Tiempo de Arriesgar

Seguir insistiendo en sostener la Resurrección como un modo de vida.

Pensar en la Resurrección puede convertirse en un ejercicio de complacencia. “Jesús Resucitó”, “Feliz Pascua”, “qué bonito es todo…”. Besos y sonrisas para todos…Llenamos nuestras liturgias de cantos que hablan de gozo sin límites y felicidad plena. Recitamos oraciones que dicen que el mundo está lleno de luz, que la tiniebla ha desaparecido, que la gracia desborda en torrentes, que es tiempo de cantar… Pero si uno tiene ganas de ser escéptico el mundo ayuda mucho; miras alrededor y los periódicos siguen llenos de noticias trágicas. El que ayer sufría hambre hoy sigue con el estómago vacío. Los violentos no parecen haberse transformado en dóciles corderos. Nuestra Iglesia sigue necesitando más diálogo y menos seguridades. No hay 0´7 para ayudas al desarrollo, sigue habiendo deuda externa, no se ha abolido la pena de muerte, y así podríamos seguir mostrando semillas del mal (¿Y dónde quedan entonces las semillas de la resurrección que tanto exaltábamos la semana pasada?)

Tenemos que ser conscientes de que la Resurrección no es una cuestión de “todo o nada”, de un ya definitivo. Sólo es un anticipo, una promesa que ha empezado a cumplirse, un motivo para seguir luchando, una razón para correr riesgos.

Pastoral SJ

 

Para Sentirse Iglesia: Crecer y Creer en Comunidad

La Iglesia es el espacio donde se hace concreta la invitación a vivir la fe en comunidad, que constituye una de las características fundamentales del cristianismo. Esta consideración no va en desmedro de la dimensión individual o personal de la fe y la relación con Dios. Por el contrario, esa experiencia de Dios que habita cada persona, se enriquece al compartirla y confrontarla con otros.

En esta misma línea, y entendiendo que todo conjunto humano necesita de un modo de organizarse, San Ignacio asume que Dios, dentro de su plan, se sirve de mediaciones humanas para canalizar su amor. Y que gracias a esas mediaciones, el Espíritu puede comunicar e inspirar muchas cosas.

Es en este sentido en que, Ignacio acepta el carácter jerárquico del gobierno de la Iglesia, y la existencia de una cabeza que presta su servicio desde ese lugar, para dedicar su tiempo al discernimiento del rumbo de la institución. Esto no supone, sin embargo, que las personas que constituyen el gobierno de la Iglesia, ni su accionar, sean perfectos. Por el contrario, aceptar la jerarquía supone aceptar la debilidad y el pecado propios de una humanidad que es débil.

Claro que, dentro de la Iglesia, no sólo somos testigos de la debilidad humana y sus posibles consecuencias, sino que también es el lugar donde buscar el Magis, es decir, la mejor versión de cada uno. Se nos invita, una y otra vez, a la mayor perfección y a ayudar siempre a las personas que puedan dar o darse más para que den o se den más. La Iglesia está invitada ser generosa en el servicio de Dios; a no conformarse con poco. Dentro de esta generosidad, estará la capacidad de dar a cada persona el lugar y la oportunidad de ponerse al servicio y de crecer a través de él.

 

En la Vida a Cuestas

Cuando Dios se hace presente en medio de las adversidades.

Por Elena Lozano Santamaría

Antes de que la vida le haya dado tiempo para aceptarlo, ella recoge con tranquilidad sus maletas. Nunca pensó que algo semejante podría ocurrirle a ella, una mujer trabajadora y con gran fe, que nunca dudaba de la presencia de Dios. Nunca hasta ahora, cuando empieza a no entender aquello de hágase tu voluntad. ¿Qué voluntad podría ser aquella, que dejaba a su familia en la calle?

Las dudas nunca habían tenido más sentido que en estos días, en los que ni las palabras de su madre podían librarle de su angustia. Ella aún no es consciente, pero en esas dudas y en esas palabras aparecen destellos de la luz que desprende el sepulcro vacío. Vacío como la casa que ahora tiene que abandonar. Ha descolgado de sus paredes las tallas de la cruz desnuda que solía ayudarle a afrontar las dificultades del día a día. Esa cruz que lleva ahora a cuestas en forma de maleta cerrada.

Contempla a su madre, nerviosa tras la espalda de un policía, que extiende sus brazos desde lejos. Se le inundan las pupilas y comprende. Dios mío, no nos has abandonado, piensa, a pesar de que le invade el miedo a mirar hacia atrás y descubrir que está a punto de perderlo todo. Bueno, casi todo, porque hay algo que nunca podrá perder. En el brillo de los ojos de sus pequeños aparece alguien que le da la mano. Que le ayuda a cargar con su nueva cruz. Y que le inspira una verdad profunda que escucha cada domingo, pero que nunca había llegado a entender. Apareces.

Fuente: Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 16 de Julio

Evangelio según San Mateo 13, 1-23

Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”. Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?”.

Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: ‘Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los sane’.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”.

Reflexión del Evangelio – Por Fabio Solti SJ 

Hoy nos toca compartir una lectura que tiene mucho de riqueza en cuanto a su contenido.

Nos podríamos detener en dos partes:

El momento previo a la parábola y la parábola propiamente dicha.

 Por un lado me gustan el verbo de la acción de Jesús: salió de casa. Jesús sale “hacia”. Jesús sale “para”. Hacia y para nosotros. Él es el totalmente disponible siempre. El que está esperando para decir una palabra.

Hoy la “palabra” está en un momento de la historia en que se la subestima y abusa y no se la usa.

En el principio era la palabra, dice el prólogo del evangelio de San Juan.

La palabra estuvo con nosotros y está con nosotros.

La palabra es lo mas importante que tenemos para construir y debemos valorarla como tal. Tenemos que hacernos conscientes del valor de la palabra, de lo que discernimos con ella, de los que anunciamos con ella.

La palabra puede mudar la realidad. La palabra puede construir.

El tema es desde donde la “usamos” y no ese otro desde donde que nos hace “abusar” de ella y subestimarla.

El “desde donde” la usamos tiene que venir del diálogo con Jesús.

Si volvemos al evangelio Él sale al encuentro y aquellos que acreditan en su palabra acuden a Aquel que tiene algo que decirnos.

Jesús no nos impone nada. Simplemente nos convida a una relación. El movimiento es duplo: el está ahí, totalmente disponible, y yo puedo acudir.

Acudo desde mi libertad y mi responsabilidad. Libertad que me mueve a querer escuchar esa palabra y responsabilidad que me mueve a anunciarla y “obrarla”. No simplemente atesorarla para mi, que de hecho ya es muy bueno, mas la Palabra me convida a compartirla. A hacerla vida en mí y en otros.

 En el evangelio de hoy Jesús nos dice con un lenguaje simbólico: el lenguaje parabólico. En esta parábola que compartimos hoy Jesús expone los diferentes “oídos”.

El órgano del oído tiene la sensibilidad para poder oír. Esa es su especificidad. Mas oír, no es escuchar.

¿Cuántas veces “oímos” ésta parábola? ¿Cuántas, la escuchamos?

Escuchar quiere decir usar la sensibilidad de mi oído y desde, otra vez, mi libertad y responsabilidad atender aquello que me dicen. Escuchar implica intencionalidad. “Quiero” escuchar.

Quiero escuchar la palabra para poder decirla y ser escuchado. Decirla y transformar la realidad a una realidad de Reino de Dios.

Tenemos que empezar a usar las facultades de que gratuitamente nos ha provisto el Creador: Inteligencia, libertad, responsabilidad.

 Que ojalá, podamos acudir a la escucha de lo que Jesús tiene para decirnos. Como acudieron los del evangelio. Como acudieron otros tantos antes de nosotros.

Que ojalá nos animemos a evocarla también a otros. Como se animaron a evocarla tantos.

Y por último, que me anime a obrar a partir de la palabra escuchada y dicha. Y que la coherencia también hable por mi de Él. Que mi tierra sea fértil.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe 

Para Sentirse Iglesia: 3 Actitudes

De las reglas que propone San Ignacio al final de los Ejercicios Espirituales para ‘Sentirse Iglesia’, podemos inferir 3 actitudes a las que se nos invita:

Obediencia

Creer en la Iglesia supone obedecer. Pero no es la obediencia de quien acata pasivamente lo que se le manda, sino aquella que se ejerce con madurez y libertad. La invitación es a una ‘obediencia creativa’ que nazca del deseo de hacer lo mejor posible dentro de una Iglesia que es de Dios pero que también es mía y de cada uno. Implica asumirnos parte de la Iglesia, de su misión y de la misión a la que cada uno, dentro de ella, ha sido enviado para ponerse al servicio.

Actitud Positiva

Esta actitud positiva se refleja en el verbo ‘alabar’, que aparece en gran parte de las reglas de San Ignacio para sentirse Iglesia. Esta actitud requiere, por un lado, una disposición a encontrar la presencia de Dios que habita e impulsa la Iglesia; pero desde un espíritu crítico bien entendido. Que implica no sólo señalar lo malo sino desde la actitud de quien desea colaborar con la edificación de la Iglesia, preguntándose qué podemos hacer, como tal, frente a los problemas actuales. Al mismo tiempo, frente a los defectos de la Iglesia, Ignacio recomienda denunciarlos frente a quien pueda hacer algo para remediarlos.

Justo Equilibrio Espiritual

Esta actitud implica buscar un justo equilibrio entre los diferentes componentes de la vida. Tarea que apela a hacer un uso pleno de nuestra realidad humana y a dejarse guiar por el Espíritu Santo para encarar maduramente la tensión entre la diversidad de tensiones:

-Equilibrar Fe y Razón. Esta llamada tiene que ver con poder crecer, por un lado en relación afectiva con Dios y su Iglesia, y por otro, poder dedicar tiempo a una formación que permita hacer más sólida la propia fe desde la razón y no sólo desde los sentimientos.

-Equilibrar Fe y Obras. Un desafío muy contemporáneo que implica hacer dialogar dos modos complementarios de estar con Dios y de ser Iglesia. Por un lado, dedicar tiempo para crecer en intimidad y relación personal con el Señor a través del encuentro con él en la oración y la vida comunitaria. Pero también, aprender a estar cerca suyo reconociendo que está presente en nuestros hermanos y buscando acciones concretas en las que poner nuestras manos a disposición de la construcción de su Reino.

-Sopesar Pecado y Gracia. Una tensión constante que nos exige asumir la realidad en toda su complejidad para vivir en el tiempo y en la historia en la que nos ha tocado vivir. Estamos llamados a no intentar simplificar la visión y tampoco idealizar personas o situaciones, que pueden llevarnos a pensar en ciertas cosas como llenas de santidad y otras como atravesadas o determinadas por su pecado. “Cuando percibimos pecado, debemos abrir inmediatamente el ojo para descubrir la gracia”.

 

Arquitectura para la Educación

Alumnos de la UCC ha propuesto para la tesis final de su carrera, un proyecto de refuncionalización arquitectónica de las instituciones educativas para adaptarlas a las necesidades que plantean las escuelas hoy y posibilitar cambios en los modelos educativos imperantes.

Martina Demaría, Araceli Toledo y Gabriel Bolaño son arquitectos egresados de la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Su trabajo final de carrera Escuela Ya vol 1. y vol. 2, consistió en un programa arquitectónico para reformular los edificios de las escuelas públicas cordobesas con el fin de crear distintos espacios de aprendizaje diferentes al aula tradicional.

Un aspecto interesante, es que se plantearon reestructurar o redefinir los edificios existentes en lugar de hacer nuevos. Además, aplicaron el programa para plantear soluciones en tres escuelas con características muy diferentes: Jerónimo Luis de Cabrera; Presidente Sarmiento y Deán Funes. La idea fue comprobar que el plan se adapta a las múltiples problemáticas existentes en las escuelas de nuestra provincia.

¿Cómo surgió la idea de trabajar esta temática?

A—Todo surgió a raíz de una nota periodística que leí y que se titulaba “Las escuelas como cárceles”. El artículo hacía una analogía a nivel edilicio entre ambas: aulas y celdas; pasillos, patios, etc. Lo cierto es que muchas disciplinas han evolucionado en el tiempo y los cambios son visibles, pero la educación sigue siendo lo mismo de hace más de 100 años atrás. No hay una evolución a nivel arquitectónico–educativo. De allí surgió la idea de comenzar a investigar desde lo arquitectónico: cómo las estructuras influyen sobre la educación y viceversa.

G—En nuestro trabajo decidimos que mejor que hacer escuelas nuevas, era redefinir las existentes. Nos planteamos que el dinero que se utiliza para hacer nuevas escuelas, se puede utilizar para reestructurar todas las que ya existen aplicando este plan y analizando los problemas específicos de cada una para generar un cambio.

M—Por el cartel político, hay lugares donde cada tres cuadras hay una escuela y muchas están deshabitadas. Además, en general se construyen a nivel masivo sin tener en cuenta el barrio y las necesidades específicas de cada zona. No todas las escuelas deberían ser iguales.

¿A qué apuntan con estos cambios?

A—El aula y la forma de enseñar unidireccional tal cuál como existe hoy con un profesor en frente de la clase, es una de las formas de aprender y de enseñar. Pero existen muchas otras formas, situaciones y lugares de aprendizaje, la cuestión es diversificar esos espacios.

G—Dentro del programa hay distintos espacios de aprendizaje, algunos se parecen a los lugares formales con una pantalla al frente, otros están para trabajar en talleres.

M—La propuesta cambia el movimiento dentro de la escuela y por lo tanto cambia el programa. Definimos lugares de pertenencia donde los chicos pueden dejar sus cosas pero luego la idea es que utilicen varios espacios. Así, todo lo que es tecnología y soporte escrito estaría por toda la escuela. La información ya es accesible en todos lados a través de los dispositivos móviles. De esta forma, el profesor está para guiar en la realización de un trabajo, para sacar dudas, y no solo para transmitir contenidos que los chicos pueden obtener de muchas otras maneras. Otra cuestión es la conexión entre el edificio y la calle para que la escuela y el barrio interactúen. La gran mayoría de las escuelas no la tienen y en general son edificios que están cerrados a la comunidad.

 arq-escuela

¿Cómo debería ser la escuela?

M—En la investigación que realizamos, vimos muchos casos en todo el mundo y nos sorprendió conocer propuestas de 1930 que son muy vanguardistas para la época (y aún para hoy). Son casos especiales, pero lo que pudimos ver es que no se ha avanzado mucho sobre estas propuestas. En Córdoba lo más parecido a lo que planteamos sería el Colegio Manuel Belgrano.

G—En general se trata de intervenciones que agrandan los espacios, los hacen más útiles y accesibles y cambian todo el funcionamiento de un edificio.

Escuela Ya. Presidente Sarmiento

¿Por qué la elección de estas tres escuelas?

A—Elegimos tres escuelas totalmente diferentes (en relación a la época de construcción y situación urbana) para demostrar que el plan es aplicable a lugares con distintas características.

M—El trabajo se basó en transformar los espacios a nivel cualitativo para que se asemejen a un lugar al que me gustaría llegar. El programa redefine el uso de las condiciones de la escuela (cómo debería ser ese espacio a nivel cualitativo)

¿Cómo fueron las distintas experiencias?

G—Yo trabajé con el Jerónimo Luis de Cabrera, un edificio de 1909 del orden Neoclásico. Es una escuela de época y tiene toda la carga de patrimonio encima. En este caso, hubo que resolver muchas cuestiones de barreras arquitectónicas como escaleras y desniveles, y también el tipo de construcción porque tiene muchas paredes que soportan toda la estructura del edificio. Son paredes que en general no se pueden tirar, así que a la hora de agrandar espacios se complica. Además, es una escuela donde se trabaja en torno a un claustro por lo que mi trabajo fue tratar de romper esa centralidad. En lo que respecta a la conexión, intenté eliminar las barreras arquitectónicas para que se pueda convertir en un espacio accesible. La fachada en general se conserva aunque en este sentido, los tres estamos de acuerdo en que el patrimonio no debería condicionar la función específica que tiene un edificio.

A—Yo trabajé con la escuela Presidente Sarmiento (de 1936), de barrio Cofico que es moderna. Tiene jardín de infantes, nivel primario y secundario, y todos conviven en un espacio pequeño, por lo que tienen un problema funcional bastante complejo. Además de esta intervención a nivel programa, la propuesta fue hacer una reconfiguración del viejo edificio y la incorporación de uno nuevo, articulado con los existentes con un espacio común y otros particulares.

M—Yo abordé el caso del Dean Funes que es de1969. Tiene mucho espacio desaprovechado y está ubicado en un barrio sobrepoblado como es Nueva Córdoba. En mi propuesta la escuela conserva y agrega lugares de aprendizaje y propone la incorporación de un gran espacio público accesible a la gente.

Fuente: Noticias UCC

 

Más Allá de los Ídolos

Frente a la necesidad de todas las personas de tener algo o alguien a quien admirar, dos actitudes o modos de considerar al otro: cómo un ídolo o como un ícono.

Por Dani Cuesta, SJ

Hace poco murió un jesuita muy conocido y admirado por su vida entregada sin reservas a los demás. Hubo mucha gente que después de su entierro comenzó a hablar de él como si fuera un superhéroe del altruismo humano o un todoterreno de la ayuda a los demás. Pero curiosamente eran pocos los que hablaban de él como un hombre traspasado por la vida de Jesús, cuyo afán era el de intentar hacer presente su Reino en nuestras circunstancias.

Los ídolos se agotan en sí mismos, mientras que los iconos nos llevan a mirar más allá. Piensa en el deporte, o en la música. El ídolo termina haciendo que todo gire en torno a sí mismo. Al final ya lo importante no es la belleza del deporte, la habilidad o talento, sino sus tatuajes, sus romances o sus salidas de tono.

En el fondo todos necesitamos algo o alguien que admirar. También para creer, nos hacen falta realidades concretas. De este modo, aplaudimos a los misioneros en tierras lejanas, los que dedican todas sus energías a cambiar la sociedad, o incluso admiramos las imágenes e iconos de los templos, las ideologías, maneras de entender el Evangelio etc. Pero hay el peligro de que se conviertan en ídolos si nos quedamos tan solo en ellos sin ir más allá; si llegan incluso a ensombrecer y tapar a Jesús y su Buena Noticia.

Por ello creo que deberíamos tener dos actitudes fundamentales delante de nuestros ídolos (sean muchos o pocos, grandes o pequeños). La primera es la de aceptación, no de los ídolos sino de la necesidad humana de tener imágenes y modelos que nos permitan aterrizar la fe (que aparece numerosas veces en la Biblia y en la historia de la humanidad). Aceptar que somos limitados y que ante la dificultad que implica el creer en algo inabarcable, muchas veces nos refugiamos en realidades delimitadas y concretas.

Y la segunda, sin duda mucho más importante, es la del deseo de superar estos ídolos e intentar caminar por el camino de la fe (aunque ésta implique dudas). Es decir, no caer en la trampa de mirar al dedo que apunta a la Luna, sino más bien sabernos servir de él como un indicador que, lejos de encerrarnos en nosotros mismos, nos abre a un Dios que es mucho mayor que todo lo que podamos imaginar.

Fuente: Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 9 de Julio

Evangelio según San Mateo 11, 25-30

Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Reflexión del Evangelio – Por Ignacio Puiggari SJ

Intentemos escuchar la palabra del Evangelio que nos lleva hacia lo que Jesús en una ocasión quiso decir. Pensemos que esta lectura tiene un regalo para darnos; está envuelto en palabras y frases, pero ahí está. Sólo los pequeños saben lo hermoso que es recibir regalos y con el corazón atento, acordes a la ocasión, esperan por él. Algo nos dice Jesús de esta gratuidad y este peculiar poder del dar, muy diferente al poder que nos otorga el saber y la prudencia social con la que aprendemos a acomodarnos en este mundo.

Y sí, poder nos da mucho placer; pero ello no nos gana, sin embargo, el sentir la incondicional gratuidad de Dios. Más bien parece que hay un punto, un tiempo, una ocasión donde el cúmulo de esfuerzos humanos se quiebra para aligerar esa bienvenida al don de Dios. Y este suceso nos recuerda siempre que el hombre no puede bastarse a sí mismo, que la utopía del éxito y la autosuficiencia son una carga que no nos merecemos. Hijos en el Hijo por la abundancia de Dios Padre nos merecemos vivir de su gratuidad. Nos es legítima esta pobreza de pequeños que anhelan y quieren conocer el regalo prometido. Busquemos, pues, desandar estas palabras del Señor atentos a su regalo.

 El evangelio tiene tres partes: la primera es la alabanza de Jesús al Padre; la segunda, su dar a conocer la íntima relación entre el Padre y él mismo; finalmente, la invitación que nos hace a descansar en él y cargar su yugo. Así descubrimos algo de cómo es Jesús: es alguien que reza, alguien que da a conocer a otros su experiencia del Padre y alguien que invita. Esto no es menor. Imitarlo en este sentido sería sugerente: rezar, comunicar a otros nuestra experiencia de Dios e invitar a otros. Hay mucho bien condensado en ello.

Además, poniendo atención a los verbos, notamos que en las dos primeras partes la pareja “ocultar y revelar” se repite y se asocia a la pareja “cargar y descargar” del tercer momento. Podríamos decir que vivir con un Dios que no aparece es muy pesado y difícil, ¿quién puede acaso cargar con el yugo de una vida intrascendente? Y a pesar de que llenamos con saberes, ocupaciones y poderes esta ausencia, el agobio y la aflicción persisten. Sin embargo, está el deseo y la invitación del Padre por medio de Jesús ¿Y cómo verificar su llamado si no es a través de ese profundo alivio existencial que produce su voz? Pues seguramente se trate de una voz serena que nos inspire a poner en orden el mundo de nuestros afectos (saberes, ocupaciones, vínculos) y a descansar en el centro de su Amor. Descansar no significa no hacer nada, sino más bien cargar su yugo, es decir, poner sobre nuestras espaldas la certeza de su amor que nos impele al eco de una respuesta semejante. Sentirnos amados, deseados por el Padre es un regalo. Sabemos que decirlo y escribirlo es una cosa, pero sentirlo y recibirlo, otra. Puede ocurrir en cualquier momento: en una oración, un servicio o en la venida de un prójimo. Como un ladrón puede asaltarnos a media noche y solicitarnos un destino. Pidamos entonces la gracia de este regalo de cuya primicia siempre inédita nacen las respuestas más genuinas de nuestro amor.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

 

 

 

Arturo Sosa SJ: “He sentido la Serenidad de Quien Se Pone en las Manos del Señor y de los Compañeros”

Entrevista al P. Arturo Sosa SJ, que habla de su experiencia como Superior General de los jesuitas, a meses de haber asumido el cargo.

¿Cómo se encuentra el P. Sosa tras estos primeros meses como General de la Compañía de Jesús?

Acabo de cumplir siete meses desde la elección. Ha sido una temporada intensa desde todo punto de vista. Afectivamente me ha supuesto el proceso que todos vivimos cuando recibimos inesperadamente una nueva misión comprometedora.

Inmediatamente he tenido que tomar las responsabilidades del cargo, al mismo tiempo que continuaban los trabajos de la Congregación General (duró un mes más). Es una experiencia de aprendizaje sobre la marcha, solo posible por el apoyo cualificado del equipo de Consejeros, Asistentes, Secretarios, compañeros y compañeras que hacen de la Curia General un auténtico equipo de consulta y discernimiento. Me he sentido también espiritualmente consolado y desafiado. He sentido la serenidad de quien se pone en las manos del Señor y de los compañeros. He sentido profundamente lo que significa pertenecer a la Compañía de Jesús. Un grupo de compañeros dispuestos a servir la misión de Cristo, por tanto, confiados en que es Jesús quien se ocupa de ella, nos acompaña todos los días e inspira nuestro discernimiento.

¿Considera el P. Sosa que en la vida consagrada estamos decididos a ganar en agilidad para responder mejor a los retos de la pobreza en el mundo? ¿Estamos liberándonos de inmuebles del pasado para servir a la misión?

En la vida religiosa percibo dos actitudes distintas. Unos son los que se ubican ante los cambios del mundo, la Iglesia y las congregaciones de vida consagrada resignados a aceptar lo inevitable, aunque no siempre deseado. Otros, en cambio, los viven como llamada a contribuir a sembrar el evangelio en tierra nueva y desean adentrarse en la situación cambiante, aunque asuste no conocer bien el terreno. La primera se alimenta de la nostalgia del pasado y se resigna a “hacer lo que se puede” en el presente, con menos personal, instituciones con menor impacto social y sociedades secularizadas. Se plantean, entonces, los reacomodos necesarios para prolongar el testimonio y el servicio.

La segunda acepta el consejo del Concilio Vaticano II de ir a las fuentes carismáticas, al origen de cada congregación, y se dispone a escuchar el llamado que le hace hoy el Espíritu. Se preocupa menos del número de personas con las que cuenta o de la preservación de obras (inmuebles incluidos) que de responder con creatividad a lo que nos indican los signos de los tiempos. Se plantea, entonces, nuevas formas de vida comunitaria, de organización apostólica y de vinculación con la Iglesia y el mundo.

Considero que la vida religiosa está en un proceso de descubrir su identidad propia en la “Iglesia en salida” que propone el papa Francisco.

Formamos parte de un plan de Dios. El Espíritu está suscitando las vocaciones que quiere y como quiere. ¿Entendemos en la vida religiosa esta reducción drástica de nuestros números? ¿Estamos trabajando para recrear una nueva vida consagrada que comparta vida y misión con otras formas de seguimiento?

Con todos los cristianos buscamos hacernos discípulos del Señor Jesús y compartimos la misión evangelizadora. Con muchos otros seres humanos nos comprometemos en la tarea de humanizar este mundo roto por la injusticia social, la explotación personas y pueblos, la pobreza, las guerras, la violencia cotidiana… La fecundidad de la vida religiosa depende más de la calidad de su compromiso cristiano que del número de sus miembros. La reducción del número podemos leerla como una llamada a la radicalidad de nuestra consagración, preocuparnos más del ser que del hacer. Seguimos deseando muchas vocaciones y pidiéndoselas al Señor. Al mismo tiempo nos esforzamos en mejorar nuestra calidad de vida consagrada y colaborar generosamente en la misión de toda la Iglesia en la que cada quien responde a su vocación.

Fuente: CPAL SJ

Reglas para sentirse Iglesia: La Iglesia como Misterio

Concebir a la Iglesia como misterio implica tener una visión creyente de realidad. Creer en un Dios que habita y que actúa en ella, y en una acción y existencia que no siempre podamos encasillar dentro de nuestros esquemas humanos. La actitud a la que, de fondo, nos invita Ignacio es la del respeto ante el misterio. Un misterio querido por Dios y que define la esencia y el por qué de la existencia de la Iglesia mucho más que otros conceptos, como institución jurídica o grupo…

Para aproximarnos a la comprensión de este misterio, hay tres características iluminadoras puestas por Ignacio a lo largo de las reglas:

1. Definir a la Iglesia como Esposa de Cristo.

Con ello se define el tipo de unión que tiene Cristo con su Iglesia: al igual que los esposos, se hacen una sola carne, y por ende, el amor a uno implica, por extensión, amor y aceptación del otro.

2. La Iglesia no es sólo esposa, sino también, Madre.

Tales ideas están relacionadas al concepto de fecundidad: la Iglesia es mi madre ya que es el lugar donde nosotros hemos sido engendrados a la Fe; y gracias a quien el anuncio de Jesucristo ha sido y es recibido. Además, el nombrar a la Iglesia ‘Madre’ le otorga una nota afectiva que marca un tipo de relación y le da también una nueva característica: la de ser fuente de amor.

3. Creemos que el Espíritu de Jesús es el mismo Espíritu de la Iglesia, permitiéndole ser parte de su cuerpo.

Él la anima, la hace vivir, renovarse, le regala su vitalidad. Y así, la diferencia de cualquier otra institución o comunidad. La Iglesia es el lugar predilecto de la efusión del Espíritu Santo para el servicio de la humanidad. De este modo, la Iglesia no se concibe como fin, sino como un medio ligado esencialmente al Reino.

Transcribimos las reglas de Ignacio de donde son tomadas estas características:

EE., nº 353 “Depuesto todo juicio, debemos tener ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la verdadera esposa de Cristo nuestro Señor, que es la Santa Madre Iglesia Jerárquica”.

EE. n°356 “Debemos siempre tener este principio para acertar en todo: lo que yo veo blanco, creer que es negro si la Iglesia jerárquica así lo determina; creyendo que, entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo Espíritu y Señor nuestro que dio los diez mandamientos, es regida y gobernada por nuestra santa Madre Iglesia”