Tiempo para los Pies

Por Joaquín Taberas SJ

Hoy vivimos en una época y sociedad en las que nos resulta sumamente difícil la falta de tiempo. Nunca nos alcanza el tiempo. Esto puede ser por las nuevas exigencias del trabajo y del estudio, por la “inmediatez” de las comunicaciones o por el agotamiento que acarrea el trajín del día a día. Lo cierto, es que cada vez más el tiempo alcanza menos.

Ante nuestra constante falta de tiempo, el ejemplo de Jesús en Jueves Santo nos desconcierta y hasta puede llegar a resultarnos aterrador. Jesús, sabiendo que sus horas estaban contadas, no se dedicó a hacer milagros a mansalva (trabajar) para terminar su misión lo antes posible, no se puso a escribir instrucciones para los apóstoles preocupándose por el futuro, ni mucho menos se encerró a llorar sus penas. Jesús, estando sin tiempo, se sacó el manto y se puso a servir.

Jesús se sacó el manto, lleno una palangana con agua y se puso a lavar los pies de todos los que estaban ahí con Él (incluso a Judas). Una tarea indigna, sin resultados duraderos, y que cualquier otra persona podría haber hecho ¡Pero Jesús decidió perder esa hora ganándola!

Este perder el tiempo lavando pies es porque Jesús se había dado cuenta (y quería trasmitirlo) que en el servir al otro es que el tiempo cobra su sentido, que en el servicio gratuito es donde podemos llenar el vacío que nos deja la ansiedad del no tener tiempo. Que dándose, uno se siente pleno. Que perdiendo el tiempo por y con los demás es la forma de ir ganando las horas.

En esta Semana Santa que comienza ¿Cómo estoy de tiempo? ¿Estoy pudiendo ganar las horas gastadas? ¿Hay algunos pies que tenga que ponerme a lavar?

Pidamos estos días la Gracia de que Jesús nos enseñe a ganar el tiempo perdiéndolo por los demás. Preguntémosle: Jesús ¿Qué pies querés que lave hoy?

 

Llegó el Resucitado – Palabra de CPAL de Abril

Compartimos la Palabra de CPAL del mes de abril, que el Presidente de la Conferencia envía a toda Latinoamérica.

Por Roberto Jaramillo SJ 

Comenzamos el mes de abril en domingo de resurrección, como una señal que nos invita a refundar nuestra vida sólo en el Resucitado conduciéndola, con mente y corazón renovados, hacia tiempos y formas de proceder nuevas.

En la semana santa no fue difícil actualizar de diversas maneras la pasión del Señor. Signos de Su crucifixión se hacen visibles en nuestra realidad cotidiana: son tiempos de autoritarismos e irrespeto de las voluntades populares sin importar programas políticos; tiempos de hegemonía del capital y de políticas ultra-liberales que parecen gobernar el mundo entero, tanto en lo público como en lo privado. Son tiempos de divisiones sociales (y aún familiares) atizadas intencionalmente por grupos aferrados al poder a través del miedo, la mentira y el prejuicio contra el ‘otro’, el ‘diferente’. Tiempos de acciones absurdas como hacer explotar una bomba en un supermercado atestado de gente, o asesinar a una mujer por ser negra, y por pertenecer y defender a grupos sociales marginalizados.

Son tiempos de miseria, enfermedad, hambre y desesperanza que llevan a miles de personas a dejar su propio país y arriesgarse en los caminos buscando una nueva vida en culturas diferentes. Tiempos marcados por la corrupción y la deshonestidad entre los grandes -pero también entre los pequeños- en el día a día, como si se tratara de un verdadero cáncer que destruye los fundamentos de la convivencia entre los hombres: la posibilidad de confiar en la palabra. Y tantas otras cruces, grandes y pequeñas que hay en nuestra vida y la de nuestras sociedades e instituciones.

Vivimos, sí, en tiempos sombríos. Para nosotros, los cristianos, la mayor tentación es la resignación: renunciar al momento decisivo de la resurrección – ‘tirar la toalla’. Pero las celebraciones de la Semana Santa encienden nuestro corazón y nos invitan a no a reproducir el discurso triste de los que van a Emaús alejándose de la comunidad (Lc. 24), sino a volver con renovada alegría y entusiasmo al camino del evangelio.

“A los que vivían en tinieblas y en sombras de muerte una luz les brilló” (Is. 9,2). La luz del Niño que nació en el pesebre es la misma del crucificado-resucitado que venimos de celebrar: “él nos ha rescatado de las tinieblas del pecado y nos ha trasladado al Reino de su Hijo, el Amado” (Col. 1,13)

Es este el momento de demostrar que, como cuerpo apostólico hemos sido salvados en y por el Resucitado. Que allí donde vivimos división y autoritarismo somos capaces de sembrar con nuestra vida perdón, escucha, reconciliación y participación. Que allí donde se excluye a los otros porque piensan diferente o tienen otro color de piel, somos capaces de reconocer el multiforme don de Dios y acogerlo y celebrarlo. Que allí donde el mundo grita e infunde -casi ciegamente- división, sospecha, individualismo, nacionalismo o proteccionismo, nosotros hacemos realidad el entendimiento, el diálogo, la búsqueda en común, la acogida del otro en su particularidad y con sus derechos.

En un mundo como el que nos toca habitar, sólo viviendo a contracorriente podremos dar testimonio de esta verdad y vivir en la alegría de ser salvados.

Incomodar, ser criticados y perseguidos, dar la vida como diario sacrificio (quien sabe: martirialmente, como nunca lo imaginaron Rutilio Grande o Mons. Romero) pueden ser señales de que ‘algo nuevo’ irrumpe y despunta en nuestras vidas.

¡Felices Pascuas para todos y todas!

Semana Santa: Contemplar cómo la Divinidad se Esconde

Una reflexión para comenzar la semana Santa renovando la propuesta de la espiritualidad ignaciana de contemplar cómo: ‘la divinidad se esconde’.

Por Maximiliano Koch SJ

En sus Ejercicios Espirituales, san Ignacio invita a que nos acerquemos a contemplar la Pasión del Señor considerando “cómo la Divinidad se esconde”. Durante este tiempo, el hombre que se atrevió a llamar a Dios Padre y que demostró tener poder sobre la enfermedad, los demonios, las rígidas estructuras sociales y religiosas, aparece rendido, abatido, impotente. Será objeto de risas, insultos, castigos y, finalmente, una muerte en cruz. Sí… la divinidad parece esconderse…

La Pasión es una triste historia que muchas veces no queremos recordar. Queremos pasar de página o de día rápidamente, intentando llegar al acontecimiento de la Resurrección para gritar al mundo que verdaderamente Cristo es el anunciado, el salvador, el verdadero Mesías. Pero sólo a través de lo que ocurrió en aquella semana de Pascua judía podemos entendernos como cristianos hoy. Porque en esos tristes acontecimientos donde parece que la divinidad se esconde, Dios reveló plenamente cómo actuaba, a qué invitaba al hombre y mostró qué significa el ser humano para Él.

En efecto, a través de gestos como el lavatorio de los pies, Jesús enseñó que no vino a imponer su voluntad a los hombres sino a servirles. Pudo ponerse de rodillas y actuar del mismo modo que los sirvientes o esclavos de las casas. Esta cualidad, ciertamente, no coincide con lo que muchos esperan de Dios. Por el contrario, queremos que aparezca un ser que condene tanto el pecado como los pecadores, un dios que juzgue y demuestre su poder definitivamente bajo el sometimiento. Aún hoy rechazamos la imagen de ese Dios que quiere servirnos, ofreciéndonos lo que necesitamos para vivir en plenitud.

Pero Jesús, en esa semana, no sólo sirvió al ser humano, sino que lo amó plenamente. Sólo entregándose para ser crucificado podía mostrar cuál es la medida del amor que Él nos tiene. Asfixiándose, desangrándose, sufriendo insoportables dolores físicos y espirituales, todavía tuvo fuerzas para gritar: “perdónalos, porque no saben lo que hacen”, mostrándonos cuál es la medida de la misericordia. Esta imagen de un Dios que es capaz de amar y perdonar hasta morir también puede ser objeto de rechazo por nosotros. Nos es más fácil primero juzgar y luego actuar en consecuencia. Es más fácil vivir desde relaciones de poder e imposición que desde relaciones horizontales, de entrega. Y, sin embargo, Dios invita a algo distinto, nuevo, liberador, que resulta capaz de plenificarnos.

Finalmente, otro en su camino al Calvario, Jesús también nos enseñó qué somos los seres humanos ante los ojos de Dios. Él sabía que, si entraba en Jerusalén, seguramente sería asesinado porque su figura había creado una fuerte tensión en la sociedad. Y, sin embargo, entró. Sabía que, si permanecía esa noche en la ciudad, lo irían a buscar para ser juzgado, condenado, torturado y asesinado en una cruz. Y, sin embargo, permaneció. Pero todo lo que iba a ocurrir valía la pena para Dios porque, para Dios, el hombre vale la pena. Aunque peque, aunque se equivoque, aunque robe, mienta, asesine, Dios no deja de amar al ser humano y cada uno vale la pena. Esta es la dignidad con la que Dios mira al hombre. Esto nos desconcierta absolutamente, al punto que San Pablo reconocerá que predicar a un Cristo crucificado constituye una locura y una necedad para el mundo. Quizá porque, para nosotros, la humanidad y la vida poco valen, al contrario de la mirada de Dios.

 La Divinidad, en la Pasión, pareció esconderse. Y, a la vez, se mostró plenamente en su propuesta, en su modo, en su acción. Realizó una oferta abierta a la humanidad para que viva plenamente. Nosotros seguiremos negociando con nuestras seguridades, comodidades, temores, deseos de aferrarnos a odios y tensiones. Pero la oferta de Dios está allí para que la acojamos en el tiempo, lugar y cantidad oportunas y necesarias, para que podamos hacerla acción en nuestras vidas a través del servicio, del amor, de la misericordia y de la entrega.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe 

Personajes de la Pasión

Una propuesta para rezar la Semana Santa desde sus protagonistas.

Tiene algo de desafío aproximarse a los que vivieron la pasión de Jesús “con él”. Es otra forma de “mirar” estos días. Es un intento de zambullirse en una realidad densa y provocadora. Es atreverse a asomarse a las contradicciones, temores y al valor de “LO CRISTIANO” en la encrucijada, en el punto límite, en su radicalidad más firme…

Esta Semana Santa los invitamos a caminar con esas figuras. Hombres y mujeres que buscaron, atacaron, creyeron, lloraron, sufrieron o “resucitaron” con Jesús. Como nosotros estamos llamados a hacer. Os invitamos a pasar un rato cada día de esta Semana Santa “dialogando” con ellos.

Lunes: Caifás, «El escandalizado»

«Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos”.

Martes: Juan, «El amigo»

“Junto a la cruz estaba su madre… y junto a ella el discípulo a quien amaba”

Miércoles: Judas, «el triste»

«El llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso.»

Jueves: Pedro, «El bocazas»

Pedro dijo: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y hasta la muerte”

Viernes: Pilatos, «el ciego»

Salió entonces Pilato, fue hacia ellos y dijo: “¿Qué acusación traéis contra este hombre?”

Sábado: María, «la esperanzada»

“…perseveraban en la oración con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María, la madre de Jesús…”

Domingo: María Magdalena, «La fiel»

«El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro…»

Fuente: Pastoral SJ

 

Levanto Mis Ojos

Una reflexión sobre la experiencia de confiar y descansar en Dios.

Por Pedro Miguel Lamet

(Glosa al Salmo 120)

Levanto mis ojos a los montes, por encima de los rascacielos, más allá de los satélites y las constelaciones, hacia los espacios siderales donde aún no ha llegado la mirada del hombre, al fondo inexplorado de los océanos y hasta el vacío quántico de la materia…

¿De dónde me vendrá el auxilio? ¿De las organizaciones políticas de los hombres? ¿La ONU, la UE, el FMI, las ONG, un nuevo orden internacional? ¿Del poder económico, la banca, las multinacionales y oligopolios? ¿De la asociación de vecinos, el club, mi equipo de fútbol?

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. De ti, solo de ti, que haces girar los planetas, habitas el cosmos, el fondo del mar, la sonrisa del niño y la lágrima de la madre. Que alientas mi respirar y mantienes vivos desde un insecto y una flor a todo el Universo, que eres el misterio recóndito de cada cosa…

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. Me habitas, me acompañas, me sostienes. Siento tu mano en mi hombro al cruzar el abismo de la soledad, el dolor, la incomprensión. Todos se van. Tú nunca me fallas.

El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche, y enciendes de ilusión cada mañana, me arropas con tu embozo cada noche, me despiertas al ahora eterno del que ya formo parte, sin angustia por el pasado mi miedo al futuro. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma, porque eres parte de su Ser, beso de Dios, vibración de su amor, luz de su mirada. El Señor guarda tus entradas y salidas, cuando sales de casa, subes al autobús, lloras y ríes, naces y mueres a la apariencia de mundo, ahora y por siempre, en el ahora y en la eternidad.

Por eso solo descanso, confío y en lo profundo de mi entraña ya soy feliz.

Fuente: Página de Pedro Lamet

 

Misericordia Quiero y No Sacrificios

Para reflexionar sobre la verdadera invitación de la cuaresma: cambiar el corazón.

Ya no están de moda las ‘penitencias’ cuaresmales, y creo que me alegro. Si no se hacen con corazón limpio, algo hay de ‘retorcido’ en ellas que acaban por llevarnos a creer que ‘cumplimos’ con lo mandado para este tiempo, y nos acaban poniendo por encima de los demás: «Gracias, Señor, porque no soy como éstos».

Nefasto. Se ha producido justo lo contrario de lo que pretendían: cambiar nuestro corazón para hacerlo más humilde, más hermano, más capaz de ponerse en la piel del otro. Más cercano, en definitiva, al de Dios. En este tiempo fuerte, fuerte para ponerse más en las manos de Dios, me ayuda pensar cómo es mi mirada sobre los otros: ¿respetuosa del misterio sagrado que siempre es la persona, alta, tierna, liberadora, comprensiva, cariñosa…? ¿O tal vez mi mirada hace verdad eso de que «el infierno son los otros» (Sartre)? Y eso sucede siempre que miramos a los demás ‘clavándoles’ en lo que tienen de defecto, como si fueran mariposas disecadas impotentes para cambiar, cerrando toda salida a su vida y toda posible evolución personal, condenándolos ya de antemano y racaneándoles el amor de Dios, siempre robustecedor y sanante que «en el aprieto nos da anchura y nos regala pies como de gacela».

Entonces recuerdo que el Señor no nos pide sacrificios personales ‘inútiles’, sino «un corazón quebrantado y humillado» que reconoce su desvarío y la fragilidad en que se mueve, un corazón que es muchas veces ‘amnésico’, que pierde la memoria de los dones que Dios le da cada día, y se los va apropiando, de modo que se hace exigente, duro, metalizado, en vez de ser cada vez más poroso a la vida y al sufrimiento del otro, es decir, más misericordioso.

Fuente: Pastoral SJ

40 Días de Ayuno

El siguiente texto nace a partir de una experiencia personal. La autora narra en segunda persona su experiencia de acompañar a su padre en su enfermedad y su muerte.

Por Leticia Alonso

El primero de esos cuarenta días recibió una llamada que le dijo que sería cuestión de meses. El día cuarenta la llamada revelaba que ya sólo sería cuestión de horas.

Y así padre e hija se vieron en la tesitura de elegir de qué ayunar y con qué saciarse en esa Cuaresma. El padre enfermo ayunó de casi todo: de soberbia, de responsabilidad, de trabajo, de hacer la compra, de conducir, de decidir, de autonomía… Se hizo obediente en la enfermedad. La hija, pretendiendo ser Marta y María, ayunó de tiempo para sí, de compromisos adquiridos, de voluntariados, de misas, de reuniones, de su lugar habitual de trabajo… Ayunó de excusas y de distancias, de largos tiempos sin verle, de indiferencia… Se hizo hija en la enfermedad.

Todo aquello de lo que ayunaron dejó un vacío inmenso que sólo el amor podría llenar. La exigencia del amor (y no otra) se impuso entre estas dos vidas que tanto se habían buscado apasionadamente y que por fin se encontraban. Los cuidados de ella encontraron respuesta en los besos de él. Las miradas de él encontraron respuesta en los abrazos de ella.

Ayunaron hasta la muerte y se saciaron de amor para la VIDA.

Fuente: Pastoral SJ

Jesús Colega

Una reflexión para pensar cómo es nuestra relación con Dios.

Por Marc Vilarassau, sj

No hay nada peor que acostumbrarse a Dios, convertirlo en nuestro colega, hasta que deja de sorprendernos. Y empezamos a hacer nuestros planes al margen de Él, esperando que venga a rubricar nuestras opciones en el último momento, como el big boss que nos protege y firma los cheques, porque el resto es cosa nuestra.

Resulta que un día, casi sin saber cómo has llegado a ello, te acercas a Dios y le dices: «Oye Colega, te doy mi voto, soy catequista, voy a la eucaristía, toco la guitarra, hago el camino de Santiago o voy a Taizé cada verano… y tú te estás tranquilito, sin darme sobresaltos». Dicho de otra manera, hacemos un pacto de buen rollo con Él: nosotros rellenamos todos los apartados del contrato, y una vez controlados todos los flecos, le presentamos el contrato de nuestra vida a Dios para que lo firme. Aquí empieza y acaba el protagonismo que le damos a Dios.

¿Cómo va pedirme Dios algo con lo que quizá no voy a estar de acuerdo? ¿Cómo va a exigirme que cambie de planes? ¿Cómo se va a atrever a poner en duda mis conquistas? Si Dios es mi colega y no quiere otra cosa que mi felicidad, entonces para discernir cuál es su voluntad para mi vida tengo que convertirme en un experto en tirar pelotas incómodas a córner, y para ello no hay como dominar la muletilla del «no hace falta»: no hace falta consagrarse para vivir la entrega a la misión con exclusividad, no hace falta arriesgar las propias seguridades para ser cristiano, no hace falta rezar para amar más y mejor a los demás; no hace falta dar lo que uno necesita, sino sólo lo que a uno le sobra…

Jesús criticó duramente a los que echaban en el cepillo del templo lo que les sobraba, mientras alababa a una viuda que depositó lo que necesitaba para vivir. Seguro que más de uno se hubiera acercado a la viuda y, con toda la buena intención, habría intentado disuadirla: «Bravo mujer, la intención es buena, pero no hace falta; tú eres pobre y Dios no necesita tus dos monedas, ya dan suficiente los ricos, guárdatelas para ti y para tus necesidades, Dios es tu colega y no quiere que te pases por él». ¿Te imaginas la cara de estupor de la viuda? ¿Te imaginas la cara de indignación de Jesús, colega?

Fuente: Pastoral SJ

 

XV Curso Taller Internacional para Acompañantes de Ejercicios Espirituales

Una propuesta de formación en espiritualidad desde Venezuela.

Del 25 de Junio al 27 de Julio del 2018 se realizará el XV Curso Taller Internacional para Acompañantes de Ejercicios Espirituales en la Casa de Retiro Quebrada de la Virgen – Los Teques (Venezuela).

La Provincia de Venezuela ofrece este tradicional proceso formativo, que va orientado a la adquisición de conceptos y habilidades sobre el acompañamiento espiritual a partir de la propia vivencia, estudio, reflexión y socialización de la práctica de los Ejercicios Espirituales en distintos contextos culturales.

Es un curso que está destinado a jesuitas, sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos y laicas que acompañen (o se dispongan a acompañar) Ejercicios Espirituales en sus diversas modalidades (retiro o vida corriente) y que animen procesos de crecimiento humano-espiritual.

Objetivos:

1) Profundizar en el arte de planificar, desarrollar y acompañar Ejercicios Espirituales.

2) Ampliar el diálogo entre los saberes acumulados y la práctica de los Ejercicios.

3) Crear un espacio de estudio y reflexión que contribuya a la misión que realizan los participantes del Curso-Taller.

Metodología:

Como curso contará con exposiciones y materiales para el estudio personal, preparados y orientados por expertos de diferentes nacionalidades y reconocida trayectoria en los Ejercicios Espirituales. Como TALLER, tendrá prácticas sobre diversos aspectos de los Ejercicios, trabajos en grupo y socialización de la investigación personal.

Acreditación:

Se obtendrá acreditación bajo la modalidad de Diplomado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Para más Información 

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

Cuaresma: Invitación al Cambio

¿Qué significa llevar a la vida la invitación al cambio que se nos hace en el tiempo de cuaresma?

Por Isabel Corpas

Para el mundo católico empezó el tiempo de Cuaresma: un tiempo de conversión. O, dicho de otro modo, oportunidad de cambio para quien se arriesga a aceptar la invitación de Jesús: “El reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias” (Mc 1,15). Porque la invitación implica aceptar un cambio de paradigma al mismo tiempo que un cambio de corazón.

Es que “volver a Dios” y “aceptar con fe sus buenas noticias” conlleva un cambio en la forma de mirar desde la fe –de contemplar– nuestra propia vida y lo que ocurre a nuestro alrededor, lo que a su vez nos mueve a preguntarnos qué podemos hacer para cambiar el egoísmo que reina en nuestro corazón, como también la injusticia, la inequidad, la insensibilidad, la mentira y la violencia que reinan a nuestro alrededor para reine el amor en nuestro corazón y reinen la justicia, la solidaridad, la misericordia, la verdad y la paz. Y, por consiguiente, comprometernos a hacerlo: por eso “el reino de Dios está cerca”, que es reinado de amor y justicia, de solidaridad y misericordia, de verdad y paz.

Prácticas corruptas

La invitación es a contemplar la noticia diaria que denuncia las prácticas corruptas de una sociedad que se dejó seducir por el dinero fácil, los datos acerca del aumento de la miseria y la pobreza en contraste con la opulencia de sectores minoritarios, las mentiras y verdades a medias para destruir al enemigo, y es, al mismo tiempo, invitación a preguntarnos: ¿qué puede aportar mi propia experiencia cristiana de Dios para que en la sociedad que me rodea no haya más corrupción, injusticia ni violencia?

Es también invitación a contemplar los rostros sufrientes y desilusionados de familias desplazadas, de desempleadas y desempleados, de habitantes de la calle, de personas esclavizadas por una u otra adicción, y es, por consiguiente, invitación a preguntarnos: ¿cómo aterrizar la propuesta de Jesús, que se concreta en servicio y solidaridad?

Y es invitación a reflexionar acerca de nuestras propias actitudes de complicidad e indiferencia frente a la corrupción, las injusticias que diariamente se cometen, la violencia y la mentira actuales, como también invitación a preguntarnos: ¿cómo puedo dejarme transformar por el amor y la misericordia de Dios para transformar, como consecuencia, las estructuras de la sociedad de manera que logre ser inclusiva e igualitaria?

Bueno, esta vez tenía que reflexionar acerca de la Cuaresma simple y llanamente con mirada de creyente.

Fuente: Vida Nueva Digital