Mensaje final de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se realizó del 21 al 28 de noviembre en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano conocida como “Casa Lago” en Cuautitlán Izcalli, a unos 30 kilómetros al norte de Ciudad de México. Después de una semana de trabajo, se dio a conocer su Mensaje Final con una lista de doce puntos con los principales desafíos que enfrenta la Iglesia del continente.

El documento fue elaborado por dos grupos, el primero sintetizó y redactó las propuestas de los participantes y el segundo enfocó su análisis con mayor discernimiento.

La Asamblea ha sido vivida, recoge el escrito, como “una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia”. Desde la “poliédrica diversidad”, los participantes de la Asamblea se han “vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas”.

El texto destaca la urgencia de “la promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural” y constata y denuncia dolores “de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias”; también “el grito de la destrucción de la casa común” y la “’cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”.

La sinodalidad es el camino, algo que pertenece a la esencia de la Iglesia, por lo que se insiste en que “no es una moda pasajera o un lema vacío”. Es algo que ha hecho aprender a caminar juntos, involucrando a todos.

Ahora se trata de llevarlo a las comunidades, a las bases, por lo que se muestra el compromiso a seguir el camino, aprendiendo y creando, en un itinerario pastoral que busca la conversión misionera y sinodal. Podemos decir que la ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos.

Fuente: aica.org

María Luisa Berzosa anima a transformar la Iglesia

Con el título «Transformar la Iglesia. Sínodo, escucha y misión en salida», el martes 2 de noviembre se llevó a cabo un encuentro virtual convocado por Factor Francisco, que contó con la presencia de la religiosa española María Luisa Berzosa FI, nombrada consultora del Sínodo por el papa Francisco.

En este «caminar juntos» de la Iglesia universal animado por el Santo Padre, la hermana María Luisa analizó el camino que hoy recorre la Iglesia católica para profundizar, conocer y poner en perspectiva el proceso de escucha que sigue avanzando de la mano de Francisco.

En su intervención, la religiosa cuestionó el clericalismo y advirtió sobre la necesidad de una participación más amplia y plural: «La Eucaristía es el centro de la comunidad cristiana, pero hoy todo depende de una vocación sacerdotal que existe cada vez menos. ¿Cuáles son los ministerios no ordenados que tienen que aparecer en la Iglesia por la urgencia pastoral de las personas?».

Además, animó a un nuevo modo de ser Iglesia, sin miedo a la libertad y sin aferrarse a los roles, apuntando más al desarrollo de cada persona: «La pastoral debe cuidar que la persona tenga pensamiento propio, que se ponga de pie, que no viva doblado. Que la persona sea persona, es una tarea de la Iglesia. Más allá de la misa y la comunión, se trata de compartir la vida y la fe al nivel más cotidiano», consideró.

Reflexión del Evangelio: Primer Domingo de Adviento

 Evangelio según san Lucas 21,25-28.34-36

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.
Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.
Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.
Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación».
Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes
como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.
Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre».

Reflexión por Francisco Bettinelli SJ

Comenzamos el Adviento. Siempre decimos, tiempo de preparación y espera. Pero ¿acaso no vino ya Jesús? ¿acaso no conocemos ya el final de la historia? ¿acaso no lo hemos recibido ya? ¿qué esperamos realmente? ¿volver a celebrar la Navidad? ¿o qué? Pienso que precisamente eso es el Adviento, un tiempo para volver a hacerme esta pregunta, ¿qué espero en mi vida? ¿qué busco, qué deseo? ¿qué enciende mi corazón?

El Evangelio nos da un ejemplo de qué se esperaba en los tiempos de las primeras comunidades cristianas. Simbólicamente, nos describe lo que se estaba viviendo. En medio de persecuciones, de amenazas y de grandes riesgos, se esperaba la liberación, la justicia. En la desesperación, esperaban que Dios no los abandonara.

Pero el Evangelio no habla sólo de qué esperar. Sino también de cómo esperar. Que aquél día no venga de improviso sobre ustedes. Esperan ser libres, vivan hoy según esa libertad. Que aquel día no los encuentre distraídos, perdidos en lo no importante, en lo que no llena, en lo que los oprime. Es que eso es la esperanza cristiana. Consiste en vivir hoy según aquello que esperamos. Vivir hoy enlazado a aquello que es importante. Vivir hoy con la alegría de que Dios viene a mi encuentro.

Por eso, estén en vela, estén atentos, estén vigilantes. Porque la salvación de Dios ya viene hoy a mi encuentro. O ya vino. No vaya a ser que venga y yo no la vea. Y pase de largo. Y que pierda aquello que busco. A veces damos tantas vueltas para terminar dándonos cuenta que no hacía falta alejarse tanto para encontrar lo que buscaba. Que aquello que espero y busco no está allá lejos sino aquí cerca, al lado mío, incluso dentro de mí.

Estemos atentos, que no se nos pase de largo todo lo que tenemos para agradecer. Estemos atentos, porque quizá no sabemos lo que buscamos. Estemos con los ojos abiertos, porque quizá Dios venga a superar mis expectativas.

«Escucha y desborde»: mensaje de Francisco a la Asamblea Eclesial

El domingo 21 de noviembre, se publicó el mensaje del Papa Francisco dirigido a los participantes de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, reunidos en Ciudad de México del 21 al 28 de noviembre de 2021.

En su mensaje (firmado en San Juan de Letrán, Roma, el 15 de octubre de 2021), el Pontífice agradece a todos por su presencia en esta Asamblea, «que es una nueva expresión del rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia, en sintonía con el proceso preparatorio de la XVI Asamblea general del Sínodo de los Obispos que tiene como tema ‘Para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’».

En base a estas claves que «vertebran y orientan la sinodalidad», es decir, comunión, participación y misión; el Papa reflexiona brevemente sobre dos palabras que exhorta «a tener en cuenta de modo especial en este camino que están haciendo juntos: escucha y desborde».

Procuren escucharse mutuamente

La primera palabra propuesta por Francisco es escucha:

«El dinamismo de las asambleas eclesiales está en el proceso de escucha, diálogo y discernimiento», escribe el Obispo de Roma, destacando que en una Asamblea, «el intercambio facilita escuchar la voz de Dios hasta escuchar con Él el clamor del pueblo, y escuchar al pueblo hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama».

Les pido -se lee en el mensaje del Papa- que procuren escucharse mutuamente y escuchar los clamores de nuestros hermanos y hermanas más pobres y olvidados.

Que esta Asamblea «desborde” el amor creativo de su Espíritu

La segunda palabra es desborde:

«El discernimiento comunitario requiere mucha oración y diálogo para poder hallar juntos la voluntad de Dios, y también requiere encontrar caminos superadores que eviten que las diferencias se conviertan en divisiones y polarizaciones», escribe Francisco manifestando que, en este proceso, pide al Señor que esta Asamblea sea expresión del “desborde” del amor creativo de su Espíritu, «que nos impulsa a salir sin miedo al encuentro de los demás, y que anima a la Iglesia para que, por un proceso de conversión pastoral, sea cada vez más evangelizadora y misionera».

Por ello, el Pontífice alienta a todos a vivir estos días «acogiendo con gratitud y alegría este llamado al desborde del Espíritu en el Pueblo fiel de Dios que peregrina en América Latina y el Caribe».

«Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide con su protección maternal. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí», concluye Francisco.

Fuente: vaticannews.va

Jornada Mundial de la Paz 2022

«Educación, trabajo, diálogo entre generaciones: herramientas para construir una paz duradera», es el título propuesto por el papa Francisco para la próxima Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1° de enero de 2022, según anunció el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

El organismo vaticano puntualiza que tras la «cultura del cuidado», un camino propuesto en 2021 para erradicar la cultura de la indiferencia, el descarte y la confrontación, imperante hoy en el mundo, para el próximo año el pontífice propone una lectura innovadora que responda a las necesidades de los tiempos actuales y futuros.

La invitación a través de este tema, subraya, es por tanto -como ya dijo el Papa en su discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad del 21 de diciembre de 2019- «leer los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que la dirección de este cambio despierte nuevas y viejas preguntas con las que es justo y necesario enfrentarse».

«Así pues, partiendo de los tres contextos identificados, podemos preguntarnos cómo pueden la educación y la formación construir una paz duradera. ¿El trabajo en el mundo responde más o menos a las necesidades vitales de justicia y libertad del ser humano? Y por último, ¿son las generaciones realmente solidarias entre sí? ¿Creen en el futuro? ¿En qué medida, el gobierno de las sociedades consigue fijar un horizonte de pacificación en este contexto?», plantea el dicasterio.

La Jornada Mundial de la Paz fue establecida por el papa Pablo VI en su mensaje de diciembre de 1967 y se celebró por primera vez en enero de 1968. En el trasfondo estaba la guerra de Vietnam y el llamamiento a un alto el fuego en el conflicto que se prolongaba desde 1955.

Fuente: aica.org

La tentación de ser protagonistas

Reflexión por Genaro Ávila-Valencia SJ para pastoralsj.org

Una de las grandes tentaciones que vivimos actualmente los jóvenes en la Iglesia, y también en otros ambientes, es el avasallador deseo de ser protagonistas. Penosamente, me ha tocado ser testigo de grupos juveniles que quedan heridos y desintegrados porque algunos de sus miembros pelean por el pedestal principal, ese ansiado lugar en donde todos los vean, les obedezcan y les rindan algún tipo de pleitesía. Me parece que esa misma tentación acecha también a las comunidades de religiosas, religiosos y a cualquier grupo humano. Todos estamos expuestos a la tentación de sentirnos indispensables, insustituibles y únicos; y es verdad, cada uno de nosotros es absoluto en sí mismo, imagen del buen Dios y también sujetos de su amor que sobrepasa todas las cosas, pero ninguno de nosotros somos los protagonistas ni de nuestra propia vida.

A muchos jóvenes nos parece que el mundo ha nacido con nosotros y parece que ignoramos que antes de nosotros ha habido muchas personas que han labrado, con su esfuerzo y su sudor, esta bendita tierra que ahora habitamos. La historia no nació con nosotros y el mundo no terminará después de nosotros. ¡Qué liberador resulta ser el darse cuenta de que no somos el centro del mundo y que el universo no gira alrededor nuestro! ¡Qué liberador es percatarse de que las cosas se hacen conmigo, sin mí y, a veces, a pesar de mí! ¡Qué liberador, también, es ser consciente de que soy uno más en la fila de la vida…Uno más y nada más!

El mejor ejemplo siempre lo encontramos en Jesús de Nazaret, que «no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mt 20, 28). Ese mismo Jesús, que sabiamente aconsejaba a sus discípulos, también nos aconseja a nosotros «el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor» (Mt 20, 26). No somos más que servidores en la viña del Señor y nuestro aporte, por más valioso y necesario que sea, no es indispensable. El complejo mesiánico hace mucho daño a nuestras comunidades. Si el Señor nos ha regalado un don o un carisma particular, no es para sentirnos especiales, sino para ponerlo al servicio gratuito y desinteresado de los demás.

Cuidemos nuestro corazón de los vanos deseos de ser protagonistas, pues esos deseos nos pierden y nos convierten en los antagónicos de la historia de nuestras comunidades. Cuidemos nuestro corazón de la hambrienta búsqueda de los reflectores y de los aplausos que tan fugazmente se desvanecen y nos dejan en la nada. Contemplemos cómo la fecundidad de una semilla siempre brota en lo profundo y secreto de las entrañas de la tierra, sin aspavientos, sin escándalos y muy lejos de toda ambición de grandeza.

Del deseo de ser aplaudidos y del temor de ser olvidados: ¡líbranos, Señor!

Reflexión del Evangelio – Domingo 07 de Octubre

Mc. 12, 38-44.

Los letrados (escribas) y la viuda constituyen dos símbolos que encarnan maneras de vivir diametralmente opuestas.

Los primeros se mueven por el poder, queriendo ofrecer una imagen ostentosa y persiguiendo reconocimiento, privilegios y dinero por cualquier medio. Jesús denuncia el “amplio ropaje” que suele utilizarse, en los ámbitos más dispares, como signo distintivo de superioridad. (Si se me permite un paréntesis: ¿qué sentido tiene que, todavía hoy, la jerarquía de la iglesia siga vistiendo capisayos que producen vergüenza ajena y que, para más inri, tienen su origen en los que vestían los poderosos del Imperio romano? Indudablemente, la resistencia a abandonarlos, parece indicar la necesidad, consciente o inconsciente, de manifestar una posición de poder).

En un nivel más profundo, los “letrados” pueden verse como símbolo del ego (religioso), que se mueve en virtud de sus propias necesidades e intereses narcisistas.

Por su parte, la imagen de la viuda, tal como es presentada en el relato, representa a la persona capaz de entregar y entregarse (“todo lo que tenía para vivir”), de manera generosa y desapropiada.

El contraste que el relato pone de manifiesto refleja el que cada uno de nosotros vivimos en nuestro interior. En nosotros conviven, mejor o peor, y en diferentes “dosis”, tanto el “letrado” -el ego que gira constantemente en torno a sí mismo- como la “viuda” -la dimensión profunda que vive en la comprensión y se expresa en el amor que se entrega-.

La psicología profunda nos enseña que “todos tenemos de todo” porque, más allá de la imagen que mostramos y en la que nos reconocemos, hay otra parte equivalente -la sombra- donde se albergan aspectos ocultos de signo contrario. La sombra no es mala. De hecho, en cuanto somos capaces de reconocerla y de abrazarla, la sombra nos humaniza, regalándonos, a partes iguales, humildad y compasión. Dejamos de “ver la mota en el ojo ajeno” -como diría el propio Jesús-, porque ya hemos visto la “viga” en el propio (Lc 7,41).

¿Reconozco al “letrado” y a la “viuda” que habitan en mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente: cvxuruguay.org

Congreso Internacional de Ejercicios Espirituales «De la herida a una nueva vida»

Desde el Lunes 25 al jueves 28 de Octubre, se llevó a cabo el Congreso Internacional de Ejercicios Espirituales «De la herida a una nueva vida», organizado por la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) y por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia.

Hubo aproximadamente más de 800 inscriptos, un equipo técnico conformado por más de 30 personas, y más de 80 facilitadores que hicieron posible las conferencias, talleres, paneles y testimonios.

El momento de apertura del Congreso comenzó con la Eucaristía presidida por Monseñor Luis José Rueda, Arzobispo de Bogotá. Luego, el P. Roberto Jaramillo Bernal SJ, actual presidente de la CPAL, dio un mensaje de bienvenida a todos los presentes. Para finalizar este primer día, hubo un Conferencia de Apertura a cargo del P. Francisco de Roux SJ, Presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición de Colombia.

 

El día Martes 26, segundo día del Congreso, tuvo como Eje temático principal la manera de aceptar y acoger nuestras heridas. Los paneles y talleres estuvieron orientados a dialogar sobre las heridas tanto personales como sociales, y el modo de trabajarlas e incorporarlas en la experiencia de los Ejercicios Espirituales, no sólo desde la propuesta de oración sino también desde el acompañamiento espiritual. La provincia Argentino Uruguaya se hizo presente con la participación del P. Rafael Velasco SJ y el P. Agustín Rivarola SJ en el abordaje de las heridas sociales. Para la perspectiva de las heridas personales, participaron el P. Juan Carlos Juárez SJ y Juan José Berli SJ.

Esta jornada finalizó con un espacio de entrevista en simultáneo al P. Adolfo Chércoles Medina SJ, la Hna. Nora  Beatriz Kviatkovski y el P. Francisco López Rivera SJ.  Tanto aquí como en los paneles que hubo durante el día, el público pudo enviar preguntas que el moderador iba seleccionando para realizarle a los disertantes.

       

El eje temático del tercer día fue la búsqueda de una comprensión diferente de lo que significan las heridas. Las conferencias de inicio estuvieron a cargo de la Dra. María Clara Bingemer y del P. Javier Melloni SJ.

El primer aporte proponía distinguir entre las heridas que generan confusión, exclusión, descarte, opresión, y las que nos abren al servicio, heridas que pueden ser reinterpretadas y en ese ejercicio ayudarnos a encontrar una perspectiva de futuro. Por su parte, Javier Melloni, remarcó la importancia de comprender las heridas personales, de la necesidad de vivir una experiencia de interioridad que nos lleve a nuestro núcleo humano, y desde allí trabajar para ubicarnos en un lugar nuevo, «una vida nueva», tal y como lo vivió Ignacio en la peregrinación de su vida.

Con una perspectiva desde lo diferente, los paneles pusieron en tema de diálogo distintos temas como: Pueblos originarios, diversidad de género, política, todos los temas fueron tratados desde la experiencia de los Ejercicios Espirituales y se abordaron distintas aristas como: el rol de la mujer a la hora de dar Ejercicios, el saber estar como mujer acompañante, el rostro femenino en la espiritualidad, el acompañamiento en la diversidad sexual, invitando finalmente a ser Iglesia en salida, que recibe y abraza el mundo diverso que habitamos.

La Conferencia de cierre del día proponía un espacio para compartir modos alternativos de dar y acompañar Ejercicios Espirituales, el primer aporte estuvo orientado a la importancia de proponer dinámicas para quienes recién llegan a la experiencia y no tienen conocimiento alguno de qué se trata la oración ignaciana. El segundo aporte propuso una dinámica de Ejercicios que combina puntos para la oración escritos y películas. De esta manera utiliza dos tipos de recursos para guiar la experiencia de oración.

El último día del Congreso, jueves 28 de Octubre, tuvo como eje temático el camino para transformar las heridas en fuente de vida, de amor y servicio.  La Conferencia principal contó con la participación del P. General Arturo Sosa SJ, quien presentó el tema «Transformar la herida», haciendo que el itinerario vital y la experiencia de Ignacio, dialogue con la vida de cada uno. Tomando diferentes hitos ignacianos, que nos sirvan de aprendizaje para el camino espiritual personal.

Los paneles y talleres del último día pusieron en diálogo temas como: justicia socio ambiental, mundos juveniles y nuevas tecnologías. Las ponencias sobre el ámbito juvenil y ejercicios espirituales, expusieron los desafíos que se presentan a la hora de acercar la experiencia de oración a los jóvenes, las dificultades, las limitaciones.  Y a partir de las experiencias de los disertantes ayudar a encontrar salidas y propuestas para que los mundos juveniles encuentren cada vez mas un camino hacia la interioridad desde la propuesta ignaciana.

Finalmente, el Congreso fue un espacio que convocó a la familia ignaciana en el mundo, que permitió comprender desde distintas perspectivas las heridas del mundo y de los grupos que lo habitan, comprenderlas para transformarlas en vida, en proyectos, en horizonte de trabajo.

 

 

 

 

 

 

Reflexiones: Rumiar la vida

En la larga historia evolutiva de los herbívoros uno de los factores que hizo que algunas especies –como las jirafas, los ciervos o las vacas– desarrollaran la capacidad de rumiar fue la necesidad de defenderse frente a los depredadores.

Los rumiantes digieren los alimentos en dos etapas: primero los consumen, y luego realizan la rumia, que consiste en la regurgitación del material ingerido. Los biólogos que han estudiado esta adaptación evolutiva nos informan también de que, al remasticar el bolo regurgitado, los rumiantes reducen el tamaño de las partículas fibrosas, facilitando así su paso al resto del tracto gastrointestinal. En resumen, primero ingieren rápido; y luego rumian despacio en lugar seguro, alejados de los depredadores.

Los seres humanos no somos herbívoros. No podemos digerir la fibra vegetal ni rumiar. Por eso el verbo lo usamos en sentido figurado cuando, por ejemplo, queremos pensar algo despacio: «necesito rumiarlo», decimos coloquialmente si necesitamos tiempo antes de tomar una decisión.

En la Biblia no se habla de la rumia porque no se conocía el complejo mecanismo digestivo de los herbívoros. Pero sí se invita con frecuencia a parar, contemplar y meditar. Contemplar la naturaleza –el libro de la creación– y meditar la Escritura –el libro de la revelación– con una actitud pausada y reflexiva.

Muchas prácticas espirituales también pueden interpretarse desde esta clave, como ejercicios de rumia –no del bolo alimenticio, claro, sino de la experiencia humana–. El examen del día, por ejemplo, ¿no es acaso una forma de traer de nuevo a la memoria lo vivido, para saborearlo y digerirlo despacio? Y la oración y la participación frecuente en la eucaristía, ¿no es también una forma de asimilar la experiencia central de la fe cristiana para nutrirnos espiritualmente?

En nuestra época, sin embargo, la capacidad humana de rumiar se está atrofiando por la aceleración de muchos órdenes de nuestra existencia, así como por la fragmentación creciente de la atención.

El rumiante, en sentido espiritual, es el sabio. Y los rumiantes, aquellos que buscan juntos la verdad, la bondad, la belleza y la sabiduría. Ahora bien, en una época marcada por la mercantilización de la atención y la distracción constante ocasionada por los dispositivos digitales, ¿cómo podemos recuperar la serena atención que es requisito de una vida sabia?, ¿qué prácticas cotidianas pueden reconectarnos con nosotros mismos, con los demás y permitirnos saborear de nuevo la vida?

Quizás en nuestro tiempo deberíamos reinventar los antiguos bestiarios adaptando uno de los imperativos de Jesús –«Sed sencillos como las palomas, astutos como las serpientes»– para añadir: «y sabios como los rumiantes».

Perder la capacidad de rumiar nos condena a vivir en la inmediatez, la superficialidad y la ansiedad.

Parar, meditar y saborear despacio la vida nos ayuda a vivir con sensatez, profundidad y serenidad.

Jaime Tatay, sj

pastoralsj.org/es

Reflexión del Evangelio – Domingo 31 de Octubre

Evangelio según San Marcos 12,28b-34.

Por Emmanuel Sicre SJ

Para amar a Dios déjale la iniciativa. No quieras ser mejor que Él.
No lo busques, permite que Él encuentre adonde estás ahora.
Piensa que siempre está más allá de tus errores y fracasos,
no le pongas condiciones a su amor.

Evita devolverle tanta bondad cumpliendo obligaciones y deja que te gane siempre. No compitas con su generosidad. Gracias a Él, es una batalla perdida.
Siéntelo caminando a tu lado durante el día, hablándote en todo lo que te rodea, llegando a todos sin restricciones, incluso a quienes más te cuestan.
Mira cómo disfruta vivir a tu lado desde que naciste.

Para amar a los demás
Deja que sean como pueden ser, no como te gustaría.
Agradece que existan, que tengan sueños, búsquedas, anhelos.
Reconoce sus dones, rescátalos de sus traspiés, juega a su favor, pide tanta fuerza para quererlos cuanto más difícil se torne el vínculo personal y social.
Contempla sus historias, sus heridas y sus respuestas cotidianas con respeto.
Corrígelos, si puedes, con amor, sólo con amor.
Súfrelos con paciencia infinita recordando toda la paciencia que tienen contigo.

Para amarte a ti
Respira hondo y mira cómo la maravilla de ser creatura suya te ha hecho una persona digna, libre, capaz de amar y de crecer.
No temas al “sano egoísmo” de pensarte alguien que busca, aún con sus fragilidades, el bien en un mundo roto.
Contempla tus propios cambios y dales tiempo a los procesos complejos. No corras mucho. Ve al ritmo del Espíritu en ti.
Agradece ser quien eres, aunque tengas tus conflictos y autoreproches, ámate como puedas, pero ámate. Siempre estarás contigo.
Abre toda tu mente, todo tu corazón, todo tu espíritu y déjalos así para que escuchen en su intimidad: “Amarás…”

Emmanuel Sicre SJ