemplo, la Universidad de California en Los Angeles (la famosa UCLA) o la Universidad de Wisconsin en Madison. Ambas tienen capillas y espacios religiosos dentro del campus, y ofrecen una amplia gama de actividades religiosas.

Vamos con Europa. De entre las universidades inglesas me fijo en la de Cambridge, con su parroquia anglicana universitaria. La Universidad de Heildelberg es una de las más antiguas y prestigiosas de Alemania. Tiene ocho grupos religiosos organizados, incluyendo, por ejemplo, el Centro Católico Universitario o el grupo musulmán. Vamos con Paris que, por supuesto, representa la tradición laica y republicana como modelo de Estado y, en concreto, en el terreno educativo. Pues también aquí encontramos una presencia tan significativa como la Capilla de la Sorbona. A modo de curiosidad, recuerdo que hay un único español como rector de una universidad pública en Estados Unidos, concretamente Ángel Cabrera en la Universidad George Masson de Virginia. Y, vaya por Dios, también en esa universidad hay servicio religioso dentro del campus.

Primera conclusión provisional: mirando la realidad del mundo, no parece que haya problema en la presencia de capillas y servicios religiosos en la universidad pública. Tampoco parece que ello dificulte la calidad universitaria. No hay oposición entre la creencia religiosa y el desarrollo científico. No hay intromisión de un campo en el otro. No se coarta ninguna libertad, más bien al contrario. A quienes identifican religión con oscurantismo y piensan que si hay religión en la universidad, ésta será un espacio pueblerino, les recomiendo que comparen su propia universidad con Harvard, MIT, Berkeley, Heildelberg o Cambridge antes de seguir hablando.

Vamos, pues, con el segundo punto: la presencia de capillas católicas en la universidad española. Porque aquí el asunto es algo diferente. Se trata de capillas confesionales de una única religión. Esto puede tener una explicación histórica más o menos convincente, aunque, muy probablemente, el pluralismo actual requiera cambios y adaptación. Adviértase, sin embargo, que el asunto no empieza con el nacional-catolicismo franquista, sino que viene de más atrás, cuando a partir del siglo XIX se decidió dejar la teología fuera de la universidad civil. Cualificados observadores han señalado el empobrecimiento que este hecho ha supuesto, tanto para la Iglesia como para la Universidad españolas.

Los tímidos intentos realizados (como algunos cursos de verano en la Complutense o en la Menéndez Pelayo o la cátedra de Teología en la Universidad Civil de Granada) son todavía frágiles, limitados y, en ocasiones, vistos con sospecha. Hay que decir, por otro lado, que el número de capillas en las universidades madrileñas supone una situación excepcional, incluso dentro de la realidad española, pues de las 33 capillas universitarias, 16 se encuentran entre la Complutense, Politécnica, Autónoma y Rey Juan Carlos de Madrid.

La segunda conclusión provisional sería ésta: no parece imprescindible que haya capillas católicas en la universidad pública. Quizá no sea necesario que haya una capilla en cada facultad. Y, muy probablemente, no es la mejor idea que solo haya servicio religioso católico. Además, es bueno distinguir entre el servicio religioso a la comunidad universitaria y el estudio científico de la religión, que no puede ceñirse a la teología pero que tampoco puede obviarla.

A partir de estas dos conclusiones, puedo ya formular mi propuesta final. Es posible y, en mi opinión es positivo, que haya espacios religiosos en la universidad. En un tiempo en el que la universidad corre el riesgo de quedar dominada por los intereses mercantiles (sobra la filosofía y sobra también la teología), es necesario incorporar saberes como la teología, que va más allá del pragmatismo, y dimensiones de la vida que evitan el pensamiento único, reivindican la mirada utópica, superan la tecnocracia y alimentan las visiones holísticas. A todo ello contribuye la dimensión espiritual de la vida, que debe entrar en diálogo fecundo con la ciencia universitaria. En parte, además, porque numerosos investigadores, docentes y alumnos universitarios son también creyentes y tienen una dimensión espiritual. No conviene escindir la vida en compartimentos estancos.

Otra cosa es si esos espacios deben ser confesionales, interconfesionales o no-confesionales (probablemente necesitemos de todo). Es claro que deben impulsar el diálogo y el debate crítico. Creo que puede haber cesión de espacios públicos para usos religiosos, como para otras muchas actividades estudiantiles que van más allá de lo estrictamente académico: así como en resto de la sociedad, cuanto más plural sea la vida universitaria, más rica será. Por supuesto, una cuestión diferente se refiera a si debe haber capellanes de una determinada confesión y, en tal caso, quién los paga. Pero nada de eso debe bloquear la deliberación de un tema profundo y relevante. No vaya a ser que al final tiremos al niño con el agua sucia. Que, por miedo al fantasma de un nacional-catolicismo hoy inexistente o residual (agua sucia), perdamos la legítima y emancipadora contribución de las religiones al mundo universitario (el niño).

Fuente: Huffintong Post

SJR: La educación no puede esperar

Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), que trabaja en algunos países de América Latina, participó de la Cumbre Humanitaria Mundial de Estambul. Allí presentó un informe sobre la importancia de la educación para quienes se han visto desplazados de su lugar de origen por cuestiones de emergencia.

El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) se congratuló por el compromiso de la comunidad internacional con la educación expresado en la Cumbre Humanitaria Mundial de Estambul. El fondo “La educación no puede esperar” sigue los pasos de la Iniciativa Global de Educación del SJR impulsada en diciembre pasado.

Desde su fundación en 1980, el SJR ha puesto especial cuidado en garantizar que los más vulnerables tengan acceso a la educación, independientemente de sus circunstancias. Trabajando ya sea en las más recientes situaciones de emergencia, como Siria, ya sea en situaciones de desplazamiento prolongado como las del Chad, Etiopía y Kenia, el SJR está en condiciones de ofrecer una visión bien fundamentada y rigurosa en cuanto a la prestación de programas educativos eficientes y de calidad para los desplazados forzosos.

El SJR puso en marcha la campaña Mercy in Motion 2016, en diciembre de 2015. Durante 35 años, el SJR se ha centrado en la educación como un medio para construir la paz y fomentar el desarrollo de sociedades más resilientes y cohesionadas. Los fondos recaudados por la campaña Mercy in Motion ayudan a implementar la Iniciativa Global de Educación del SJR, que tiene como objetivo una expansión sostenida de los programas de educativos formales e informales: desde la escuela primaria hasta la universidad, pasando por la formación profesional y la preparación del profesorado.

Educación en situaciones de emergencia

En el informe ‘Ofreciendo esperanza, invirtiendo en el futuro: la educación en situaciones de emergencia y crisis prolongadas’  , el SJR reafirma que la educación es una intervención que salva las vidas de niñas, niños y adolescentes que se han visto desplazados por la fuerza de sus hogares. Durante décadas, en las situaciones de emergencia en las que muchas agencias proporcionaron ayuda humanitaria básica, el SJR ha estado sobre el terreno organizando actividades educativas y recreativas para curar traumas, promover la dignidad humana, y desarrollar habilidades.

Hoy, más de 75 millones de niñas, niños y jóvenes han visto interrumpida o destruida su educación por situaciones de emergencia y crisis prolongadas. Los ataques a las escuelas, las guerras, los desastres naturales y la mayor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial han aumentado la necesidad de brindar educación en situaciones de emergencia.

“La educación no puede esperar’ es un importante paso adelante para ayudar a garantizar que los más vulnerables y marginados tengan acceso a la educación”, dijo el director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, P. Thomas H. Smolich SJ, en Estambul. “El SJR sabe que la educación siempre forma parte de cualquier situación de emergencia”.

La educación ofrece a los refugiados que pueden reasentarse las herramientas para contribuir a sus nuevas comunidades e integrarse plenamente en ellas; y a aquellos que pueden volver a sus hogares, reconstruir sus propios países.

Fuente: CPAL Social

 

Simposio Internacional sobre el Cambio en la Educación

Los cambios necesarios en la Educación empiezan a ser una realidad en ocasiones de reunión, puesta en común, debate y proyección como esta. No dejes de enterarte de qué se trata.

La Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna, de la Universidad Ramon Llull y la Fundación Jesuitas Educación han organizado el I Simposio Internacional Barcelona/Educación/Cambio, que se ha celebrado a principios de julio en la ciudad de Barcelona.

Más de 200 directores y responsables pedagógicos de escuelas, responsables de administraciones y consorcios educativos, profesores e investigadores de universidades (Colombia, Argentina, Uruguay, Portugal, Valencia y Granada, entre otros) y responsables de fundaciones han acudido para participar del Simposio. El objetivo fue visualizar las modificaciones que se están introduciendo en el sistema educativo, conocer de cerca los modelos e intercambiar información con los protagonistas del cambio para poder implementarlo en sus respectivos países.

El Simposio ha alternado conferencias y discusiones en talleres con visitas a centros públicos, concertados y privados que realizan experiencias radicales de innovación educativa.

La inauguración fue a cargo de la Sra. Meritxell Ruiz, Consejera de Enseñanza de la Generalidad de Cataluña, del Dr. Andreu Ibarz, director general de la Fundación Blanquerna, y del Dr. Llorenç Puig, delegado de los Jesuitas en Cataluña y presidente de la Fundación Jesuitas Educación.

A continuación tuvo lugar la primera conferencia plenaria, a cargo del Dr. Josep Gallifa, decano de la Facultad, y de la Dra. Anna de Monserrat, vicedecana de Educación y Programas Internacionales, donde presentó la conferencia «¿Por qué y para qué transformar la educación?».

El Dr. Miquel Àngel Prats, director del grado en Educación Infantil, moderó la mesa redonda «Redes de Apoyo para la innovación educativa» de la que participaron diferentes expertos.

La segunda mesa redonda del Simposio ha girado en torno al «Liderazgo de la transformación para transformar personas».

La segunda conferencia plenaria ha ido a cargo del Sr. Xavier Aragay, director general de Jesuitas Educación, y del Sr. Josep Menéndez, director adjunto de Jesuitas Educación, donde han tratado el tema «Transformar la educación es posible. Elementos comunes esenciales de las experiencias de cambio».

Los días posteriores del Simposio se dedicaron, durante las mañanas a visitar escuelas líderes en la transformación de la educación en Cataluña: Jesuitas Casp, Jesuitas Sant Gervasi, Jesuitas El Clot, Sadako, CreaNova, Instituto Escuela Les Vinyes y IES Quatre Cantons. Las tardes del Simposio han se destinaron a las comunicaciones orales y los talleres.

Los participantes han destacado las aportaciones que han sido presentadas durante los días del Simposio, así como las redes de contactos que se han generado. Los organizadores y los participantes ya están pensando en la segunda edición del Simposio que tendrá lugar el próximo año.

Fuente: Info SJ

Encuentros Educativos de la Red Internacional Jesuita

Te contamos cómo se vivió este encuentro sobre Educación que se llevó a cabo en Barcelona y del que participaron miembros de la Federación Latinoamericana de Colegios Jesuitas (FLACSI) y de Fe y Alegría en América Latina.

70 educadores y directivos pertenecientes a centros educativos de la Compañía de Jesús de España (EDUCSI) y Latino América (FLACSI), Fe y Alegría de Latino América y África y la ONG jesuita Entreculturas, participaron durante los días 8 y 9 de julio en Barcelona en el I Encuentro Internacional Fe y Alegría – EDUCSI.

Bajo el nombre “Hacia nuevos horizontes educativos: el reto de la transformación social y el trabajo en red”, el objetivo del encuentro ha sido dar respuesta al reto lanzado por la Compañía de Jesús de un trabajo colaborativo y en red de las escuelas ignacianas de América Latina y España. El evento se presentó como una magnífica oportunidad para compartir propuestas educativas innovadoras y para crear red internacional de escuelas ignacianas, que permitan mejorar las praxis en la educación de personas conscientes, compasivas, comprometidas, competentes y creativas y para desarrollar proyectos vitales con sentido.

Dos días llenos de emoción y sentido en los que los participantes trabajaron en grupos, compartieron ideas y opiniones, retos y sueños, siempre bajo la premisa de la necesidad de modificar los marcos mentales y el corazón de los directivos y educadores para transformar la educación como vía de transformación social. Se acentuó el propósito misional común de trabajar por una educación para formar a personas que contribuyan a la transformación de un mundo herido hacia un mundo en que prevalezca la justicia social.

Ha sido el primer encuentro de estas características que busca facilitar el trabajo real en la red internacional de escuelas ignacianas para compartir y enriquecerse mutuamente de las buenas prácticas y experiencias que se están llevando a cabo en escuelas de diferentes países.

El encuentro, organizado por Entreculturas, Alboan y EDUCSI, con el apoyo de Jesuïtes Educació, ha tenido lugar en el colegio Jesuïtes Sarrià – Sant Ignasi, en Barcelona. Se ha realizado aprovechando la celebración, justo unos días antes, del I Simposio Internacional Barcelona/Educación/Cambio organizado por Blanquerna y Jesuïtes Educació que ha reunido cerca de 200 directivos de la educación, maestros y profesores de 18 países distintos de Latino América, Europa y África.

Fuente: Info SJ

AUSJAL: Avances de los Proyectos

La Asociación de universidades Jesuitas en América Latina cuenta con una serie de proyectos que se están desarrollando actualmente y de manera colaborativa. Compartimos aquí los avances que se han dado en cada algunos de ellos, con el objetivo de potenciar la habilidad y efectividad de las universidades para responder a las necesidades de transformación de la sociedad en clave de justicia, solidaridad y equidad social. Estas iniciativas nacen desde la Red de Homólogos de Responsabilidad Social Universitaria (RSU). La misma, fue creada en el año 2007, y cuenta con la participación de 25 universidades de AUSJAL .

La arquitecta Dra. Daniela Gargantini, investigadora y profesora de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina), es la coordinadora regional de la Red y adelanta que actualmente trabajan en tres sub-proyectos en articulación con las redes de Educación y Ambiente de AUSJAL:

Subproyecto P8-1

Incidencia del Enfoque de RSU en los procesos de formación y de gestión interna, el cual ha identificado y seleccionado, bajo criterios consensuados, experiencias significativas de inserción curricular como de gestión académica en clave de RSU en las universidades de AUSJAL. El mismo busca favorecer la transferencia horizontal de buenas prácticas en materia de institucionalización del enfoque en el ámbito educativo.

Juan Carlos Ramírez, homólogo de la red de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, indicó que se ha levantado un compendio con las experiencias más significativas sobre RSU y que próximamente estarán a disposición del público en una versión en línea.

Subproyecto P8-2

Institucionalización del Sistema de Autoevaluación de la RSU en AUSJAL. Creado para promover la institucionalización real y efectiva de la Responsabilidad Social Universitaria, esta herramienta es capaz de identificar el estado de situación institucional, contribuir en los procesos de toma de decisiones con la inspiración cristiana y la identidad ignaciana de las universidades jesuitas y presentar una radiografía en cinco dimensiones: educativa, cognoscitiva y epistemológica, social, organizacional y ambiental.

Jaime Carrera, homólogo de la Universidad Rafael Landivar (Guatemala), ha coordinado la actualización de este sistema que le permitirá a las universidades de la Red AUSJAL recolectar y administrar indicadores en temas de Responsabilidad Social en un ambiente web que dispone de instrumentos de recopilación de datos (disponibles para PC, tablets y smathphone), genera reportes e informes, verifica el estado de las universidades en cuanto a RSU a través de una sección denominada “Monitoreo” y presenta estadísticas.

Subproyecto P8-3

Programa de sensibilización y formación en responsabilidad social universitaria para académicos y directivos. Este subproyecto contempla el diseño de un Diplomado en Responsabilidad Social Universitaria que se ofrecerá a académicos y gestores para mejorar el conocimiento del enfoque y poner a su disposición herramientas factibles de ser empleadas en pos de la institucionalización efectiva del enfoque en las distintas funciones universitarias.

Ramírez afirmó que el programa de estudios contribuirá en el proceso de formación de los participantes y que el detalle del mismo se dará a conocer en el mes de octubre.

Trabajo en Red

Gargantini cree que AUSJAL debe fortalecer sus estrategias de incidencia y trabajo articulado con otras instituciones afines a sus temas de interés, profundizando su incidencia en el ámbito de la educación superior del continente y del mundo. “La colaboración y el aporte al diseño de políticas educativas en ámbitos decisorios y en universidades externas a la Red, es todavía una deuda pendiente para AUSJAL y tal vez merezca considerarse fuertemente como meta para los próximos años de trabajo”, aseguró.

Por su parte Ramírez valoró el trabajo que la Red ha venido realizando para consolidar el modo de entender la RSU, propio de las universidades jesuitas, y sus mecanismos para evaluarla. “Independientemente de las particularidades del contexto, no somos tan diferentes, estamos en el mismo camino tratando de generar una labor bajo una misma inspiración”.

Fuente: CPAL SJ

Pachacutí 2016: “Con misericordia lo miró y lo eligió”

Más de 380 estudiantes de Colegios pertenecientes a la Federación Latinoamericana de Colegios de la Compañía de Jesús (FLACSI) de Argentina, Chile y Uruguay a los que se suman estudiantes de Estados Unidos, estuvieron repartidos a lo largo y ancho de Uruguay viviendo el Pachacutí.

Tiempo de profunda gracia, en donde a través del trabajo junto a la gente de los distintos lugares de servicio, los estudiantes y acompañantes fueron testigos de “la presencia del Dios de la vida que se nos sigue haciendo presente”.

“El regreso nos encuentra más que nunca con los pies firmes y comprometidos en la tierra, y con la mirada fija y confiada en el cielo. Sigamos trabajando para que el testimonio de nuestras vidas haga creíble el amor de Dios”, comentan desde el Liceo Monseñor Ricardo Isasa de Uruguay.

Para compartir la experiencia, los jóvenes han hecho un vídeo que puedes ver aquí ¡No te lo pierdas!