Reflexión del Evangelio – Domingo 08 de Octubre

Evangelio según San Mateo 21, 33-46

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “Escuchen esta parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?”. Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?’ Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Reflexión del Evangelio – Por Patricio Alemán SJ

El evangelio de este domingo nos presenta una parábola sumamente confrontante y que, para comprenderla en su profundidad, es necesario que tengamos en cuenta las otras lecturas que la liturgia nos ofrece. En todas ellas, encontramos imágenes, espacios, tiempos y personajes comunes: una viña, viñadores, frutos, el tiempo de la cosecha, el dueño de la viña, etc. A través de ellas, Jesús nos comunica la dinámica del Reino de Dios en nuestra vida y en nuestras comunidades.

A lo largo de la parábola, hay una dinámica propia del Reino de Dios que en términos ignacianos podemos definir como “don y tarea”. La viña es un don dado a los viñadores con una tarea específica: para que sea cuidada y dé frutos. El mismo Reino es una promesa (don) que se nos ha dado, pero que necesita ser trabajado. Debemos comprometer nuestras manos en su siembra y en su cuidado. Es curioso que los viñadores en vez de comprometer sus manos con la siembra y el cuidado, las comprometen con la violencia y la muerte, signos de la dinámica del anti Reino.

La dinámica del anti Reino es fruto de reconocer la vida no como un regalo, sino como una construcción propia en la cual los frutos se miden en títulos y propiedades. Y para ello, sólo cuenta el propio esfuerzo. Popularmente decimos que cada uno cosecha lo que siembra. Así pues, la cosecha depende del trabajo que cada uno realice. Ello es lo que me permite exigir como propios los frutos obtenidos, y administrarlos como me plazca. Y, al mismo tiempo, me permite desentenderme de las cosechas de los demás: si no les ha ido bien, es porque no han trabajado lo suficiente, porque pierden su tiempo, porque no han aprovechado las oportunidades. Los viñadores consideran que la cosecha es fruto de su trabajo; la merecen y están en su “derecho” de defenderla.

Sin embargo, la lógica del Reino es distinta e implica reconocer la vida como don y tarea. Desde allí podemos entender el envío del hijo al encuentro con los viñadores. O, mejor dicho, podemos acercarnos al misterio y a la gracia de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. Es una dinámica que constantemente sale al encuentro para revelarnos esa promesa y presencia gratuita, dinámica y transformadora del Padre en mi propia vida y en nuestra historia: “el Dios de la paz estará con ustedes” (Flp. 4). El Padre envía a su Hijo no sólo para hablar al corazón de los viñadores, sino también porque escucha el clamor de aquellos que han sido maltratados, marginados y violentados por quienes se han apoderado de la viña, de sus frutos y de sus vidas: “observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid” (Sal. 80).

 Pero también al Hijo lo arrojan fuera y lo matan. La novedad que el evangelio nos presenta es que el Padre no toma venganza. Al contrario, el Padre confirma el amor a su viña y la fe en los viñadores resucitando al Hijo. De este modo, el Padre toma “bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús” (Flp. 4). La antigua dinámica de los viñadores, según la cual cada uno obtenía lo que se merecía, queda destruida. El Reino se empieza a construir en Aquél que fue rechazado por los hombres, pero exaltado por el Padre, es decir, en el Resucitado. La autojustificación es reemplazada por la gratuidad de la salvación comunicada por el Hijo.

Cada uno de nosotros está invitado a vivir la experiencia del encuentro con el Resucitado. Sólo así podemos reconocer nuestra propia vida como un don amoroso que Padre nos ha regalado, y como una tarea de comprometerla con la siembra del Reino. Desde y con el Resucitado, respondemos a la tarea-misión de vivir y anunciar esa lógica del amor gratuito y misericordioso que deja atrás las dinámicas de venganza y violencia.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

Oración para Aprender a Amar

Una oración para ejercitar el amor poniéndolo más en las obras que en las palabras y al servicio de los hermanos.

Por Santa Teresa de Calcuta

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;

Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;

Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

 

Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;

Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;

Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

 

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;

Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;

Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

 

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;

Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

 

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;

Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día,

También nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

 

Fuente: Red Juvenil Ignaciana

 

Invitación a Construir lo Bello

De la experiencia de acompañar a las parejas en el día de su matrimonio invita a una reflexión sobre el llamado innato de la humanidad a construir desde el amor y el respeto mutuo en un mundo donde las realidades de dolor y destrucción resuenan con fuerza.

Por Ismael Bárcenas Orozco

Llevo 8 años de que me ordenaron sacerdote. Un evento que me sigue poniendo nervioso son las bodas. En la sacristía, mientras me revisto y repasó mentalmente la homilía, pido la casulla que se usa en ocasiones especiales, hoy es un día significativo que divide la historia de una pareja en un antes y un después.

Voy a la entrada y percibo el momento. La gente está elegante. Saludo a las familias y voy primero con el novio, trato de decirle que calma, que se trata de disfrutar cada instante. Voy con la novia, igual, sugiero serenidad, dejemos que las cosas fluyan, todo saldrá bien, disfruta y mantente atenta pues lo que está a punto de iniciar será algo que tus nietas te pedirán que recuerdes.

Como sacerdote me toca abrir brecha, voy encabezando el cortejo. Rostros expectantes esperan la entrada de la novia. Antes de subir al altar hago una genuflexión, llego al altar y le doy un beso. Hay coros, cantos y marchas nupciales. Veo al novio tomando de la mano a su novia. Comenzamos.

Vienen los saludos iniciales, el acto de contrición, la oración colecta y las lecturas. Leo el Evangelio, procuro hacerlo sin prisa. Busco una distancia propicia para hablar al micrófono, trato de escuchar en el sonido local que el audio se oiga bien. Procuro que la homilía sea breve y profunda. Posteriormente invito a los papás de los novios que pasen a bendecirlos. Fueron tantos años de cuidados, de llevarlos a la escuela, al entrenamiento de futbol o de ballet, de estar y acompañar en tantas etapas, que es importante bendecir a los hijos que están por comenzar la aventura de formar una nueva familia.

Posteriormente vienen los votos matrimoniales. Es importante estar sereno y percibir con conciencia el momento. Vienen instantes que detienen el tiempo, hay decisiones que nos llevan a tocar la Eternidad. Invito a los novios a que se tomen de las manos. Lo que hay que decirse hay que decirse viendo a los ojos de la persona amada: Yo te acepto a ti… y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida. En ocasiones invito a los novios a que, con sus palabras, nos compartan porqué quieren vivir la vida juntos. Los recién casados suben el volumen a lo que traen en el corazón y nos llevan al infinito.

Luego se bendicen los anillos y las arras, en México se acostumbra poner un lazo, como símbolo de unión. Viene peticiones y acciones de gracias. Continuamos con la eucaristía. En el momento de la paz me encanta ir con los novios, desearles lo mejor y darles un abrazo. Después de la comunión siguen más momentos solemnes. Hay que firmar el acta de matrimonio. Hay que dejar un ramo a la Virgen y agradecer y pedirle que nos proteja con su ternura. Viene la bendición final y desde el altar despido a los esposos que salen en medio de aplausos y una lluvia de pétalos.

Después de los atentados en las Ramblas de Barcelona, no he dejado de traer en la cabeza la Canción del elegido, de Silvio Rodríguez: “Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida”. Un fanático en un arrebato de locura puede generar mucho daño en fracciones de pocos segundos. Pero eso no es la vida. Para eso no se nos envió a la vida. No se nos envió para generar dolor, ni muerte. Estamos aquí para respetar al otro, para cuidarlo y amarlo. Se nos envió y se nos invita a construir la fraternidad, el futuro y el amor. Construir lo bello lleva mucho tiempo. Esta apuesta es la que nos hace humanos. Construir lo que vale la pena, lo que nos abre a horizontes de plenitud y esperanza, es algo que nos lleva todos los días de la vida.

Fuente: Entre Paréntesis

“Madre Catalina Se Involucró con su Tiempo y con su Fe Aportando Ideas Superadoras”

Entrevista a la Hna Silvia Somaré, Esclava del Corazón de Jesús, para el periódico La Voz del Interior en el que cuenta detalles de la vida y el carisma de Madre Catalina de María, fundadora de la Congregación que será beatificada en noviembre próximo.

¿Cuál es el mensaje para los cordobeses y para los argentinos de este tiempo de la beatificación de una mujer que vivió dos siglos atrás?

La beatificación de Catalina, si bien es un reconocimiento de la Iglesia hacia la vida de bien que llevó esta mujer, no es un trofeo o un signo de superioridad. Es la figura de una persona que se pone como modelo por imitar, lo mismo que hace, por ejemplo, la historia con los próceres. En la Iglesia, además de ejemplo, se la considera mediadora ante Dios.

Pero me imagino que también hay un mensaje “laico”, que va más allá de lo eclesial, porque se trata de una mujer especial, por el tiempo en el que le tocó vivir…

La época en que vivió Catalina, pleno siglo XIX, fue el tiempo en el que se diseñaba la patria naciente, se buscaban caminos por dónde construir la mejor Córdoba y la mejor Argentina. Había disensos, puntos de vista y luchas fratricidas por esas diferentes ideas políticas que apuntaban al ideal de República. Unitarios contra federales, rosistas contra antirrosistas, el interior versus Buenos Aires. Esas ideas políticas tenían también expresiones en la sociedad, en la economía, en la cultura. Sumados a los paradigmas del silencio y de la educación rudimentaria de la mujer, además del protagonismo acotado a unas pocas con relación a los varones que lideraban en todo sentido.

Hoy seguimos con disensos…

Con disensos y paradigmas. El gran mensaje de esta beatificación para la sociedad es rescatar figuras como Catalina de María, quien, buscando dejar el mundo mejor de lo que lo encontró, hizo visible lo que incomodaba y entregó su propia vida detrás de su ideal. Fue una mujer que dio voz a otras y que golpeó puertas sin temer a los portazos, sin usar una actitud de competencia con el varón, sino de complemento. Se involucró con su tiempo y con su fe aportando ideas superadoras, generando encuentros y tendiendo puentes.

Perdón, pero ¿está segura de que fue así? No era fácil para una mujer, en ese tiempo, ser tan rebelde.

Más que de rebeldías de la Madre Catalina me gusta hablar de transgresiones, de visiones amplias y atemporales. Y antes de describirlas, es importante aclarar el porqué y el por quién de estas “rebeldías”. No lo hizo por el nombre de una calle o un monumento, por su propio ego o para demostrar su poder. Lo hizo tras de su ideal que era servir a Dios y, en Él, al prójimo más herido. De ese modo la rebeldía cobra otro color y es la que perdura en el tiempo, y es permeable a todos. También para comprenderla hay que considerar el rol puertas adentro que jugaba la mujer sin tener acceso a la educación formal, como así tampoco al diálogo con autoridades o a opinar en público.

¿Era una monja “atrevida”?

No. Pero sí podemos decir que Catalina cometió muchas acciones llevada por lo que sería un “más vale pedir perdón que pedir permiso”. Como que se lanzó conscientemente, no de un modo atropellado, pero saliéndose del molde.

¿En qué acciones, por ejemplo?

Le cuento algunas: en un momento de su matrimonio, su esposo, que era antirrosista, junto con otros militares, fue acusado injustamente de liderar una revuelta, y fue llevado preso. Catalina, junto con otras esposas preocupadas, le escribió una carta al gobernador Fragueiro para pedir la liberación de los maridos “en nombre de la humanidad y la civilización”. Años después, ya viuda, con el deseo de fundar la Congregación religiosa, dijo que encontraba obstáculos por su salud precaria y por su “estado de viudez”, es decir, que le ponían dificultades para el voto de castidad por no ser virgen. Y ella misma señala que lo que interesa es la virtud y los méritos.

“La tenía clara” dirían hoy los chicos…

Era una mujer decidida. Ante la dificultad para concretar la fundación de la Congregación, su director espiritual le dijo que intentara entrar en un convento de clausura. Hay que recordar que esto ocurría en una época patriarcal y clericalista, en la que la opinión del confesor era prácticamente la “voluntad de Dios”. Catalina rechazó la propuesta con el argumento de que no tenía espíritu para esos conventos…

Y así nacieron “las Esclavas”…

La fundación de las hermanas Esclavas se da en una época en la que, en nuestro país y alrededores, la vida religiosa femenina era puertas adentro. Y Catalina plantea una congregación apostólica, en la calle, y así surge la primera congregación de este tipo en el país. Quizás la más resonante de las “rebeldías” es su idea fundacional: formar “una comunidad de Señoras al servicio de las Mujeres”, para enseñarles, protegerlas porque le daban pena los peligros en que estaban. Nada especial si lo leemos literalmente, pero particularísimo cuando se advierte que cuando Catalina decía “mujeres”, se refería a las mulatas, a las prostitutas, a las esclavas, a las sirvientas… Todas las que en esa época eran consideradas lo menos valioso o inexistente de la sociedad. “Señoras” eran las solteras o casadas que por apellido, abolengo, marido o fortuna se destacaban como lo superior del género femenino. Catalina da vuelta el paradigma, ya que hasta entonces las “mujeres” servían a las señoras, y Catalina propone que sea al revés.

Fue laica durante 48 años y tuvo una hija

Catalina fue laica durante 48 años. En ese tiempo se casó con un viudo que ya tenía dos hijos y tuvo una hija que se le murió al nacer. Fue una buena esposa quien, al morir su marido, dijo: ‘Murió el ser que yo más amaba después de Dios’. Crió como propios a sus hijastros quienes desearon siempre estar a su lado después de la muerte del padre. Por eso, Catalina será también la primera beata latinoamericana que fue madre de familia.

Fuente: madrecatalinademaria.com

Ser No es Ser Visto

Sobre la búsqueda de reconocimiento, la invitación a un actuar desinteresado y la plenitud de las experiencias…

Por Jaime Villanueva

Hace unos días salían en los periódicos noticias sobre un conflicto generado por Trump. Parece que, según estas, habría revelado información sensible al gobierno de Rusia por el simple hecho de demostrar su poderío hacia el resto.

Sea o no cierto, lo que sigue siendo real es la postura que toma la gente con respecto al tener y al ser o hacer. Hay una cierta inclinación a demostrar, y desde la falsa humildad, conseguir que la gente se entere de lo que uno tiene y hace. Lo que se consigue con esto es un reconocimiento momentáneo, una felicidad vacía porque no viene del hacer desinteresado sino del hacer por el reconocimiento. El recorrido que tiene es corto y débil.

Cierra los ojos y sueña tu vida. Busca los momentos con los que te quedarías porque te sientas realizado. Observa cuántas veces el foco de ese sueño está en otra persona como protagonista en vez de en ti. Busca tu felicidad. La puedes encontrar. No busques la aparente felicidad del reconocimiento y la palmada. Implícate por los demás para ayudar, estar para ellos. Que acaben hablando de ti por lo atento, detallista y generoso y no por tu buena posición y poder. Las verdaderas y buenas relaciones entre la gente serán lo que nos dé felicidad y no serán más que cuidar del otro.

¿Qué consigues dando a conocer a bombo y platillo tus virtudes, actos heroicos y favores para los demás? Escucha a la gente, detente cuando veas que algo le puede hacer ilusión o necesita y hazlo realidad sin que se entere que has sido tú. Tan feliz te sentirás por la ilusión de esa persona que no necesitarás el reconocimiento de la gente, su alegría es tu reconocimiento. Aunque puede que seas tú el único en saberlo. Y este recorrido sí es largo y reconfortante.

Fuente: Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 02 de Octubre

Evangelio según San Mateo 21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. Él respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. “El primero”, le respondieron. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.

Creo que podemos ver este pasaje del Evangelio como una enseñanza de Jesús de cómo es el seguimiento del Evangelio. Hacer la voluntad del Padre, es seguir el Evangelio de los cielos. Parece que aquí Jesús nos enseña a contemplar la dimensión progresiva de la vida de la persona. Esta dimensión progresiva de la persona estaría plasmada por la frase “pero después se arrepintió y fue”. Aquí el “pero”, nos muestra que en un momento anterior, este hijo estaba haciendo lo contrario, en este caso sería lo contrario a lo que el Padre le estaba pidiendo. Sin embargo, la palabra “después se arrepintió”, nos está indicando que dentro de un período de tiempo, logró cambiar su parecer ahí es donde logra hacer lo que el Padre le había pedido.

 Reflexión del Evangelio – Por Julio Villavicencio SJ 

Aquí hay una enseñanza que me parece sumamente importante. El seguimiento del Evangelio no es para perfectos, es para los que en el camino de la vida logran descubrir de qué se trata la vida. La Vida verdadera. Esa ahí donde muchas veces, desde nuestros errores nos alejamos de lo que el Padre nos pide, más no del amor de Dios. A veces hasta podemos decir “no quiero”, pues vemos que lo que deseamos, lo que queremos, lo que creemos que nos va a hacer felices es algo que está en otro lado. No está en lo que la fe nos ha enseñado. Y nuestros actos, no van con nuestro discurso. Y eso pasa muy seguido, y finalmente es muy humano. Sin embargo la vida nos va enseñando, los dolores y decepciones nos van mostrando cuántos caminos errados hemos recorrido. Y la experiencia del amor en nuestras vidas, va dándonos luz para reconocer lo que realmente vale la pena en la vida. Es ahí donde regresamos al Padre, en las experiencias de amor nos aceramos al amor del Padre, que siempre estuvo con nosotros, y aunque en un primer momento le dijimos “no”, podemos ser como ese hijo que “después recapacitó y fue”. Fue a hacer lo que el Padre le pedía, que finalmente lo que desea el Padre es que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

No nos extrañemos de que mucha gente que hoy vemos y tal vez criticamos, en el tiempo, en su progreso humano, logren entender mejor que nosotros de qué se trata el Reino de los cielos, “Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios…”

Por eso, a no desfallecer por nuestros errores y dolores, todo ayuda, todo sirve. El camino del Reino no es para perfectos, es para los humildes de corazón, que reconocen sus errores y son capaces de volver al Padre, tantas veces como sea necesario. No cierres tu corazón, no sientas que la vergüenza es mayor que el amor de Dios. Dejate enseñar, perdonar, cree en el Amor que hace nuevas todas las cosas. Como nos enseña el Papa Francisco, “Dios es Padre, y (…) nos ama y quiere nuestra salvación, y siempre perdona, siempre”. 

Creo que esta es la gran alegría a la que estamos llamados, la Buena Noticia en nuestras vidas, Dios nos ama y no importa lo que hagas o hayas hecho, siempre será así ¿Crees en esto?

Fuente: Red Juvenil Ignaciana

Madre Catalina Nos Invita a Compartir la Vida

Una reflexión que nos invita a no abandonar nuestros sueños más profundos, perseverando en la confianza en Dios, a la luz de la experiencia de Madre Catalina.

“Esté pues tranquila donde Dios la ha colocado y sírvalo con empeño y fervor que así tendrá en todas partes la paz que le deseo en su espíritu y las bendiciones de nuestro Amo el Corazón de Jesús” (Carta 5, Tomo III 1º Parte)

Muchas veces en nuestro interior pensamos y deseamos servir al Señor en muchos proyectos, iniciativas, pero al mismo tiempo nos vista el “si yo tuviese….” “si yo pudiese….” “si yo contara…” que hacen que nos paralicemos esperando que se den muchas condiciones para concretar nuestra construcción del Reino.

Madre Catalina nos invita a no abandonar estos sueños, como ella misma lo hizo esperando siete años para que se diera la realización de su Sueño Dorado. Pero al mismo tiempo nos invita a estar tranquilos y en paz en el lugar que hoy nos toca esperar, comprometiéndonos con la realidad concreta que hoy tenemos ante nuestros ojos… así nuestra espera no será en vano, no será infecunda, sino que ya desde este lugar iré sembrando las semillas del Reino.

Cada uno de nosotros tiene en su interior un potencial de bien para compartir con los demás, sólo tenemos que reconocer aquello tan valioso que Dios me ha regalado para compartirlo hoy.

Podemos en este día detenernos y ver ¿Cuál es ese lugar donde Dios me ha puesto hoy? ¿a qué realidad puedo hoy dar una respuesta? ¿Qué gesto concreto puedo hoy poner en práctica?

Fuente: madrecatalinademaria.com 

Foto: Radio Galilea

 

Ejercicios para Jóvenes: «Pensar hacia Dónde Voy, y a Qué…»

Entrevista al P. Francisco Jiménez SJ en la que habla de los Ejercicios Espirituales para jóvenes, una iniciativa de la que está a cargo en Chile y que tiene algunas características especiales y un recorrido propio.

Por Andrés Mardones

¿Cómo se diferencian los Ejercicios para jóvenes de los regulares?

Estos Ejercicios son para jóvenes no porque haya una modalidad específica; son los mismos Ejercicios Espirituales, pero se segmentan de dos formas: una es que la vivencia juvenil se introduce en los puntos; es un retiro ignaciano, personalizado, pero buscamos que la temática juvenil, las grandes opciones de vida, estén presentes en el retiro, es decir, que las problemáticas que tienen los jóvenes hoy quepan en la oración. Pero el método, es el itinerario de Ignacio. La segunda manera de segmentar, tiene que ver con que los Ejercicios son caros, entonces, lo que hacemos es pedir un aporte moderado a los jóvenes, especialmente a los que no trabajan, y el resto lo cubrimos con donaciones. Una parte importante la pone la Compañía; la otra, las religiosas del Sagrado Corazón y las Esclavas del Sagrado Corazón, lo que se suma a lo que recibimos de otros donantes.

¿La oferta es amplia, se realizan durante todo el año y en todo el país?

Sí. Este año, programamos 31 tandas. Hacemos trece en Santiago, y el resto en regiones. El rango de edad de los asistentes es entre 18 y 29 años. Es decir, son para jóvenes que ya han salido del colegio.

Los Ejercicios son una oportunidad para ordenar la vida, ¿están tomando los jóvenes esta oportunidad?

Los Ejercicios Espirituales enganchan muy bien con la cultura actual. Hay que pensar que vivimos en la modernidad. Ignacio creó los Ejercicios, vivió la experiencia de estos con una mentalidad similar a la nuestra. La estructura, el corazón de los Ejercicios, empata muy bien con las inquietudes del hombre y la mujer actuales. Por lo tanto, uno nota cómo los jóvenes enganchan profundamente con los temas que plantea Ignacio, y con el método. En un mundo tan ruidoso, tan acelerado, donde la tecnología ocupa gran parte de nuestro tiempo, los Ejercicios hacen que dejes el celular, dejes la tecnología y que tengas silencio, te encuentres contigo mismo. Eso resulta súper atractivo. Los jóvenes, y las personas en general, anhelan espacios así, de intimidad, de silencio, de reflexión, y sobre todo, espacios de relación profunda. Y los Ejercicios son un espacio de relación profunda con Dios. Lo que buscan es que la persona se encuentre con Él, y para eso creamos un cierto ambiente, para que hables con Dios y lo escuches. Ignacio nos ayuda con criterios para descifrar cómo habla Dios.

Y son atractivos por otra cosa también, porque actualmente se habla de que la experiencia religiosa está subjetivizada, lo que significa que no le voy a dar validez a una creencia si no la experimento. Antes la gente no necesariamente sentía o experimentaba, pero creía igual; porque sus padres creían, porque su cultura creía, y no era necesario experimentarlo. Hoy no se puede creer en nada que yo no experimente, y los Ejercicios son una forma de experiencia de Dios, de sentirlo, de vivirlo, de habitarlo. Por eso son tan exitosos.

Entonces se produce ese enganche, pero, después de eso, ¿qué le dejan a un joven los Ejercicios?

Tenemos una tasa bien alta de “reincidencia”; más o menos el 50%. Hay jóvenes que hacen Ejercicios todos los años, los toman como un hábito. Porque el joven descubre un modo de relación consigo mismo y con Dios. Pero además se da cuenta de que los Ejercicios lo ordenan y lo centran. Estamos llenos de estímulos, de cosas atractivas, pasamos todo el día eligiendo, y muchas veces no sabemos cómo elegir, o no sabemos si la vida que estamos llevando es la que queremos llevar, y los Ejercicios te detienen y te ayudan a tomar decisiones. Te enfocan en lo que es verdaderamente esencial e importante. Además, he notado que después de los Ejercicios, ellos toman decisiones más acordes a una vida profunda y ligada a los valores del cristianismo. Por ejemplo, varios deciden tomar apostolado; otros buscan acercarse a los pobres, o hacer voluntariado; y algunos deciden tener más vida comunitaria. Esto porque se gatillan cosas, preguntas y necesidades que no te habías dado cuenta que tenías. O también se genera interés por ciertos estilos de vida que las personas intuían como valiosos, pero que con los Ejercicios se instalan como una certeza, por ejemplo, vivir más sencillamente. Y, por último, hay algo que me gusta mucho de los Ejercicios, y es que son muy abiertos eclesialmente, o sea, tenemos jóvenes que vienen de muchas realidades socioeconómicas —porque contamos con becas—, de distintas espiritualidades, del mundo diocesano, del mundo schoenstattiano, del opus… Es un espacio no militante. Compartimos la espiritualidad ignaciana, pero es una herramienta para todo tipo de espiritualidad.

Pensando en el Sínodo, ¿se está haciendo algo especial?

Hemos tomado dos decisiones en relación con los Ejercicios y el Sínodo: la primera, empezar a formar más acompañantes, ya que una de las limitaciones que tenemos es la cantidad de acompañantes con la que contamos. Estos Ejercicios son personalizados, por lo tanto hay que tener gente preparada, capaz de acompañar a cada joven. Por ello estamos realizando cursos de formación. Lo segundo, es promover los Ejercicios para secundarios. La idea es aumentar la oferta, porque si las nuevas generaciones conocen los Ejercicios en el colegio, seguramente van a estar más motivadas para hacerlos en la universidad y seguir haciéndolos toda la vida.

¿Cuál es la invitación concreta que se realiza a los jóvenes para que vivan los Ejercicios?

Tenemos un eslogan, que es una frase de Ignacio de los Ejercicios: “Pensar hacia dónde voy, y a qué…”. Es un eslogan muy bueno. De hecho, hay gente que llega solo por él. Eso pasa, justamente, porque los Ejercicios ayudan a que te des cuenta hacia dónde quieres ir. Tienen un profundo sentido vocacional.

¿Y los jóvenes llegan más o menos claros de lo que quieren, o más bien perdidos?

No tener claro hacia dónde voy, no siempre significa estar perdido. Hay gente que llega más perdida que otra, pero en general todos estamos, en esta época de cambios, buscando nuestro destino, buscando una vocación. Por lo tanto, todos llegan con preguntas vocacionales.

¿Hay algún desafío pendiente, algo que se esté pensando a futuro?

Algo que ya había mencionado: la formación de acompañantes. Es un desafío formar más laicos. Otro es ampliar nuestra plataforma de Ejercicios a secundarios. Y un tercer desafío es ofrecer este servicio a las parroquias diocesanas. Ya lo hacemos con algunas iniciativas, pero queremos aumentarlo. Es importante la colaboración para ello. Estamos en contacto con la Vicaría de la Educación Superior y con la Vicaría de Esperanza Joven, para trabajar con ellas… A veces en la Iglesia trabajamos separados, y pienso que lo ideal es potenciarnos mutuamente. Los Ejercicios son una riqueza de la Compañía, de la espiritualidad ignaciana, pero que debemos compartir abiertamente a toda la Iglesia, sin competir, sin necesidad de sentir que me estoy metiendo en un nicho ajeno, sino que al revés, sentirnos todos parte de lo mismo.

Fuente: Jesuitas Chile

 

A Dónde Voy y a Qué

¿Cómo podemos interpretar esta popular frase de San Ignacio de Loyola?

Por Luis María García SJ

Ignacio de Loyola es un artesano del discernimiento, un maestro de la elección. Sabe lo que quiere y lo busca con ahínco. Junta el deseo y la eficacia, la visión intuitiva y el resultado práctico. Por eso nos puede enseñar a buscar y hallar lo que más deseamos para nuestras vidas.

Ignacio también emplea esta estrategia de la lucidez al servicio del encuentro con Dios. ¿Cómo encontrarse con Dios en la oración? ¿Cómo hallar a Dios en todas las cosas? Pues ante todo, cuidando las adiciones, nos responderá Ignacio. Es decir, aplicando pequeñas estrategias que facilitan el ambiente de ese encuentro, que preparan a la persona para la oración.

Una de estas estrategias se resume en esa frase, que resulta un logrado aforismo ignaciano: antes de empezar a orar, advertir a dónde voy y a qué (Ejercicios, 206).

La expresión tiene variantes. Por ejemplo, para la primera oración del día aconseja pensar a la hora que me tengo que levantar y a qué (Ejercicios, 73). Para sus tres modos de orar recomienda considerar a dónde voy y a qué (Ejercicios, 239). En otro momento Ignacio es más explícito: poniendo delante de mí a dónde voy y delante de quién (Ejercicios, 131).

Es un ejercicio de advertencia y un ejercicio de intencionalidad. Nos hace más lúcidos y nos prepara mejor para todo lo que emprendemos. Activa nuestras intenciones conscientes y nuestras operaciones profundas para ordenar nuestra energía interior en la dirección que deseamos. De este modo, optimizamos nuestro psiquismo al servicio del encuentro con un Dios que, de su parte, quiere siempre tenernos consolados.

Esta intencionalidad lúcida puede aplicarse a todo lo que hacemos. Quien vive esta actitud vital se hace persona más consciente, afronta los retos de la vida con mayor preparación y sin duda está más preparado para en todo amar y servir a su divina Majestad (Ejercicios, 233).

Fuente: Ser Jesuita

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 24 de Septiembre

Evangelio según San Mateo 19, 30-20, 16

Jesús dijo a sus discípulos: “Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’. Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’. El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.

Reflexión del Evangelio – Por Maximiliano Koch, sj

Para los judíos del tiempo de Jesús, no cualquiera podía ser considerado “amigo”. Esa palabra –tan vanalizada y mal utilizada en nuestros días- implicaba un compromiso personal. En efecto, los “amigos” tenían un vínculo tan estrecho que podían sentarse a la mesa del dueño de casa y compartir los espacios reservados para los familiares. Los “amigos” compartían los sueños, los proyectos, los deseos y la suerte, de tal modo que si uno de ellos tenía alguna dificultad económica, el otro se sentía con el deber de auxiliarle, aún a riesgo de poner en peligro su propia existencia.

 Por eso, es curioso que ante el juicio que algunos de los jornaleros hacen acerca del modo de actuar del dueño de la viña, éste les llame “amigos”. Porque parece que entre ellos se abre un abismo, comprendiendo la realidad de modo casi irreconciliable. Unos sólo pueden comprender la vida, las relaciones, la realidad a través de los méritos que se realizan. El otro, por el contrario, no se preocupa por estas cosas, sino que se acerca a los desocupados, habla con ellos y los invita a sumarse a su trabajo. No piensa en su propio provecho y necesidad, sino en la de aquéllos hombres que han pasado el día esperando que alguien les contrate.

O quizá no sea curioso. Porque los hombres miramos al mundo tal como aquéllos jornaleros que han trabajado todo el día. Aprendemos, desde pequeños, que debemos realizar ciertas tareas y comportarnos de determinada manera si queremos progresar en la vida. El esfuerzo, tarde o temprano, será recompensado, por lo que debemos trabajar constantemente para que los resultados sean reconocidos por la sociedad, por nuestros jefes, por nuestros semejantes.

Este modo de actuar exige, por lo tanto, un viñador que juzgue con criterios severos y reglas claras. Pero el dueño, en esta parábola, nos desconcierta e incomoda al mostrarse capaz de mirar el mundo de una forma muy distinta, con ojos que se posan sobre personas y no sobre trabajos.

Por eso, esta lectura constituye, sobre todo, una invitación para ser amigos del dueño de la viña, adentrarnos en su casa, sentarnos en su mesa y desear compartir su modo de ver el mundo. Hacer que sus deseos sean los míos y su suerte la mía. Y, de este modo, salir con él a aproximarnos a la realidad de necesidades, angustias, dolores y hambre que la gente carga a sus espaldas.

Sólo si nos hacemos parte de este sueño y proyecto del dueño de la viña, podremos dejar de lado nuestros prejuicios y juicios acerca de nuestro entorno. Dejaremos de pedir un juez que intervenga sobre la historia para condenar a los injustos y podremos ensuciar nuestras manos construyendo casas más amplias, con comedores más amplios, donde quepa más gente en la mesa y otros más sean considerados “amigos”.

La invitación que el Padre nos hace está delante nuestro. ¿Queremos sentarnos a su mesa?

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe