Reflexión del Evangelio – Domingo 2 de Julio

Evangelio según San Mateo 10, 37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.

Reflexión del Evangelio – Por Patricio Alemán SJ 

La liturgia de este domingo nos ofrece un texto en el que encontramos una recopilación de frases y enseñanzas dichas por Jesús. Algunas parecen ser muy duras. Otras, una escena de “celos” de Jesús hacia quienes lo seguían o pretendían hacerlo. Pareciera que Jesús nos obliga a entrar en una lógica de “ellos o yo”, “tu vida o la mía”. Por eso, al leer el texto es común que nuestros corazones se estremezcan y atemoricen. Trataremos de ir más allá de esta primera impresión que el texto nos genera para intentar comprenderlo con mayor profundidad.

Lo que le da cierta unidad al texto litúrgico es la centralidad de Cristo en sus frases: “a mí”, “de mí”, “por mí”. Todo el mensaje está centrado en la vida y la persona de Jesús. De igual manera, podemos preguntarnos si es Jesucristo, el Hijo de Dios, el centro de mi vida. Tal vez allí esté la clave para comprender el texto.

 Al ser Jesús el centro de nuestra vida, ella se ordena en torno a Él. Entonces, no se trata de tener que elegir entre amar a nuestros padres (o hijos) o a Jesús. Sino que la invitación es a amarlos en él como un don que la vida nos ha dado. Un don que proviene del Dios de la Vida que Cristo nos anuncia. Es una invitación a vivir con la conciencia y la certeza de que nuestros padres y todas las personas que llegan a nuestra vida son regalos que Dios nos ha hecho. Que los hijos, como se dice popularmente, nos han sido “prestados” y encomendados por Dios. Y es precisamente Jesús quien nos enseña a relacionarnos con ellos. Basta contemplarlo hablando con su madre María, o con los niños, por quienes tiene un amor preferencial.

 Si aceptamos vivir en esa lógica del don, se nos vuelve un desafío mayúsculo tomar la propia cruz. O más que tomarla, aceptarla, abrazarla y amarla. Pero entendiendo la cruz como aquellas experiencias o situaciones que se nos presentan en la vida y nos obligan a crecer como personas, como hijos, padres, hermanos, profesionales. Como decía un jesuita, “donde abunda la crisis, sobreabunda el crecimiento”. La invitación de Jesús es abrazar nuestras cruces por él y por nuestro seguimiento. Y al hacerlo así, reconocemos que allí sobreabunda la vida, aunque muchas veces de modo incierto. Pero no sólo eso, sino que también descubrimos la abundancia de Cireneos presentes en nuestra vida.

 Al entrar en esta lógica del don a la que Cristo nos invita, vamos descubriendo que nuestra propia vida está llena de amores y de ciertas cruces. Y que, a través de ellas, vamos encontrando y reconociendo nuestro ser más profundo: que mi vida es también un don. Un don que se me ha dado por amor y que está llamado a la plenitud por el misterio de la cruz y resurrección. Una vida que todo el tiempo nos recuerda que somos amados incondicionalmente por el Dios de Jesús, el Dios que es Amor.

 Al comprender y creer en ello, nos encontramos con nosotros mismos. Y casi sin darnos cuenta, comenzamos a perdernos. Porque en lo más profundo de nosotros, también hemos comprendido que el don de la vida es para compartirlo. Como el pan que se parte. Como lo hicieron nuestros padres, como lo intentamos hacer con los propios hijos, hermanos, amigos. Lo hacemos “por Cristo, con Él y en Él”, de modo que ellos, y todos quienes nos rodean, puedan encontrarse con el Dios de la vida. Y ya no sólo cargamos la propia cruz, sino que nos convertimos en Cireneos de otros.

 Desde esta lógica, la última frase del evangelio toma una fuerza transformadora: “les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa”. Porque empezamos a mirar, a reconocer y a entender que la vida está colmada de esos pequeños gestos de amor que nos revelan la lógica del Dios Amor. Lógica silenciosa y sencilla, humilde y transformadora. Como nuestras vidas centradas en Cristo. Porque no se trata de elegir entre “ellos o yo”, entre “tu vida o la mía”, sino en vivir la vida “con Cristo, por Él y en Él”.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe 

Mes Ignaciano: Reglas Para Sentirse Iglesia

Al finalizar el libro de los ‘Ejercicios Espirituales’, San Ignacio coloca una serie de ‘Reglas para sentir en la Iglesia’. Un apartado que da cuenta de un profundo afecto de Ignacio por la misma, pero que es, al mismo tiempo, fruto de un profundo discernimiento: Ignacio se siente llamado a servir dentro de una Iglesia cuya corrupción aparece con gran evidencia ante sus ojos y que en más de una ocasión le ha juzgado y cuestionado.

Y dentro de la que, a pesar de todo, se ha podido encontrar con Jesús, que se convierte en el principio y fundamento de la vida de Ignacio. De ahí podemos entender que el afecto hacia la institución sea profundo y sincero.

Al respecto de esto se ha expresado el jesuita Javier Montes SJ, quien explica:

“El amor a Jesucristo, la imitación, el seguimiento, se continúa, se hace misión, se concreta y se prolonga para San Ignacio en el amor de la Iglesia. Esto vale para hoy. Es muy importante hablar de la Iglesia en continuidad con el amor a Jesús. Sin hablar del amor personal a Jesucristo, el amor a la Iglesia podría hacer de nosotros hombres fanáticos y sectarios. Las reglas para sentir con la Iglesia no tienen nada de sectarias, son la continuación de un amor personal y de un proceso de conversión”.

El mismo religioso, aclara el por qué del cambio en el título de las reglas, que son más conocidas como “Reglas para sentir con la Iglesia”:

‘El verdadero título dice: “Reglas para sentir en la Iglesia”; más precisamente “Reglas para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener”.

Existe un matiz de gran importancia en este en, en lugar de con. Si se siente con la Iglesia, se marca una cierta alteridad. Yo me coloco frente a ella y juzgo y veo si estoy de acuerdo o no. La visión de S. Ignacio es más delicada y más profunda; a la Iglesia, no la miramos desde fuera. A ella se la mira por dentro y desde dentro o no se la entiende. A la Iglesia debemos descubrirla como algo que nos pertenece y a la cual pertenecemos. Somos la Iglesia; estamos en la Iglesia. Integrados a ella, debemos sentirnos la Iglesia. Mis defectos son los defectos de la Iglesia, mis cualidades son sus cualidades. Las fallas de la Iglesia, las faltas de nuestros pastores, los errores de las comunidades son, en cierto modo, míos. Hay aquí una visión eclesial muy importante: comprender la Iglesia y sentirla significa no sólo amarla sino suprimir toda alteridad. Así como Jesús es cabeza de su Iglesia, así no somos dos, la Iglesia y yo. Debe haber un esfuerzo de compenetración y es necesario vivir por dentro la realidad.’

 

¿Fue Jesús un Organizador Comunitario?

Al anunciar su mensaje, Jesús vino a dar respuestas dentro de la realidad de injusticia que se vivía: ¿cuál es nuestra respuesta frente a las injusticias del mundo de hoy? -fragmento.

Por Sor Christine Schenk, Hermana de San José

‘Ustedes han oído que se dijo: “ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo os digo: No resistáis [violentamente] a un malhechor. Pero si alguno te golpea en la mejilla derecha, ponle también la otra; y si alguien quiere demandarte y llevarse tu abrigo, dale tu capa también; y si alguien te obliga a recorrer una milla, anda también la segunda milla’ (Mt. 5, 48-51)

Las prácticas económicas romanas, especialmente en Galilea, fueron responsables del desalojo sistemático de las familias agrarias de sus tierras ancestrales. Los israelitas pagaron un impuesto triple: a los gobernantes herodianos locales, a Roma y al Templo. Este sistema regresivo benefició a la élite a expensas de los campesinos y los artesanos pobres, cuyo trabajo mantuvo a los ricos del imperio alimentados y vestidos.

¿Suena familiar?

Casi todos estaban siempre endeudados. El campesinado rural empobrecido se levantó periódicamente en una serie de rebeliones populares que fueron brutalmente suprimidas por las legiones de Roma.

Jesús era práctico. Ante la abrumadora fuerza militar, la violencia era una invitación al suicidio. Además, sabía que a menudo la violencia convierte a sus defensores en nuevos opresores.

Pero lejos de aconsejar la pasividad, Jesús anima a un campesinado degradado y desalentado a conservar su poder e iniciativa mientras trabajan por la transformación del sistema dominador. Parafraseo brevemente la explicación de Wink del texto de Matthean:

Gira la otra mejilla: En el mundo antiguo, un superior insultó a un inferior con una palmada con la parte trasera de la mano que aterrizó en la mejilla derecha de la persona insultada. Jesús sugiere que dicha persona debe ofrecer inmediatamente la mejilla izquierda. Esto rechaza al mismo tiempo el insulto pretendido e incomoda al opresor que ahora está obligado a dar una palmada con la parte trasera de su mano izquierda (nunca antes hecho porque en los días previos a los baños la mano izquierda se utilizaba para propósitos sucios) o intentar una bofetada con la mano derecha, que es físicamente desafiante si no imposible.

Dale tu capa también. La mayoría de la gente tenía al menos dos piezas de ropa, una prenda interior que era una especie de túnica o “capa”, y una prenda exterior que era como un abrigo. Una persona pobre por lo general sólo tenía estas dos. El abrigo se daba a menudo como garantía en un préstamo. En la ley judía, a un acreedor se le ordenaba devolverlo antes de la puesta del sol en lugar de privar a la persona pobre de cobertura nocturna. Cuando Jesús sugiere despojarse del abrigo y la ropa interior, está invitando a los oprimidos a desenmascarar la codicia de su acreedor y a avergonzarlo públicamente al salir totalmente desnudo del tribunal. En el judaísmo, la vergüenza caía sobre la persona que veía o causaba la desnudez más que la persona desnuda.

Anda la milla adicional: había muchas reglas imperiales prohibiéndoles a los soldados romanos a forzar a la gente local a llevar su equipo por más de una milla. Al ofrecerse a “Ir más allá”, la persona pobre estaba reteniendo su propia iniciativa y su poder mientras confundía al soldado, forzándolo a desobedecer la ley si se aprovechaba de la oferta.

La visión de Jesús era que en el reino de Dios, los desnudos se vestirían, los hambrientos serían alimentados y los ciegos verían (Mateo 11: 5, 25: 34-46). Su visión ha resonado durante milenios en los valores y aspiraciones de la cultura occidental.

Fuente: CPAL Social

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 25 de Junio

Evangelio según San Mateo 10, 26-33

Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Reflexión del Evangelio – Por Alfredo Acevedo SJ

Este domingo, la liturgia nos coloca delante un texto en el que Jesús se dirige a los Doce. Es una especie de consejo o exhortación. Los discípulos, al igual que nuestras comunidades hoy, habían sido enviados a anunciar la Buena Noticia. Pero ese anuncio no estaba libre de persecuciones y críticas. El peligro de la muerte era una realidad concreta en medio de aquellos. Por eso, el Señor insiste: “no tengan miedo”. Este es el primer mensaje del evangelio de hoy. Frente a las persecuciones, las dudas, incluso, nuestras faltas, el Señor nos dice: “no teman”.

Pero Jesús no es una especie de curandero o astrólogo que anticipa el futuro o que da predicciones sin ningún tipo de racionalidad. Jesús sabe lo que dice, y fundamenta sus palabras. Su “no teman” tiene una razón, una base, que no es otra que su mismo Padre.

 “No teman a los que matan el cuerpo”, es decir, a los que critican, a los que persiguen, a los que descalifican…en definitiva, no teman a la muerte, en cualquiera de sus manifestaciones. Sin ir más lejos, la muerte es algo propio de la vida, porque, como decía un filósofo: “somos seres para la muerte”. Todos enfrentaremos algún día la muerte biológica, del mismo modo que enfrentamos ya las muertes cotidianas de las privaciones, los duelos, y demas “no” que la vida nos coloca. Esta es una realidad que debemos asumir.

 Pero frente a este hecho evidente, el Señor dice que debemos temer más bien a Dios, es decir, a aquel que puede matar alma y cuerpo. No temer a los hombres sino a Dios. Pero, de inmediato, Jesús, como buen predicador, coloca una imagen que ayuda a no perder el hilo de su razonamiento. La imagen de los gorriones que, al parecer, no cuestan nada pero Dios los cuida y sabe todo de ellos. Algo así es el Padre de Jesús, aquel a quien “debemos temer”. Esta es la segunda enseñanza del evangelio de hoy: nuestro Dios nos ama, y por eso nos conoce. Conoce nuestra fragilidad, nuestros desaciertos, nuestros miedos. Podríamos decir entonces que debemos temer sólo a aquel que nos ama y nos conoce profundamente.

 Es claro que Jesús conoce el corazón humano. Sabe que tememos, y que las dificultades de la vida pueden opacar nuestro deseo de seguirlo y de compartir nuestra vida con él. No debemos temer tampoco a esto. No debemos temernos tampoco a nosotros mismos. Porque es cierto que la mayoría de las veces, nosotros somos más duros con nosotros mismos que cualquier ser humano sobre la tierra. Tampoco temamos a nuestra dureza, a nuestra hostilidad. Dios, que se derrama en ternura, conoce hasta nuestra intimidad más íntima.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana

Master en Espiritualidad Ignaciana de la Universidad Comillas

Será la quinta edición del mismo, cuyos destinatarios son jesuitas, formados y en formación, y religiosos y laicos con estrecha relación con la espiritualidad ignaciana.

La Universidad Pontificia Comillas abre la inscripción para la quinta edición del Master en Espiritualidad Ignaciana 2017-2018. Se trata de un programa interdisciplinar que incluye materias como la historia, la antropología, la teología y la espiritualidad como perspectivas complementarias para una comprensión integradora del carisma ignaciano.

El mismo tendrá una modalidad presencial y se dictará en la Universidad de Comillas, en Madrid, España.

La duración del mismo será de un año. Las inscripciones comenzaron en enero y se extenderán hasta el 1 de septiembre de este año.

Los destinatarios del curso son:

  • Jesuitas ya formados que por diversas razones en sus trayectorias personales estén interesados en profundizar «con fervor y rigor» en los contenidos de la espiritualidad ignaciana.
  • Laicos/as de esferas y contextos ignacianos. CVX (CLC), ámbitos cercanos a instituciones de la Compañía de Jesús. e investigadores de otras universidades que deseen profundizar en la teología y espiritualidad ignacianas.
  • Religiosas de espiritualidad ignaciana.
  • Estudiantes jesuitas y de otras congregaciones que vengan a España a estudiar espiritualidad y deseen formarse más específicamente en espiritualidad ignaciana.
  • Profesores y personal de instituciones de la Compañía de Jesús que deseen profundizar en la espiritualidad ignaciana y puedan realizar los diferentes módulos según sus tiempos y circunstancias personales.

Para más información consulta el siguiente enlace

 

Diálogo Fe y Culturas: Material para Profundizar

El Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana (CVPI), que depende del Sector Educación de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina y el Caribe (CPAL), ha compartido una selección de textos para el mes de Junio, cuya temática gira en torno a una de las prioridades del Plan Apostólico Común (PAC): Diálogo Fe y Culturas.

  • “Nuestra experiencia de Dios: En diálogo con diversas miradas” de Vincent Senkhar, es la lectura principal pensada para este mes. El texto original está en inglés, compartimos un video de presentación.
  • “A los laicos y jesuitas de las obras educativas de la Compañía de Jesús en Guatemala” (1998), que constituye un discurso del Padre Kolvenbach (antiguo Superior General de los jesuitas).
  • “Alocución en la Universidad de Saint-Joseph”, también del Padre Kolvenbach, pronunciada en Beirut, en el año 2000, en el que profundiza sobre el papel de las universidades en el diálogo intercultural e interreligioso.
  • “La Compañía, la fe y la cultura”, del P. Adolfo Nicolás. Son las notas de un encuentro con laicos sobre dicho tema, realizado en la Coruña-España en 2013.
  • “Identidad y desafíos de la Universidad” (2007) del P. Arturo Sosa: una lectio en la que habla sobre el desafío de vivir la vocación universitaria católica en un mundo postcristiano y culturalmente diverso.
  • “Raíces que inspiran una misión inculturada. Espiritualidad ignaciana e inculturación”, tesina de Juan Gutiérrez Merino.
  • “Sembrando fe: la escuela evangelizadora”, 2015 artículo de Antonio España Sánchez.

Para acceder a estos textos haga click aquí.

Fuente: CPAL SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 18 de Junio

Evangelio según San Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Reflexión del Evangelio – Por Julio Villavicencio SJ 

Estamos ante la celebración del misterio del Santísimo cuerpo y sangre de Jesús. La Iglesia busca con esto hacer hincapié en esa presencia en la cual creemos, que el pan y el vino que consagramos en la celebración de la Eucaristía, son el cuerpo y la sangre de Jesús. Si bien es un misterio con el cual estamos más o menos acostumbrados a convivir en cada misa, la Iglesia, muy sabiamente elige un día en particular para profundizar sobre este misterio.

¿Qué significan para nosotros que aquello que compartimos en la Eucaristía es el cuerpo y la sangre de Jesús? ¿Seremos canibales? ¿Significa un premio por ser buenos cristianos y entonces podemos comulgar? ¿Es acaso una manera de que nos vean en la comunidad como una buena persona, una cuestión de imagen?

Muchas de estas cosas, lamentablemente, son una manera de relacionarnos con este misterio. Hoy les propongo pensar en que tipo de relación tengo con el cuerpo y la sangre de Jesús.

Quisiera para comenzar este pensamiento, centrarnos en el siguiente pasaje del Evangelio:

 “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Pensemos en la Eucaristía como alimento para el camino, esta es la relación que está haciendo Jesús, pues está relacionando su cuerpo con el maná del desierto. Esto sí es algo que necesita ser reflexionado en profundidad. No sé quién de los lectores presentes al texto habrán pasado por momentos de necesidad. Necesidad de comida hasta sentir que la barriga se te retuerce, hace ruidos espantosos y no tienes nada que comer. Y no es un hambre pasajero que sabes que terminará cuando llegues a tu casa. No. Es un hambre de mucho tiempo, de días, que ahora te está pasando factura. Y estás ahí con ese hambre feroz y comienzas a ponerte de mal humor. Todo te da fastidio y quisieras romper algo. Pues bien, ahora imaginemos, porque personalmente no puedo hacer otra cosa ya que no tengo la experiencia directa. Imaginemos digo que estamos caminando, estamos en camino por el desierto. Es un lugar donde no hay sombras de árboles, no hay agua, no hay casi nada. Es la nada. Pues bien, estas son metáforas de lo que sí conocemos con seguridad y es la vida. A veces en la vida nuestro día se pone desértico, podemos pasar semanas, meses y hasta años en el desierto. Sentimos que no hay un horizonte claro hacia donde caminar, un lugar tranquilo donde descansar. Sentimos morir por dentro.

Imaginen tener hambre de lograr algo, de sentirse en paz desde hace mucho tiempo, hambre de poder encontrar respuestas que llenan tu cabeza.

Pues bien, en medio de nuestros desiertos, en medio de nuestras hambres comenzamos a encontrar más sentido a la comparación de Jesús, “mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”. En medio de tu camino, de tu vida, de tus desilusiones y penas, tienes donde descansar, donde alimentarte, donde volver a sacar fuerzas para volver a pararte y seguir adelante. La Eucaristía no se limita solo a la misa, al ritual y listo. La celebración de la Eucaristía es una manera de vivir la vida, de caminar por este mundo, es un ethos. Una manera de entender el mundo, donde todos estamos invitados a la misma mesa, no importa tu color de piel, tu preferencia sexual, tu manera de pensar, estás invitado. Siempre. Invitados a formar una sola humanidad hija de Dios. Es una manera de entender que el pan, nuestros dones, nuestra vida es un regalo que adquiere sentido en el otro, en partirlo y repartirlo con los otros. En todos los abrazos que das, en los amigos, en la familia, en el enemigo que perdonas. En aquellos que necesitan. Haz de tu vida una eucaristía, un misterio que se parte y se reparte para alimentar al que sufre en el camino de la vida. Este es el misterio de seguir a Cristo y lo que queremos celebrar en cada Eucaristía.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana 

Artículo de Espiritualidad de CPAL: Profundizar sobre el Discernimiento

El artículo de Espiritualidad sugerido este mes por la CPAL está pensado a la manera de una ayuda para la reflexión u oración personal o para reuniones comunitarias u otro tipo de encuentros de reflexión sobre un tema de tanta actualidad hoy, no sólo para los religiosos sino para todos los cristianos que se empeñan seriamente en orientar sus vidas según el Espíritu.

Compartimos aquí un fragmento:

“La necesidad del discernimiento arranca, como se puede constatar ya en sus más remotos orígenes históricos –en la Escritura y en la tradición de la vida monástica– de una doble vivencia de fe.

1. Dios está presente y actuante en la vida de cada persona, en la historia y en el mundo. Es la presencia de un Amor-misericordia, que trabaja sin cesar, comunicando plenitud de vida. Es el Dios de la vida, el Espíritu vivificante, cuya inmensidad e incomprensibilidad nos abruma y cuya voluntad no podemos comprehender, pero que, sin embargo, se nos comunica y se deja sentir en cuanto prosigue su obra creadora en cada uno de nosotros y en la historia. Somos hechura incesante suya y a cada momento nos toca, nos mueve, nos interpela, nos cuestiona. San Ignacio habla de mociones que se causan en nosotros. Son las señales de su designio creador, con las que interpela nuestra libertad. La Autobiografía del «peregrino» de Dios, fue dictada por el santo para responder al insistente deseo de sus compañeros que ansiaban conocer «el modo como el Señor los fue llevando desde el principio de vuestra conversión»2. En ella Ignacio afirma que «en este tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de la escuela a un niño, enseñándole»3. Todo el relato está marcado por esas señales o mociones variadas que se causaban alternadamente en su espíritu, produciéndole alegría o tristeza, paz o intranquilidad, entusiasmo o desánimo; señales que jalonaron su camino de peregrino en busca de la «voluntad divina en la disposición de su vida»4.

Descubrir el «modo de proceder» de Dios con nosotros, la manera como nos va conduciendo pacientemente hacia la plenitud de vida, en forma personal e irrepetible, es la tarea que se propone el discernimiento.”

Para leer el artículo completo

Día Mundial del Medio Ambiente

Una reflexión sobre el día del Ambiente que nos invita a volver a pensarlo y ponerlo como prioridad desde nuestras acciones y oraciones en medio de una situación política adversa a las iniciativas de cuidado de la casa común.

Por Por Iñaki Ceberio de León y Pablo Sánchez Latorre

Este año el Día Mundial del Medio Ambiente se presenta con una amplia polémica en la comunidad global por el anuncio de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París. La noticia representa una importante disrupción en la ardua tarea de construcción del proceso tutelar del ambiente, y se ganó el repudio de aquellos Estados comprometidos en respetar los pactos que ponderan el estricto cuidado de la vida.

EEUU es el segundo emisor de CO2 a la atmósfera, y su decisión representa una inminente amenaza de incrementar el consumo energético procedente del carbón.

Hace diez años, que concedieron el Premio Nobel de la Paz, al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), junto al ex vicepresidente Al Gore. Este grupo, ha conseguido el mayor consenso científico de la historia. Pudieron demostrar que el cambio climático era causado por el ser humano, y que de no modificar el consumo de combustibles de origen fósil y el estilo de vida, habrá un incremento de catástrofes climáticas.

Resulta alarmante el cinismo del Presidente de EEUU, visitando al autor de la Encíclica papal Laudato si, que nos invita al cuidado de nuestra única casa común. El Papa declaró que «El clima es un bien común, de todos y para todos.» Nos afecta al íntegro colectivo social, salvo con una particularidad, que a los pobres les afecta más, y tienen menos recursos para solventar las catástrofes y adversidades climáticas, como consecuencia y justificación de un «falso desarrollo».

Diversos estudios científicos, religiosos y éticos, demuestran cómo nos enfrentamos a uno de los mayores problemas de la especie humana y cuyas consecuencias, ponen en grave peligro a gran parte de la biodiversidad biológica de este planeta. El incremento de las inundaciones, huracanes, y demás temporales, no son una mera casualidad, sino que obedecen a una alteración climática cuyas consecuencias aún ignoramos. Empero, podemos asumir con profundo pesar autocrítico, que sus causas, derivan de la irresponsabilidad en la gestión política o corrupción, sin más.

La acción de EEUU no es tan sorprendente. Fue anunciado en la campaña electoral, y aunque históricamente ha firmado diferentes protocolos, ha sido un país que no se ha caracterizado por cumplirlos. Sin embargo, la raíz del problema se encuentra en la razón instrumental que ha operado en el primer mundo y en todos los países que buscan un desarrollo meramente económico. De ahí, la gran relevancia de forma una nueva ética que nos conecte esencialmente con la naturaleza.

En palabras de Aldo Leopold, una ética que “extiende las fronteras de la comunidad para incluir los suelos, las aguas, las plantas y los animales; dicho de un modo colectivo, la tierra.» Esta ética de la tierra, podrá emanar cuando la sociedad tenga una conversión ecológica y empiece a valorar a la naturaleza de manera sagrada. Hoy, la espiritualidad y la ética, pasan por un reconocimiento de la naturaleza como valor intrínseco y fundamental para preservar nuestra vida y la de los sujetos constitucionalmente reconocidos como «generaciones futuras», aunque políticamente inexistentes. Es ingenuo sostener que la existencia de leyes o acuerdos internaciones, son una herramienta suficiente para modificar y mitigar los impactos de las malas prácticas antrópicas, aun cuando existan mecanismos de control efectivo. Para ser eficaz, deben generarse desde los espacios públicos y privados motivaciones adecuadas y estratégicas, a fin de lograr una verdadera transformación personal de incidencia colectiva.

Finalmente, mirando la experiencia de Córdoba, cabe destacar la manifestación de la sociedad que ha rechazado en las calles la confusa propuesta parlamentaria en relación al bosque nativo.

En este día, más que ningún otro, invitamos a reflexionar y dar un pequeño paso, modificando al menos, conductas mínimas para impactar globalmente.

Fuente: Noticias UCC

 

Alonso Rodríguez, Horizonte de Santidad

Este año se recuerdan los 400 años de la muerte de San Alonso Rodríguez SJ, patrono de los hermanos jesuitas. En función de este aniversario se vuelve a mirar a esta figura tan sencilla como profunda para redescubrir la impronta que su modo de vivir la misión ha dejado a toda la Compañía.

Los aniversarios de cualquier tipo, ya sean cumpleaños, conmemoraciones institucionales o fechas en las que recordamos acontecimientos trágicos, son ocasiones para hacer memoria del camino recorrido y descubrir en la propia historia los elementos que conforman nuestra identidad y nos orientan en el presente.

Por ello es tan importante el cuarto centenario de la muerte de San Alonso Rodríguez SJ que celebramos este año 2017. La Compañía de Jesús evoca en ocasiones una imagen de elevación, prestigio e influencia social. El propio fundador de la orden, Ignacio de Loyola, ha sido tradicionalmente retratado en obras de arte irradiando poder y gloria. Pero lo cierto es que «el peregrino», como se hacía llamar Ignacio, se sentiría mucho más identificado con la cercanía de este sencillo portero del colegio Montesión de Palma de Mallorca ―de quien fue casi coetáneo― que con la sublimidad de los templos jesuitas del barroco.

«Ya voy, Señor» decía Alonso Rodríguez cada vez que sonaba la campana de la portería. Y esa sencilla frase englobaba toda su persona y su santidad: humildad, servicio, apertura a Dios. Frente a la propensión en nuestra sociedad, incluso a veces en la Iglesia, a medir la grandeza según dones particulares o logros cuantificables ―aunque sean frutos apostólicos―, contemplar la vida de este auténtico místico de lo cotidiano nos invita a buscar, por encima de todo, el encuentro con Jesús en cada rostro que nos rodea.

San Alonso Rodríguez también nos enseña que la siguiente página de nuestras vidas no ha sido aún escrita y que el Señor puede llamarnos de maneras imprevistas. Cuando ya pocas sorpresas podía esperar en su vida, la muerte de su esposa e hijos le llevaron a ingresar en la Compañía de Jesús. No imaginaba que su servicio en una humilde portería y sus escritos espirituales, de lenguaje sencillo y belleza singular, dejarían una impronta imborrable en la Compañía universal.

A lo largo de este año lo recuerdan muy especialmente en su Segovia natal y en la isla de Mallorca, donde sirvió durante su vida de jesuita y donde se lo venera como patrono principal. La Compañía entera lo homenajea como uno de sus maestros espirituales y como patrono de los hermanos coadjutores. El aniversario es ocasión para rememorar aquello que nos configura como compañeros de Jesús, situando nuestro horizonte de santidad en el confiado seguimiento y en la profundidad de una vida espiritual que nos impele a afanarnos en el servicio a los demás.

Jesuitas España